Dice que viene con las pilas puestas, después de dos años tranquilo en el arcén, sin giras ni carreteras. Y que no se sorprende de que se vaya agotando el taquillaje en los teatros para los conciertos que iniciará el próximo 21 de septiembre en el Auditorio Príncipe Felipe de Oviedo (al día siguiente, nueva función). «Es que soy guapo», bromea y aligera la entrevista. Pero también se pone serio para explicar por qué las entradas se cotizan a precios elevados, teniendo en cuenta los costes de alquiler de los recintos y poniendo de su parte el cincuenta por ciento del incremento del IVA. Es Fito Cabrales, la figura y voz de Los Fitipaldis.
-¿Qué tal se lleva el rock con los teatros?
-Habrá que verlo. Se me ocurrió durante la gira anterior, por aquello de la condición humana de querer hacer siempre otra cosa. Y éste parecía un buen momento. No tenemos disco nuevo, por lo que podemos recrear nuevas versiones de las canciones de los discos anteriores. Y recuperar algunas que no solíamos tocar.
-¿Influye también la crisis?
-La crisis influye en todo. Pero la idea la tuvimos al margen de la crisis. Ahora hay gente que nos dice, joder, que las entradas son muy caras. Y tienen razón. Pero es que hay que explicar que alquilar un teatro es más costoso que un pabellón de deportes y que en el teatro no caben quince mil personas. Para acabar de arreglarlo, han subido el IVA, del que nosotros nos hacemos cargo en un cincuenta por ciento.
-¿Cómo se fue desarrollando la idea de la gira teatral?
-En casa de Carlos (Raya) y la mía, jugando con dos guitarras, pensando si aquí iría bien una mandolina, un banjo o un violín. Buscando otro camino a las canciones hasta que creímos que disponíamos de un repertorio atractivo.
-¿No teme que quienes les siguen prefieran la versión original?
-Incluso puede ser probable... Hemos hecho un amago en Facebook, al que yo no me asomo mucho, y bueno, no ha ido mal del todo... Pero es que si el mismo Mozart resucitara para cambiar una composición, habría alguno que se lo reprochara (ríe). Y, por otro lado, habrá también quien nos haya seguido y esté cansado de escucharnos siempre igual. Ya que en los teatros no se puede fumar ni tomar un gin-tonic, al menos intentar una buena idea.
-¿Hay algún motivo particular para que la gira arranque en Oviedo?
-Es la segunda vez que lo hacemos así. Logísticamente, Oviedo está casi al lado de Bilbao. Y además nos permiten estar dos días antes del concierto para el montaje del equipo. Eso lo tenemos muy en cuenta.
-Su primer éxito vino con 'Por la boca vive el pez'. ¿Continúa pensando de ese modo, o acepta que es más probable que 'por la boca se muera el pez'?
-¿Estamos hablando de política? (ironiza). Yo me refería a mi oficio de cantar... En realidad, pienso lo que yo creo que piensa casi todo el mundo, que no nos sentimos representados por los políticos, sean del signo que sean. Cuando parece que te han dicho una verdad, en seguida descubres la mentira. Quiero suponer que lo mejor está por llegar. Y que nos coja vivos... Lo que veo raro es que no pase nada, como si estuviésemos acojonados.
-Este verano participó en un festival, en Álava, acudiendo al encuentro en el que dialogó con jóvenes músicos, de 15 a 17 años ¿Qué tal fue la experiencia?
-Fue estupenda y quedé gratamente sorprendido. Me habían llamado ya el año anterior, cuando yo tenía la cabeza en otro lado. He dado alguna conferencia en institutos, pero no es lo mismo, preguntan más por las chicas que por la música. Aquí hablamos de lo que hablan los músicos y de cómo introducirse en este terreno. Cualquier diseñador gráfico, por ejemplo, sabe a dónde tiene que acudir para serlo. Los músicos, no. Y hace falta.
-¿Qué ha hecho en estos dos años sin giras?
-Desconectar. Esa es una parte del proceso para embarcarse en cosas nuevas. También soy padre y muchas otras cosas. Al acabar las giras, durante un tiempo, continúas siendo el Fito de Los Fitipaldis. Y eso no mola nada. Puedes acabar convertido en una caricatura. Al revés, ocurre algo parecido. Tienes que recuperar el ego para subirte al escenario después de dos años y no sentir vértigo ante tres mil personas.
-En 'Antes de que cuente diez', una de las estrofas decía: 'Puedo escribir y no disimular, es la ventaja de irse haciendo viejo'...
¿Mantiene ese ánimo?
-Intento seguir escribiendo, pero no estoy en el momento óptimo. Mi psicólogo me explica que es por un exceso de autoexigencia (se ríe con ganas). Yo creo que a veces estás en la onda y a veces no lo estás. Es lo que pasa con los futbolistas que hacen goles. Cuando te olvidas hasta de comer por hacer canciones, ahí estás a punto. De momento, voy escribiendo apuntes.