-Tengo que daros una noticia: «Me caso».
-¿Qué? ¿Cómo que te casas? No sabíamos que tenías novio.
-Me caso con Rosa. ¿Qué hago? ¿Se lo cuento a mamá o no?
La conversación entre Trini Fueyo y sus hermanos transcurrió en una sidrería de Langreo y, poco después, Trini (52 años) y su pareja, Rosa Faulín (45), se casaban en los Juzgados de Gijón. En sandalias, «muy ibicencas», rodeadas de un puñado de amigos muy queridos y de sus dos madrinas. Un enlace íntimo en el que no hubo regalos por deseo de las novias, que se disfrutó como se debía con un convite informal y luna de miel en Benidorm -«no teníamos ni un duro»- y que se celebró, por casualidad, el Día del Orgullo Gay de 2007, dos años después de que la ley impulsada por el Gobierno de Rodríguez Zapatero reconociese el derecho de las parejas del mismo sexo al matrimonio. La misma que acaba de cumplir siete años y sobre la que pesa, como una losa, «el recurso de la vergüenza».
Así denominan ellas al recurso de inconstitucionalidad que interpuso el PP contra la ley socialista. Una normativa de la que han hecho uso, según los datos de la Sociedad Asturiana de Estudios Económicos e Industriales (Sadei) y a falta de que se conozcan las cifras correspondientes a 2011, más de 350 parejas asturianas en menos de seis años. La mayor parte, 230, de hombres. Algunas menos, 122, de mujeres.
El manejo de los tiempos en el Tribunal Constitucional apunta a que no será la actual corte, sino la que renovará el Congreso el próximo día 18 de este mes, la que resolverá, después de casi siete años de espera, ese recurso de inconstitucionalidad por entender los populares que no se debe llamar matrimonio a las uniones de hecho entre personas del mismo sexo.
Lo que ni Rosa ni Trini entienden es «qué tienen que deliberar durante tanto tiempo», por lo que urgen al alto tribunal a «que se pronuncie cuanto antes». Y esa es también la reclamación de todo el colectivo LGTB, que el pasado 30 de junio salió a la calle en Madrid en una marcha convocada por la Federación Estatal de Lesbianas, Gays, Transexuales y Bisexuales entre banderas arcoiris para advertir al Ejecutivo de Mariano Rajoy de que no van a permitir «ni un paso atrás» en los derechos adquiridos y pedir al Constitucional que dicte ya una sentencia que les permita seguir con sus vidas en paz.
«No puede retrasarse por más tiempo. ¡La exigimos ya!», rezaba un manifiesto elaborado por el colectivo en el que se denunciaba, además, que «estamos asistiendo a un grave ataque contra los derechos sociales de la ciudadanía».
Mientras tanto, Rosa y Trini hacían lo propio, levantar la voz, durante el tercer Orgullo que celebró Langreo tras una recepción en el Ayuntamiento, un acto del que son organizadoras como parte activa de Xente Gai Astur (Xega) y de su delegación territorial: Asina.
«Ni daremos un paso atrás ni nos vamos a callar. De una forma u otra nos van a oír. Quieran o no», avisa Rosa, que explica que, entre algunas parejas se ha instalado «el miedo a perder los derechos adquiridos, pero también los deberes».
Y, de hecho, tienen dos amigas que «se iban a casar el próximo 5 de agosto, pero adelantaron la fecha y, al final, se casaron antes de las elecciones» que otorgaron un triunfo histórico al Partido Popular.
«Nací lesbiana y aquí estoy»
«Tampoco entiendo a la gente que pertenece a un partido que va en contra de sus derechos. Me parece lo peor», espeta Rosa a los militantes gays del PP. «Uno no elige cómo nace. Yo nací lesbiana y aquí estoy. Siempre fui muy visible. Nunca me escondí de nadie», cuenta esta policía local que trabaja en la Unidad de Violencia de Género y Menores para la que el camino hacia la igualdad no ha sido nada fácil. Y que alguna vez ha tenido que soportar que la llamaran «bollera» a gritos, desde una obra. Aunque también se ha encontrado a personas que la apoyaron «en todos los sentidos». Compañeros que «trabajan por la tolerancia, el respeto y la libertad».
Por lo demás, ella y Trini se declaran «más enamoradas» que el día de la boda, aunque sigan «discutiendo como todas las parejas, pero con la verdad y la confianza siempre por delante». Y sí: al final, Trini se lo contó a su madre, octogenaria. «Y ahora pasa muchas temporadas con nosotras, encantada».