En medio del calor, Danny Daniel le puso color a la Semanona. Le puso ganas, entusiasmo, agradecimientos y espíritu positivo. Quizá porque tenía muy presente la crisis quiso el compositor y cantante gijonés afincado en Miami conjurarse contra ella a base de apostar por el trabajo, la constancia y, por supuesto, en los días que tocan, la fiesta. Lo hizo después de que sonara la tonada y de que los ocho grupos folclóricos de Gijón uniesen sus fuerzas para salir al escenario situado frente al balcón municipal y bailar y cantar las jotas de Pajares, Cangas y Cadavedo, 'Ramu de centro' y 'Danza de Santa Ana'. Claro que a quien se esperaba era a Danny Daniel, que salió al balcón arropado por la alcaldesa, Carmen Moriyón, el concejal de Cultura, Carlos Rubiera, y Celso Ordieres, Jorge Espina y Maite Menéndez en representación de los grupos municipales. En una plaza bien surtida de público y aplausos, lo primero que hizo fue mostrar su asombro: «No me imaginaba que habría aquí tanta gente», dijo antes de iniciar un discurso muy biográfico que concluyó como mandan los cánones: «Queridos todos, que vuestra voz se escuche desde el Piles hasta Jove, desde Roces a Somió, desde Porceyo hasta El Coto ¡Vivan las fiestas de Nuestra señora de Begoña! ¡Viva el barrio de La Arena! ¡Viva el barrio de Cimadevilla! ¡Viva el barrio de La Calzada, Viva el Sporting! ¡Viva Gijón! y ¡Viva Asturias!». Los aplausos se multiplicaron después de que Danny Daniel pronunciara un expresivo «os amo a todos». Luego llegó la emoción desmedida y hasta las lágrimas. Y acto seguido, y a petición de la alcaldesa, un anticipo del concierto de hoy. A capella y con los coros del público, se arrancó con 'El vals delas mariposas'. Luego resonaron, como es norma, y también con coro universal, 'Asturias patria querida' y 'Gijón del alma'.
Claro que antes de llegar hasta ahí Danny Daniel, a quien presentó Carlos Rubiera como «un playu universal», se confesó feliz por el honor de ser pregonero y rememoró su viaje vital de Gijón al mundo, del amor a la música a convertirse en cantante y compositor profesional. Habló de esa travesía que inició un día con una clara consigna: «Nunca te olvidaré Gijón, pero te juro que jamás regresaré con las manos vacías», dijo en su camino en tren hacia Madrid. Después, el pregonero desgranó las claves de su éxito: «El tiempo me enseñó que para llegar a la cima nunca hay que mirar hacia abajo y que solamente la alcanzan los que después de caerse cien veces se levantan y siguen ascendiendo». El destino pinta poco si frente a él se pone la constancia. «Hay que ser gladiador para seguir en el camino y aunque los gladiadores también pierden... pierden luchando». Toda una declaración de principios la de Danny Daniel en los tiempos que corren. Lo hizo rememorando su pasado. Recordando que para muchos sus deseos de irse a Madrid a grabar un disco no eran más que «una romántica locura». Erraron los agoreros y aprendió una lección que le ha acompañado siempre: «Nunca hay que bajar los guantes». Nunca hay que tirar la toalla. «Siempre he sentido que los agororeros son los que con más fuerza han soplado y siguen soplando las velas de mi barco», afirmó.
Emocionado y feliz, Danny Daniel viajó al Gijon del ayer y del doy, el de su infancia en blanco y negro y una madurez a todo color. «El Gijón en el que yo nací, en el que me crié y en el que crecí no tiene nada ver que con el de los últimos veinte años», afirmó el músico. Y su elección es clara y meridiana: «Hoy Gijón, mi Gijón, ye más guapu que nunca».
Quizá por eso desde la distancia al otro lado del charco se añoran las parrochas y muchísimas más cosas y se agradece, como él hizo ayer, estar en el balcón «para decirles a todos los gijoneses que las fiestas de Begoña empiezan en este mismísimo momento». Afirmó ayer Danny Daniel, que no le cabía honor mayor que el concedido convirtiéndole en pregonero. «Me habéis dado lo que siempre había deseado. Necesitaba este reconocimiento para poder respirar profundamente y tener paz en mi alma».