La imagen se repite día sí día también, por la mañana y por la tarde. Varios grupos de jóvenes, la mayoría adolescentes, aunque también los hay de más de 50 años, forman en la playa. Estiran, siguen atentamente las instrucciones del monitor, ensayan unos movimientos en seco y se lanzan al agua con sus trajes de neopreno y sus tablas monocolor.
Las naranjas miden siete pies, las amarillas ocho y las azules, nueve. «Depende de la estatura, el peso y la habilidad del alumno», explica Carlos Meana, surfero de solera, de la denominada segunda generación de surfistas de Salinas, y propietario e instructor de Never Stop, una de las tres escuelas de surf que operan en la playa más concurrida de Castrillón y la más antigua, desde 1990. Las otras dos son Las Dunas y Espartal Surf.
Es un negocio ajeno a la crisis. «Cada año hay más gente. El surf es un deporte muy atractivo que te permite disfrutar y superarte en un medio muy poderoso, el mar. El que lo prueba se engancha, y parece que la gente se ha dado cuenta de que la mejor manera de aprender es tomando un cursillo, no tirándose al agua directamente, como se hacía antes. Hay unos principios básicos, y lo mejor es que te los inculque alguien con experiencia», afirma Meana.
Con independencia de su color, las tablas de aprendizaje son más blandas que las demás, flotan más y también son más estables. Con todo, no son muchos los que ya el primer día consiguen ponerse de pie y mantener la verticalidad unos segundos, pero tampoco hay que desesperarse. «Los cursillos duran cinco días, de lunes a viernes, a razón de dos horas diarias, y al final todo el mundo se pone de pie. Lo mejor es que esto es como la bicicleta. Una vez aprendes no se olvida en la vida, aunque lo mejor es practicar, practicar y practicar», añade Meana.
Equilibrio, habilidad, y coordinación son tres factores a tener en cuenta a la hora de hacer surf. Pero no sólo importa el físico. También hay que saber leer el mar. «Los cursillistas tienen que aprender a identificar corrientes y rompientes, a ver cuáles son las olas buenas y cuáles no lo son tanto, a evitar situaciones de riesgo y, en el caso de verse envuelto en una, a salir de ellas».
Con un mínimo de sentido común, el surf es un deporte seguro. «En los veinte años que llevo en la escuela no hemos tenido ni un accidente digno de tal nombre», asegura Meana, que además de surfista y empresario, fue campeón de España de kárate y mundialista con la selección nacional. En la actualidad participa con asiduidad en carreras pedestres de ultrafondo.
El precio medio de un cursillo de diez horas es de 120 euros, e incluye todo el material necesario y el seguro. «Salinas es una referencia del surf. Lo bueno de esta playa es que prácticamente siempre hay olas, si no es en un lado los es en el otro», finaliza Carlos Meana antes de entrar al agua con un nuevo grupo de surfistas en ciernes.