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«Este un país de amor y odio»

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«Este un país de amor y odio»

Manuel Ondina, pixueto de 50 años, trabaja desde hace dos en Venezuela en proyectos de ingeniería para TSK

13.10.12 - 02:39 -
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Se ha pasado media vida viajando. Un proyecto, un destino, un viaje, un regreso a casa, un descanso y vuelta a empezar. Ha recorrido Marruecos, Perú, España entera... Y hace un par de años, Manuel Ondina, pixueto de 50 años afincado en Avilés, se lió la manta a la cabeza y tomó rumbo a Caracas para quedarse. Allí tiene la ingeniería gijonesa TSK una filial -TSK Ingeniería y Sistemas de Venezuela- que gestiona sus múltiples proyectos eléctricos para CORPOELEC y PDVSA, empresas estatales. Es la cabeza visible de la compañía asturiana, que tiene desplazadas a Venezuela a más de treinta personas.
La verdad es que la aventura venezolana no le ha ido mal en absoluto. Está encantado en un país, que una vez superados los iniciales problemas de léxico, le tiene enamorado. En todos los sentidos, porque incluso se ha emparejado con una venezolana. «Al principio fue duro, porque el léxico te choca, quieres expresar una cosa y dices la contraria; ellos utilizan muchas expresiones criollas que no se entienden y luego nosotros tenemos una forma de hablar que es muy dura para ellos... Pero te adaptas».
Él lo ha hecho sin problemas. Y, por el momento, no tiene intención ninguna de emigrar en sentido contrario. «Mi intención es quedarme aquí, este país me gusta, tiene encantos increíbles y la gente es muy sociable», dice. Eso sí, es consciente de que Venezuela, en la vida diaria -como en la política- «es un país de amor-odio. En un momento lo amas, pero de vez en cuando...». Los momentos de odio surgen en muchas ocasiones a partir del tráfico, una pesadilla capaz de convertir un trayecto de 20 minutos en tres horas. Tampoco es grato el problema de la inseguridad. Pero la clave está en cuidarse: «A veces se da una imagen errónea de Venezuela, el principal problema que tiene de cara al exterior es la inseguridad, pero todo es cuestión de saber por dónde pisas, con quién hablas, tener un perfil bajo y no ir por la vida de 'soy europeo y gano en euros'». La clave está en pasar inadvertido. Y aprovechar que la climatología es perfecta -entre 26 y 31 grados en Caracas- y que hay un sinfín de países alrededor que merece la pena descubrir. «Conozco Colombia, Argentina, Brasil, República Dominicana...».
Pescado
Viaja Manuel un par de veces al año a España, donde tiene un hijo de 24 años, que también cruza el charco para verle. Ya no hay distancias en la era digital, pero hay una imposible de acortar a través del ordenador. «Yo lo que más echo de menos es el pescado del Cántábrico. Un besuguín, unos bocartinos...». Y no es que haya mal pescado, es que es blanco. Y Manuel se lo juega todo al azul: «Cuando voy a Asturias me vuelvo loco».
Lo que es una locura es la política venezolana. Manuel fue testigo el pasado domingo de una nueva victoria de Hugo Chávez. «Venezuela está enamorada de él», dice este asturiano que vivió de cerca el complejo sistema de votación de la Republica Bolivariana. «Una cosa que me sorprendió mucho de las votaciones fue la respuesta masiva de los venezolanos, la educación y el respeto que tienen hacia las urnas», dice. Y añade después cómo su novia, como muchos de sus compatriotas, madrugó para votar y empleó seis horas para poder hacerlo. Los controles son tan estrictos que, pese a los comentarios, Manuel no cree que pueda haber pucherazo. «Aquí hay mucha gente inculta. Hay dos clases sociales y las diferencias son terribles. Él es un gran orador, que le habla todos los días al pueblo, por eso se entiende perfectamente que gane, es el que les da de comer, el que les pone los precios, el que les regala las lavadoras y las neveras cuando llega la época de elecciones».
Es un país de ricos y pobres y es también un país corrupto como pocos al que algún día llegará el cambio. Un país en el que también existe una relación de amor-odio hacia España. «Las mujeres nos quieren, pero algún venezolano nos odia, todavía nos tienen algún rencór guardado».
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Manuel Ondina, en Caracas, donde vive desde hace más de dos años. :: E. C.



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