El pianista italiano Alessio Bax (Bari, 1977) ha publicado ya varios discos. En octubre salió el útlimo de ellos, en el que interpreta a Brahms. Hoy estará en el Teatro Jovellanos de Gijón, como artista invitado en el Festival Internacional de Piano.
-¿De dónde viene su pasión por el piano?
-Cuando tenía siete años mis padres me regalaron un teclado por Navidad. Les gustaba mucho la música. Desde entonces, me dediqué a este instrumento, lo que me ha traído hasta aquí.
-¿Por qué sacrificios ha tenido que pasar?
-No utilizaría la palabra sacrificios. A mí siempre me ha gustado mucho tocar. Al principio quería ser jugador de fútbol, como todos los italianos. Pero como eran mejores que yo, decidí continuar tocando el piano.
-¿Qué le distingue de otros pianistas?
-(Risas) Le preguntas a la persona equivocada. La música es algo muy personal. Cada uno tiene su propia visión de la misma partitura.
-¿Es indispensable conocer el contexto cultural de una obra?
-Definitivamente. Los compositores son seres humanos, después de todo. Y el entorno de cada uno es muy interesante. En sus épocas, no había televisión, ni internet. Entonces sus ideas se desarollaron de otra manera.
-¿Tiene compositores preferidos?
-Es difícil tener un preferido. Me gustan mucho Brahms, Mozart, Beethoven... Pero la verdad es que lo que más importa es el momento en que lo tocas. Los gustos siempre van cambiando. Además, toco música clásica, pero tengo mucho interés en otros estilos como por ejemplo el jazz.
-Este mes, ha participado en muchos festivales. ¿Ha sido un mes más cargado de lo habitual?
-Lo bueno y lo malo es que hoy el mundo es muy pequeño. Por la tarde todavía estaba tocando en Nueva York. Y ahora estoy aquí, en Gijón. La atmósfera es muy distinta. Voy a conocer a muchos estudiantes, dándoles clases, algunos tocarán para mí... Es muy emocionante.
-¿Le asusta tocar para músicos?
-Tocar para músicos puede ser lo más bonito o lo más horrible. Saben exactamente dónde están los errores. Pero si sale todo bien, puede ser el mejor público.
-Suele tocar mucho con su mujer, la pianista Lucille Chung...
-Antes de casarnos ya tocábamos juntos. De hecho, hubiera sido una desgracia no tocar los dos, es una pianista muy buena. Nos sale siempre de forma natural e interpretamos obras que nos gustan a los dos.
-¿No prefiere tocar como solista?
-Es muy importante hacer de todo. En teoría, el resultado tendría que ser igual. Toques como solista o no. Lo que importa es empezar con una mente muy abierta y flexible. En los ensayos pueden surgir pequeñas peleas y es importante tener las ideas claras. Tocar con otros es muy enriquecedor porque te lleva a hacerte preguntas sobre tí mismo.
-¿Cuándo considera que toca a la perfección una pieza?
-Nunca estoy satisfecho. Es la desgracia del arte. Si lo fuera, ¿que haría al día siguiente? Es lo más difícil de mi trabajo pero al mismo tiempo, lo más emocionante. A veces vuelvo a estudiar obras que hace muchísimo tiempo que no toco. Y siempre las veo de manera muy distinta.
-¿En cada concierto, tiene que acostumbrarse a un nuevo piano. ¿Llega a entablar alguna relación con cada uno de ellos?
-(Risas) Pues depende del piano. También hay que acostumbrarse a las salas. Por eso es una ventaja viajar. Puede ser difícil, pero siempre me digo que nunca soy el primero que toca ese piano.
-¿Cómo elige el repertorio? ¿Con lo que le gusta o con lo que le gusta al público?
-Me encanta eligir los repertorios. Eligo las que me gusta tocar, claro. Un repertorio es como un menú. Tiene que ser variado.
-Muchos dicen que toca de manera poética y lírica. ¿Es cierto?
-¿Eso dicen? ¡Que bonito! Claro que la música está llena de poesia y emociones. El piano no deja de ser un instrumento de percusión. Es importante que no suene a eso.