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«Me siento cómodo allá donde vaya»

asturianos en la diáspora

«Me siento cómodo allá donde vaya»

Igor Gondra ha vivido en Estados Unidos y Francia, ahora estudia negocios en Pekín. «Siempre que sales al extranjero se aprenden muchas cosas a nivel académico, pero sobre todo a nivel personal»

11.05.13 - 00:25 -
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Igor Díaz Gondra (Gijón, 1989) ha vivido un tercio de su vida fuera de Asturias. Con 16 años, a Boston para cursar el bachiller; después a Madrid para estudiar Ingeniería de Telecomunicaciones; más tarde California, luego de Erasmus a París y a continuación de nuevo a Madrid para estudiar un MBA (Master in Business Administration) que ahora le tiene instalado en Pekín. «Siempre que sales al extranjero se aprenden muchas cosas. A nivel académico pero sobre todo a nivel personal», apunta Igor desde el otro lado del mundo.

Allí prosigue un aprendizaje vital y profesional que le ha hecho un ser camaleónico y adaptable a cualquier momento y circunstancia. Por eso, aunque China es literalmente otro planeta, se siente cómodo. Y es que si de los americanos aprendió su tremenda eficienciay organización, en China ha descubierto que a veces hay que dejar la lógica propia a un lado y asumir que ellos funcionan con otra muy distinta. «El choque cultural es muy grande. El idioma es la principal barrera y el lenguaje de signos es inútil ya que su lógica difiere de la nuestra», señala. No es difícil, en cualquier caso, relacionarse con ellos, pero otra cosa muy diferente es trabar amistad. «Es muy difícil que un chino te acepte en su círculo de confianza. Si lo consigues, tendrás un amigo para toda la vida que nunca te fallará». Hay que cambiar al chip cuando se vive en un lugar como Pekín. Y en eso, los españoles, sostiene Igor, no somos precisamente los mejores. «Los españoles por lo general se adaptan muy mal a otras culturas, somos muy nuestros». De modo que no es extraño que se encierren en sus propios círculos. «A mí parecer es un craso error. Aquí en Beijing conozco a varios españoles que no comen nada chino, llevan una vida 100% occidental, se juntan con otros españoles y apenas tienen contacto con los chinos». No es su caso. Siempre ha tratado de integrarse. Lo cual depara sorpresas al descubrir detalles del que ahora es su hogar que parecen más propios de la ficción que la realidad. Es común que para hacer negocios con ellos sea necesario acudir a restaurantes a comer y beber. Incluso en exceso. Y con un nivel de profesionalización asombroso: «Hace unos años conocí a un chino que trabajaba en una empresa y su trabajo consistía en beber alcohol en las comidas y cenas en el lugar de su jefe. Y tenía estudios superiores».

Superados y asumidos los choques culturales y batallando contra lachifladura que supone distinguir los cuatro tonos del chino, lo que Igor lleva mal es la contaminación de Pekín -«es un problema muy serio, produce una tos seca muy incómoda»- y las condiciones higiénicas del país. Empezando por la insana costumbre de escupir en la calle y siguiendo por la calidad de las comidas. Por si fuera poco, la censura es el pan nuestro de cada día y no se puede usar ni Facebook ni Twitter («se puede acceder haciendo alguna trampa»). «Lo que más echo de menos es la calidad de vida de países como EE UU o España».

El aprendizaje está siendo mayúsculo en este contexto para Igor Gondra, que ni por asomo piensa en regresar a Asturias. De hecho, después de tantos años fuera incluso ha perdido el sentimiento de hogar. «Me siento cómodo allá donde vaya», señala, y dice después que sus amigos están en Japón, en Arabia, en California, y que sí es grande la añoranza hacia los que ha ido quedando atrás en su camino. «Eso, con diferencia, es lo más duro de llevar en este tipo de vida. Al fin y al cabo, sabes que tu familia y amigos de la infancia siempre estarán en Gijón esperándote».

Tendrán que esperar a las vacaciones. A que vuelva a casa con el iPhone, el ordenador, el reloj y las zapatillas de correr (su kit básico de equipaje), se zampe la comida de mamá y descanse doce horas antes de ponerse a hacer deporte. Esa es su rutina de un regreso que nunca es definitivo. «Mis planes de futuro no pasan por Europa y mucho menos por España». No está la situación económica para retornos. «He pensado en volver en 10 años o así, pero si algo he aprendido en estos años es que los planes jamás salen como uno espera». De momento, le queda acabar su máster en California y no descarta ni quedarse allí ni volver a China. De hecho, se está planteando montar una empresa de exportaciones con un compañero. «Tengo muchas ideas y opciones, pero aún no sé dónde estaré o qué haré en seis meses».

Esté donde esté y vaya a donde vaya, la imagen que transmitimos los españoles es siempre la misma. España gusta y se conoce por el fútbol, las tapas, los toros y la siesta. En definitiva: «Somos un país de cachondeo, y a veces juega en nuestra contra».

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