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«Emigré porque me vi asfixiada en la mi tierra»

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«Emigré porque me vi asfixiada en la mi tierra»

20.10.12 - 00:16 -
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«Emigré porque me vi asfixiada en la mi tierra»
«Ya ves, aquí, en el país de Gales. Tiénenlo todo al revés, como lo de conducir, pero no ye tan diferente de Ciañu». Eli Felgueroso, 32 años, filóloga, langreana, feminista, luchadora, es una de las últimas en hacer la maleta, hace apenas un mes, con destino a Cardiff tras una breve escala en Bristol y acompañada de su pareja, Ricardo, filósofo y profesor.
Pero antes de coger el ferry en Santander, Eli y Ricardo dejaron grabado un vídeo con el que querían agradecer todo el apoyo de su gente en los meses previos a la partida. Eli a la voz y Ricardo a la guitarra entonaron 'Resistiré' en asturiano y lo colgaron en la red como un alegato. «Nos sentimos muy queridos por muchas personas que están con nosotros y pensamos que podrán recortarlo todo, pero no nos van a quitar la alegría. Vamos a aguantar como sea», defiende ya asentada, ya «cómoda en la ciudad» de acogida, con la que el «flechazo» fue inmediato después de tener que dejar los proyectos que habían emprendido en Asturias y declararse «fartucos de aguantar».
Fartucos de que «profesionalmente no hubiese manera de prosperar». Fartucos de «sentirse frustrados». Y fartucos de sentir «vergüenza» ante la situación en su sector, la docencia, en el que «es imposible trabajar aunque convoquen oposiciones, que tampoco». «Agobiados por el panorama que hay en la región y porque a personas capacitadas como nosotras se les esté negando su desarrollo. De ver que intentas hacer las cosas bien y no sirve para nada. De chocar una y otra vez contra un techo de cristal».
«Emigré porque me vi asfixiada en la mi tierra y la única manera de respirar y poder crecer era salir», zanja Eli, inmersa junto a Ricardo en un «plan de ataque» que ya está bastante avanzado y consiste, básicamente, en hacerse con los entresijos de lo cotidiano, en metas como buscar piso: «En diez días ya teníamos desde el carné de la biblioteca a la tarjeta de aparcamiento de residentes, un número de cuenta, porque aquí sin una cuenta en el banco no yes nadie, y un número de teléfono inglés, porque sin eso no te van a llamar en la vida».
Ese es una de las cosas en las que esta mujer comprometida y tenaz quiere aportar a los que decidan enrolarse en la aventura: «Si alguien está pensando en irse, tiene que planearlo bien. Nosotros estuvimos mucho tiempo organizándolo. No marchas de aventura estudiantil como cuando tenías 15 años. Marchas a definir tu vida y vas a ser un emigrante en otro país. No lo vas a tener fácil. Tendrás que hacer contactos y adaptarte. No puedes marchar con mil euros en el bolsillo y unas expectativas muy altas, porque, incluso con cualificación, no hay trabajo. Y, si lo hay, nadie te lo va a llevar al aeropuerto».
Después del ataque vendrá un plazo de «búsqueda intensiva» de empleo en el que Eli y Ricardo se han propuesto encontrar «algo de lo suyo». Y, mientras, ella aprovechará el pasado de Cardiff para investigar en su tesis doctoral, sobre el papel de la mujer en la literatura minera.
Atrás ha quedo gente que les decía que eran muy valientes. Y otros, cuenta, que los despidieron con una frase: «Nos decían que vaya suerte que teníamos de poder marchar. Que ellos no podían porque tenían hijos y una hipoteca». Y, en esas, Eli pensaba que «la suerte del probe ye muy triste». Y que los responsables tienen nombres y apellidos: «El Gobierno nos está estrangulando. No están gobernando para el pueblo, sino para una oligarquía que tiene los bolsillos llenos. Esto no es una democracia. Estamos viviendo en una dictadura de facto. Yo no les voté, pero, aunque les hubiese votado, tendría derecho a quejarme porque hacen lo que quieren, como quieren y cuando quieren. Y, o mucho tiene que cambiar esto, o en poco tiempo empezaremos a ver privatizaciones en educación y sanidad».
Así que, hasta el final, Eli y Ricardo protestaron en la calle, cuando tocaba. Y en casa de esta langreana se ponían tristes cuando la veían salir con la pancarta rumbo a cualquier manifestación: «Mi madre y mi padre siempre fueron gente luchadora. Y ya lucharon mucho para que esto no ocurriera, pero ocurre. El recorte de derechos que sufrimos ye brutal».
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