Los pañuelos de color rojo volvieron a anudarse a los cuellos de quiénes subieron al Sueve. Concretamente a la Majada de Espineres. Y todo en honor del equino mas asturiano: el asturcón. Ayer se celebró su fiesta, que congrega a centenares de personas tanto de la región como de fuera.
Son muchos los que no quisieron perderse la fiesta desde primera hora. Como Hugo Batalla procedente de Ribadesella y que acudía por primera vez. O Susana Ferrera de Sebares y que ya es toda una veterana en este festejo.
El primer desafío de la fiesta no fue ninguna de las muchas competiciones programadas. Ni siquiera montar al caballo protagonista. El gran enemigo fue el calor que mostró a lo largo del día su imponente fuerza. A pesar de ello, algunos valientes se atrevieron a llegar a la majada caminando. Un ejemplo fueron Pilar, Rafael y Sergio, una familia que a pesar de que el último sólo tiene dos años, luchó contra el sol y subió y bajó la montaña a pie.
Y a pesar de que el día festivo fue ayer, el jolgorio comenzaba la noche antes, ya que fueron muchos los que llegaron el viernes con sus tiendas de campaña para pasar la noche e hicieron de ella el prólogo de la celebración. Uno de ellos fue Josué de Siero que llegó con su grupo de amigos cuando todavía lucía el sol de la víspera.
Pero las actividades no comenzaron hasta las 11 horas de ayer con varias competiciones de juegos típicos de la tierra. Varias carreras de carretillas, de lecheras, el lanzamiento de fardo, que llegó hasta los cuatro metros con 65 de altura, o el tiro de cuerda que enfrentó a 18 pequeños. Nueve de cada lado.
Y tras ellos, el turno fue para los protagonistas de la fiesta. El tradicional concurso de arrastre reunió a cinco asturcones para ver cuál de ellos lograba dar más vueltas en el mismo circuito cargando un peso concreto. Al igual que el pasado año el ganador fue Fabila 2 que logró superar la prueba, con 10 recorridos por el circuito, cargando con 270 kilos. «Estoy muy satisfecho. En este lugar le suele costar más competir, pero hoy se portó como un campeón» decía Liborio Blanco el dueño del asturcón. Lejos se quedó Tornado, de Eloy Campo, que quedó segundo tras dar ocho vueltas con algo más de peso (304 kilos). Y tras el clásico arrastre, Enrique Valdés, miembro del Colegio de Abogados de Oviedo, dio un pregón lleno de miradas al futuro de los campesinos y de críticas por la crisis.
El pregón estuvo precedido por la entrega de premios. El Asturcón del año recayó sobre el restaurador Nacho Manzano «por mostrar la viva imagen del Sueve a través de su profesión». Mientras que el Pastor del Año fue a parara a las manos de Emilio González Toraño, un ganadero de 71 años, que mantiene su profesión en el monte.
También la tonada asturiana tuvo su pequeño hueco en la jornada. Pero el verdadero plato fuerte de la fiesta fue la doma de potros. Aunque antes, tuvo lugar el marcaje de cinco equinos.
Tan solo dos personas intentaron domar al caballo y, a pesar de contar con cinco minutos cada uno, ninguno llegó a subirse sobre él. Los antecedentes del caballo auguraban que sería difícil. Se trataba del nieto de Moro un asturcón que llegó a convertirse un mito de esta fiesta hasta que se consiguió domar. Cosa que no se logró con su indómito descendiente.
La fiesta terminó con una parte mala, cuando un joven de 12 años procedente de Getafe tropezó y se cayó por una pendiente siendo atendido inmediatamente por los servicios sanitarios que pronto le trasladaron al hospital.
A pesar de ello, la fiesta del caballo más asturiano cumplió con las expectativas de los novatos y dejo satisfechos a los más veteranos. El año que viene más y , como se suele decir en estos casos, mejor.