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«La provocación es un lenguaje»

Leo Bassi cómico

«La provocación es un lenguaje»

17.01.13 - 00:16 -
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Nació en un circo de Nueva York hace 57 años. Conoció al mismísimo Groucho Marx y bailó de niño, gracias a que su padre era también hombre de escena, las notas que salían solo para él de la trompeta de Louis Armstrong. Hoy Leo Bassi, de acento italiano y conciencia apátrida, es un cómico irreverente, que lucha contra el poder y lleva la carpa de circo allí donde sus pies se detengan o la conciencia le reclame. Esta vez le llama desde Palestina, pero le lleva a Oviedo, donde protagonizará, mañana, a partir de las ocho de la noche, en el Teatro Filarmónica, la Gala Circo de la Paz, con la que pretende recaudar fondos para organizar una caravana a Gaza. Con él también participarán Alberto Rodríguez, Maxi Rodríguez, El Perro Flaco, Tejedora de Sueños y Cellero.
-Hábleme del Circo de la Paz.
-Le podría decir muchas cosas, pero la principal es que tiene mucho que ver con la gente de la calle y poco con los poderosos. El circo tiene una conciencia, además de una misión de entretenimiento. Tiene una manera de pensar el mundo y se alimenta de gentes con capacidades sorprendentes que están unidos por esa misma conciencia, que no es otra que apoyar al débil, frente al que tiene poder.
-¿Esa es su máxima?
-Es lo que me mueve, pero lo es porque amo a la gente, la buena gente que es la mayoría y me molesta que la maltraten, que sea agredida.
-¿Por eso ha hecho suya la causa palestina?
-Claro. Es un territorio que conozco de cerca. He estado en campos de refugiados y cuando uno ve con sus propios ojos la injusticia en la que viven, le sale el viejo instinto protector.
-Pretenden llevar a Palestina una caravana circense ¿Cree que la risa puede cambiar el mundo?
-Somos como los payasos de los hospitales, pero nosotros nos enfrentamos a enfermedades políticas. Con risas se pueden hacer dos cosas, por un lado cambiar por un instante la vida de unos niños que están en un pequeño territorio rodeado de muros, metralletas y helicópteros apuntando hacia ellos. De los niños y de sus madres, que no están acostumbradas a verles reír. Y, por otro, podemos mostrar a los israelíes que su política de agresión no es válida.
-¿Qué pesa en usted más el espíritu del bufón o el del rebelde?
-Soy las dos cosas, porque el bufón es un rebelde alegre. Hay rebeldes trágicos, pero yo no lo soy. Yo creo en la gente, en la humanidad y me gusta la vida.
-La provocación es su principal herramienta. ¿Por qué esa elección para sus causas?
-Para provocar hay que tener un conocimiento de la naturaleza humana y saber cómo impactar o no en ella. Para mí es un lenguaje. El arte de lograr la atención y por tanto de que la información que emanas llegue a los demás con más fuerza. Provocar no es el fin ni el propósito, es el medio. El objetivo siempre es el poderoso.
-Sabe que es tan odiado como adorado. ¿Cómo se siente?
-Quien me odia no me conoce. Los poderosos contra los que lucho me intentan castigar manipulando y creando una falsa imagen de mí. Hacen lo imposible para que se tenga una idea mala de lo que hago.
-¿Esas son las consecuencias de criticar a los poderes políticos y religiosos ?
-Más de dos millones y medio de personas, que han acudido a mis espectáculos, saben ya lo que pienso y eso tiene, efectivamente, consecuencias.
-¿Ha llegado a tener miedo?
-Mucho. No soy un valiente. Claro que tengo miedo. He sido agredido. Me han puesto una bomba y me han apaleado por la calle. Durante un tiempo iba mirando de reojo a quien iba tras de mí en la acera. Mi mujer ha llorado mucho. Pero voy a seguir denunciando lo que considero injusto.
-Con esa intención viene a Oviedo, pero también el sábado al Centro Valey de Salinas.
-Sí, tras la gala dedicada a Palestina, presento en Salinas 'The best of', el espectáculo que está llenando en Teatro Alfil, de Madrid. Con él se van a reír y mucho.
-Hábleme de su pasado. Su padre trabajó con Groucho Marx ¿Tiene algún recuerdo?
- Uno buenísimo. En un teatro de Los Ángeles donde ambos trabajaban entré en su camerino y le vi colocándose el bigote postizo que le caracterizaba y entonces le pregunté: ¿Por qué no lo lleva natural? «porque es más fácil comer sopa», me contestó. Nunca abandonaba su ironía.
-¿Nacer en un circo, en una familia de gentes del espectáculo, marca?
-Claro. Vivir en el circo es una filosofía de existencia. No hay colores, ni nacionalidades y, por supuesto, tampoco se diferencia a la gente por su religión. Todos somos personas, nada más.
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