El Rally Príncipe de Asturias disputado este fin de semana en el que se cebó la tragedia -con el fallecimiento de un aficionado al ser arrollado por un vehículo- ha reabierto el debate sobre la seguridad en las pruebas de motor.
El elevado número de espectadores, la falta de cultura automovilística, además de que los aficionados en ocasiones no siguen los consejos del personal encargado de la seguridad ni hacen caso de los indicativos que alertan de las zonas peligrosas son algunos de los factores que ponen en riesgo, tanto la integridad del espectador como la del piloto. A estos factores se suman, como no, la velocidad, cada vez mayor, que alcanzan los vehículos.
Durante este año se han incrementado los accidentes en todo el mundo vinculados a competiciones como los rallys. Accidentes que tienen su origen en fallos de pilotaje, causas mecánicas y la colocación de público para seguir las carreras. También el azar o un cúmulo de infortunios pueden hacer que una prueba acabe en tragedia. Así las cosas, el sector busca soluciones para, al menos, poder reducir al mínimo los factores controlables en la sucesión de acontecimientos que llevan al accidente.
Una de las vías abiertas es endurecer la restricción en los accesos a la prueba. Una fórmula que ya puso en práctica la Escudería SIF Motor con la otra prueba de carácter europeo en Asturias_ la Subida Internacional a El Fito. La gran cantidad de espectadores que año tras año llenaban las laderas del Sueve estuvo a punto de hacerle perder la calificación como competición continental.
Ante esta situación, la organización de la carrera optó por cortar el acceso a la carretera de la prueba a los vehículos de los aficionados desde la noche de la jornada anterior al día del inicio de la carrera. Asimismo, se prohibió el paso a pie desde una hora antes de la competición. Únicamente esta permitido pasar por unas rutas alternativas habilitadas para la ocasión. Con estas medidas se consiguió tener mejor controlado al público, aunque repercutió en un mayor coste para la organización al tener que disponer de más personal de seguridad y realizar un montaje extra de vallas y cintas.
Esta medida podría trasladarse al resto de los rallys. Actualmente está prohibido el acceso rodado a la zona donde se desarrolla la prueba desde 90 minutos antes de que empiece. Un tiempo que se podría incrementar.
Aquellos aficionados que acuden a los rallys a pie, también se valora la posibilidad de que en lugar de que accedan por el mismo tramo por el que discurre la competición se realice por carreteras secundarias. El problema radica en el coste de estas medidas. En una prueba como la Subida a El Fito, de montaña, sólo hay que aplicar las restricciones a una carretera. En otras competiciones son varias las carreteras por donde discurre la prueba.
Pagar una entrada
Otra de las iniciativas que están siendo valoradas por los organizadores de las distintas pruebas es cobrar por el acceso a los tramos. Una medida que llevaría consigo la reducción del número de espectadores, pero que contribuiría a aumentar los ingresos para la organización y que podrían reinvertirse en aumentar la protección del público. Comisarios cualificados y personal de seguridad nunca sobran en este tipo de pruebas en las que en ocasiones hay personas situadas en zonas de peligro que se niegan a abandonar sus puestos.
La excepción, el País Vasco
En España, las competiciones automovilísticas, a excepción de las pruebas que se realizan en circuitos, son de acceso gratuito. Sólo hay una excepción, el País Vasco. En esta comunidad se cobra. Todo aquel que quiera asistir a un Rally Sprint o a una prueba de montaña debe abonar 10 euros.
Sin embargo, fuera de nuestras fronteras, vender entradas a los aficionados es algo casi habitual, que está completamente asumido por el aficionado al motor y que se viene haciendo desde hace unos cuantos años.
En la mayoría de pruebas del calendario del Campeonato del Mundo de Rallys se venden pases, al igual que en pruebas del Campeonato de Europa. En el de Alemania de este año, la última prueba de asfalto disputada en el Campeonato del Mundo, se vendieron diferentes clases de pases que iban desde los 59 hasta los 89 euros. Con el más barato se podía acceder a todos los tramos cronometrados, al parque de asistencia, al 'shakedown' y al tramo-espectáculo, además de incluir un mapa y una pegatina de la prueba. El más caro, además de incluir todo lo anterior, garantizaba un asiento en el tramo-espectáculo y un programa oficial de la competición. En otras pruebas del mundial, los precios son más elevados. En el Rally de Portugal, un pase individual costaba 175 euros, mientras que uno familiar, para cuatro personas, 600. En el Rally de Gales, disputado el pasado fin de semana, la 'entrada' costaba 160 euros.
En el Rally Barum de la República Checa, prueba que precedió en el calendario del Campeonato de Europa al Rally Príncipe de Asturias y que, además, es puntuable para el IRC, el precio de los pases era bastante menos elevado. Un pase único, que sólo permitía acceder a un tramo o al parque de asistencia, tenía un coste de 80 coronas checas, unos 3,5 euros, mientras que la otra opción era el pase libre, que por 220 coronas (9 euros) permitía la entrada a todos los tramos y al parque de trabajo, incluyendo además una guía con las zonas de aparcamiento y los lugares permitidos para los espectadores en las especiales, estando abierta la opción del acceso directo a esos lugares.
Estas medidas, lógicamente, no garantizan que no vaya a ocurrir nada -en Barum hubo que lamentar un fallecido tras salirse un vehículo de la carretera-, pero sí ayudan a controlar al público.