Finalizó el curso y el edificio tecnológico del campus de Gijón no ha entrado en funcionamiento. Al menos, no como debiera. Finalizado en octubre de 2011 y no entregado por el Ayuntamiento hasta febrero de 2012, vino, sin embargo, sin la aportación económica acordada dos años antes, cuando la Universidad cedió a Gijón la antigua Escuela de Empresariales a cambio de la construcción, con fondos del Plan E de Zapatero, del edificio tecnológico que hoy ya luce en el campus gijonés, aunque esté sin actividad.
La concepción de ese edificio nació del proyecto que la Universidad de Oviedo presentó a la primera convocatoria del Campus de Excelencia Internacional en noviembre de 2009 y en él recogía una de las más constantes demandas del campus de Gijón: un edificio de servicios comunes que incluyera aspectos administrativos, comedor, salón de actos, sala de grados, servicios científico-técnicos y lugares de encuentro para los estudiantes. Todo lo que puede ser común, salvo la biblioteca. Y lo representó en una infografía que recogía un edificio visualmente espectacular con la cubierta verde y paseable.
Suponía una inversión muy importante y el CEI no lo financió. Fue entonces cuando entró en juego el Ayuntamiento, que sacó a concurso el proyecto con sus propias prioridades tecnológicas y empresariales, lo que propició una ruptura evidente con la propuesta universitaria, tanto en contenido como en continente. Fuentes de la institución académica han señalado que aquel canje inmobiliario de enero de 2010 se entendió como una salida para conseguir el edificio multiusos que la excelencia les había negado.
«Sabíamos que, con los tres millones aportados por el Ayuntamiento, se apostaría por hacer una parte mínima de aquel edificio inicial y que tendría que corresponderse con la parte científico-técnica, porque el dinero procedía del Plan E, que financiaba proyectos innovadores. Pero creímos que sería una especie de modelo modular, al que ir añadiendo, en el futuro, nuestras otras necesidades», señalan en la Universidad de Oviedo, resignadamente.
Pero no fue así y el resultado no ha entusiasmado a nadie. Hasta el punto de que no parece haber mucha prisa en ocuparlo y ponerlo en funcionamiento, si bien es cierto que, para manejar la maquinaria pesada y tecnológica que encierra el edificio, se precisa un incremento de su potencia eléctrica que, sin los 250.000 euros que ha de aportar el Ayuntamiento, no se puede contratar. De ahí que haya terminado el curso sin sacarle rendimiento a la inversión administrativa.
«El proyecto que ha salido es difícilmente modulable y el día que podamos hacer otro tendrá que ser diferente, al lado o en otro sitio», dicen en la Universidad, desde donde en algunos ámbitos se cuestiona que el actual edificio tecnológico «responda a lo que se necesitaba».
Pero, al final, la Universidad de Oviedo ha aumentado su patrimonio. Aunque los alumnos sigan sin comedor.