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«El choque cultural con China es brutal al principio, es un puñetazo en la cara»

ASTURIANOS EN LA DIÁSPORA

«El choque cultural con China es brutal al principio, es un puñetazo en la cara»

23.03.13 - 00:49 -
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Lo tiene clarísimo. Es el momento de enriquecerse, de absorber, de aprender, de dejarse seducir por otros mundos y otras formas de hacer las cosas. Alejandro Fernández, ingeniero gijonés de 24 años, ha hecho de China su hogar pero está abierto a trasladarlo a Brasil, Sudáfrica, Rusia, India, Hong Kong... Y es que entiende que a su edad es casi una obligación hacer la maleta y buscarse la vida fuera. «Creo que la necesidad empuja el ingenio y mi generación se puede beneficiar de la crisis al ser forzados a abandonar el nido por una temporada».

Él estudió Ingeniera Industrial Superior en Gijón, se fue de Erasmus a Hamburgo, aprendió alemán e hizo lo que él denomima «mi primera incursión fuera de mi zona de confort». La segunda, Nanjing, China, 8 millones de habitantes, donde realiza su proyecto fin de carrera para una filial de Bosch. «Siempre me había llamado la atención la idea de irme a China, siempre consideré que para tener perspectiva en la vida hay que mirar desde diferentes ángulos», dice para justificar su apuesta asiática, que arrancó en octubre e, inicialmente, concluirá en abril.

Huelga decir que además de sobre herramientas de corte (de eso va su proyecto), la experiencia en Bovon (que así se llama su empresa) le está permitiendo aprender chino y montones de cosas que no están en los libros. «El choque cultural es brutal al principio, es como recibir un puñetazo en la cara», dice. Luego detalla cómo gestos maleducados en Europa allí no lo son, cómo varían los estándares de limpieza y orden. Pero, pese a todo, la gente es amable y especialmente con los europeos. «Me sorprenden muchas cosas, desde la forma caótica de conducir hasta el sentimiento familiar que hay en China, mucho más que en Europa». Hay más cosas buenas: las mesas giratorias, advertir a diario esas diferencias, charlar con los pocos chinos que hablan inglés y el ambiente multicultural y de mente abierta de los expatriados. «Me gusta el reto, me engancha descubrir cada día algo nuevo, chocante e interesante a la vez».

Por cierto, dice Alejandro que no son los chinos tan trabajadores como los imaginamos, que son a veces indisciplinados, que tienen una fijación enfermiza por el dinero y que acostumbran a ocultar sus ideas. Tienen un inmensa capacidad de autocontrol, eso sí, y trabajan sin rechistar ni cargarle el muerto o la responsabilidad a otro.

Para esos chinos con los que convive, España es Europa, un ente en el que todos son ricos. Poco saben allí de la crisis española y menos de la realidad asturiana. «Asturias no les suena ni por asomo», dice el joven ingeniero gijonés que, pese a disponer de poco tiempo para viajar, ha tenido oportunidad de subir una montaña sagrada, pasear la inmensidad de Shanghai y comenzar a conocer Tailandia. Aún no ha vuelto a España desde que se fue, porque en realidad poco echa en falta salvo algunas comidas. Y es que con la china tiene una relación extraña: «No se parece nada a la comida china europea, en algunos casos es bastante desagradable».

Pero no importa. No hay contras que valgan. Alejandro se sorprende y aprende y ese es su premio. De modo que lo de regresar para quedarse (debe hacerlo para presentar el proyecto) ni se lo plantea. Ya tiene algunas propuestas. «Hay pocos sitios a los que no iría, todo depende de las posibilidades de proyecto, quiero aprender en diferentes áreas, me considero emprendedor y creativo, me adapto con facilidad a cualquier entorno».

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Alejandro Fernández en un rascacielos cerca deXuanwu Lake, en Nanjing. :: E. C.



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