Después de 38 años en el cuerpo, de nueve destinos diferentes, de miles de anécdotas, compañeros, amistades y duro trabajo -ascensos incluidos- Juan Bautista Martínez-Raposo dejará el Gijón que supo conquistar su corazón. «Llevo seis años y medio aquí y me encuentro muy a gusto, como si fuera mi casa», asegura este concienzudo pero también afable coronel de la Guardia Civil. Fue ascendido el mes pasado desde su cargo de teniente coronel, y a modo provisional dirige la Benemérita tanto en Asturias -donde le gustaría quedarse, aunque aún no hay decisión oficial- como en Gijón -donde permanecerá hasta que se nombre un sustituto-. Aficionado al Descenso del Sella y a los partidos en El Molinón, confía en permanecer en esta tierra «para ver de nuevo al Sporting en Primera».
-Respecto a la seguridad, ¿cuál es el mayor problema que tiene Gijón?
-Gijón es de las ciudades más seguras de España, como así lo demuestran las encuestas sobre percepción de la seguridad. No obstante, el mayor problema que tenemos es la delincuencia itinerante, en especial la referida a robos en viviendas unifamiliares. Hoy por hoy, no tenemos detectadas bandas itinerantes en la ciudad, pero sí que se están cometiendo algunos robos en chalés, principalmente a manos de delincuentes de la zona, autóctonos.
-¿Ha variado su forma de actuar?
-Por ejemplo, ahora los delincuentes han cambiado su 'modus operandi', de asaltos por la tarde a altas horas de la madrugada, y también con moradores dentro de su casa. El problema que se crea con esto es no solo el robo, sino la sensación de que tu intimidad se ve violentada. Hay otros cambios. Antes se empleaban palanquetas, ahora se usan taladros; también forzaban la cerradura y ahora se rompen más ventanas...
-¿Ha influido la crisis económica en estos cambios?
-Ha habido un cambio de comportamiento en los ciudadanos y también en el de los delincuentes. Antes para fracturar un cristal se usaban los 'cortacristales' de diamante, hoy ya es tan sencillo como hacerlo con la tapa de una alcantarilla. La delincuencia también experimenta sus cambios y trata de adaptarse. Por ejemplo, hay robos que hace ya tiempo que estaban olvidados, como son los hurtos de licores o cajas registradoras en los bares y comercios. También los de productos perecederos en carnicerías... Aunque son temas aislados. Los límites de delincuencia siguen en los parámetros normales que manejamos en Asturias.
-¿Qué operaciones recuerda después de estos seis años al frente de la Comandancia de Gijón?
-Hay muchas y de muy variado tipo. Aquellas que requieren gran despliegue operativo, como el Descenso del Sella o los Premios Príncipe... También en delitos contra las personas recuerdo unas cuantas. Por ejemplo un homicidio, en marzo de 2008, conocido como el de 'la peluquera de Langreo'. Se dio una respuesta inmediata, y en 24 horas estaba detenido el entonces presunto autor y hoy ya culpable y condenado.
-¿Y en otro tipo de delitos?
-A finales del año pasado se detuvo a una banda organizada que llevó a cabo una serie de robos en viviendas unifamiliares muy sonados en Gijón, Avilés, Oviedo, Llanera y Villaviciosa. Se arrestó a toda la banda y se esclarecieron un total de 71 hechos delictivos, todavía pendientes de juicio. En cuanto al tema de los estupefacientes, la 'operación Orca', que comenzó en marzo de 2010 y finalizó en febrero de 2011. Se logró desarticular una importante red dedicada al tráfico de droga en Asturias y se incautaron 1,8 kilos de cocaína y 1,7 de speed.
-Se ha hablado bastante de la unificación de los cuarteles. ¿Cómo ve esta medida?
-Desde que entré en el cuerpo siempre existió el dilema entre seguridad objetiva -la que trabaja el profesional- y subjetiva -la que siente el ciudadano-. Con el despliegue actual de los cuarteles la sensación de seguridad subjetiva es grande, aunque el potencial de servicio es menor. Siempre que ha habido rumores sobre el cierre de un cuartel ha existido auténtica contestación social: 'Cómo se va a cerrar ese cuartel'. El despliegue que tenemos es el adecuado y la gente está muy a gusto. En un principio, lo primero es la sensación subjetiva de seguridad, la que percibe el ciudadano.
-¿Y cómo ve Gijón?
-En seguridad subjetiva, es la tercera o la cuarta ciudad de España más segura, y Asturias también a nivel regional. La estadística, por su parte, es un poco cruel porque los números son demasiado fríos. No obstante, comparando los datos de 2011 con el año anterior, Gijón presenta unas cifras para sentirse orgulloso y que te requieren un nivel de exigencia cada vez mayor. Se han producido un 7,33% menos delitos y su esclarecimiento ha aumentado en un 5,58%. Se resuelven el 59,44%, un nivel de eficacia muy importante.
-¿Qué balance hace de estos seis años y medio al frente de la Comandancia?
-Totalmente positivo. Aquí me encontré con unos grandes profesionales que conocen mucho la sociedad asturiana, perfectamente integrados y muy preocupados por mantener los principios de la Guardia Civil. Me he encontrado muy a gusto, como si fuera en mi casa, Asturias es una tierra encantadora.
-¿Cómo encarará sus nuevos retos profesionales, le lleven a donde le lleven?
-En primer lugar, con una gran ilusión. El ascender a coronel representa mayor responsabilidad, y lo afronto con mucha ilusión. También con inquietud, para ver cuál es el destino que voy a tener. Y una vez allí, hacer las cosas bien.
-¿Alguna recomendación para su sustituto?
-Se va a encontrar con una excelente unidad. Asturias nos acoge con los brazos abiertos pero también es exigente: va a tener que mantener estas altas cotas de seguridad.