Fernando Alba (Salas, 1944), el escultor que revolucionó la ciudad de Gijón cuando instaló sus 'Sombras de luz' en el Muro, donde hoy se adhieren a la ciudad como un símbolo, asentadas en el asfalto, cómodas y sin sobresaltos, ya tiene catálogo razonado. Y con el catálogo, «un estudio profundo de toda su producción creadora». Lo firma el arquitecto Jovino Martínez Sierra, uno de los accésit del último palmares de los Premios Asturias de Arquitectura, que ha invertido los últimos dos años en esa tarea. Ayer le daba lectura, en forma de tesis doctoral en el Campus del Milán, de Oviedo. No muy lejos del lugar en el que sigue siendo ausencia la escultura que Alba creó para el barrio de Ventanielles, de donde acabó desmontándose.
Desde hace años permanece sin fecha límite en un depósito municipal y desde ahora está también en los textos de Martínez Sierra, que considera trascendental el hecho del desmantelamiento de esa escultura, «como generador de un debate que aportó más al arte contemporáneo que muchas esculturas que permanecen erigidas».
Sin embargo, si este arquitecto apasionado por los lenguajes creativos del presente tiene que elegir entre la multitud de piezas de Alba abandona Oviedo y viaja a Gijón. Las dos obras más trascendentes, según él, son 'Contenedores del tiempo', que se exhibe en el Museo Evaristo Valle, y la mentada 'Sombras de Luz', que dio sus primeros pasos en la ciudad como 'Les Chapones' de Alba. Y lo son, dice Martínez Sierra, porque «invitan a reflexionar sobre nuestra condición, sobre el drama del hombre, su misterio y el de su naturaleza humana». Y es que el escultor se pregunta constantemente «de dónde venimos y a dónde vamos y quiere que cada espectador se haga individualmente la misma pregunta, para buscar en su interior su propia respuesta».
Dicho de otro modo, que la materia escultórica de Alba es un «vehículo para dar forma a sus ideas, ya que en su trayectoria pesan casi más sus líneas conceptuales, su pensamiento, que las formas a las que llega con sus reflexiones».
Conectado profundamente con el artista, «que nunca tuvo ningún gesto de complacencia» -y de ahí muchas veces las polémicas que suscitan sus obras-, Martínez Sierra asegura que todo lo que trasmite en su tesis cuenta con el beneplácito del escultor. «Han sido meses de investigar con él, de conexión total con su manera de pensar, tanto dentro como fuera del taller», explica. Meses que han concluido con cientos de folios en los que está todo Alba, «el Alba escultórico, el arquitectónico y el urbano». A este último ya le había dedicado una primera investigación. «Ahora se ha completado con una visión globalizadora». Y también pormenorizada, porque en la tesis están desde la clasificación de todas y cada una de sus obras, hasta el estudio de sus materiales. Alba utiliza acero, madera, hormigón y en alguna ocasión se ha dejado llevar por el vidrio, incluso, por el metacrilato. Aunque sus dos grandes elementos, además de la luz y el agua, son los primeros. «Con la madera, simplificada en el árbol y en la rama y hasta en la hoja, trata de contar su mundo romántico, en el que sueña con la vuelta al medio rural en el que nació. Y con el acero ejemplifica la abstracción de esa naturaleza».
Ahora solo falta que toda esa información reunida en los textos de Jovino Martínez Sierra despierte el interés de un editor y se pueda convertir en la primera gran monográfica de Fernando Alba.