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La odisea de comprar piso

GIJÓN

La odisea de comprar piso

Personas con ahorros y en busca de viviendas baratas protagonizan la escasa actividad del mercado inmobiliario

26.05.13 - 01:45 -
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Personas con dinero dispuestas a hacerse con un 'chollo' o gente con capacidad para abonar en metálico, al menos, el 30% de la propiedad. En un mercado venido a menos por el brutal impacto de la crisis y en claro descenso desde 2008, estos son los perfiles que mantienen la actividad de compraventa de pisos en Gijón, donde cada vez más se vende por necesidad y cada vez menos se adquieren viviendas para utilizarlas como residencia estacional. Los bancos están secos y son pocas las entidades que aún conceden hipotecas. Lo hacen, de cualquier modo, con unas condiciones muy distintas a las de la época del 'boom'. Ya no hay financiación por valor del 100% del piso, sino que el comprador debe deshacer el colchón económico que ha construido durante años buscando su seguridad para hacer frente a una parte importante del pago. Los precios se han desplomado y el metro cuadrado ha caído hasta los 3.448 euros, cuando hace un lustro casi llegaba a 5.000.

Los compradores se han ajustado también a la crisis y han reducido su presupuesto medio, que se sitúa hoy entorno a los 100.000 euros, la mitad que hace cinco años. «Fui a varios bancos y no encontraba financiación», comenta Ramón Santa Cruz, quien ha adquirido recientemente un piso en Montevil, donde reside con su hija. Se lo compró a una entidad bancaria y solo necesitaba que le financiasen el 50%.

Las inmobiliarias aseguran -y los datos las respaldan- que los bancos han recortado drásticamente la firma de hipotecas y que la mayoría de las que conceden van a pisos de su propiedad. El caso de este hombre de 49 años -la edad de comprador tipo ha pasado de los 25-30 a los 35-40 en cinco años- fue diferente. El vendedor no quiso concederle el crédito: «Fui a muchas oficinas en busca de financiación y nada». Finalmente, encontró una entidad dispuesta a facilitarle la mitad de la cuantía que debía desembolsar. Aunque destaca que «siempre me gustó Montevil», admite que el precio fue el factor determinante a la lo hora de elegir.

Una actitud que se ha convertido en la tónica general entre quienes buscan vivienda. «La zona ha pasado a ser algo secundario, cuando antes era una condición casi indispensable», recalca Verónica Álvarez, gerente de la agencia Asturias, quien apunta que cada vez más personas renuncian, para no dañar tanto su bolsillo, a vivir en el centro para irse a barrios colindantes, como El Coto o El Llano. Y esa búsqueda del mejor precio favorece a las transacciones de vivienda usada, donde la aparición de «vendedores desesperados» agudiza aún más la caída de precios. Ramón Santa Cruz tardó veinte días en encontrar «un chollo», pero, eso sí, «buscando a saco, no paré de llamar y recorrer agencias». Al cambiar de vivienda se desprendió de su anterior piso, que al igual que el nuevo, situado en un edificio de solo cinco años, tenía tres habitaciones. No fue tarea fácil. «No me llamaba nadie, tuve que rebajar el precio dos veces», refiere.

Una historia similar la vivió María Marcos. Al morir su marido, hace tres años, decidió deshacerse de su piso de la calle Puerto de Pajares e irse a vivir con su única hija. «Me costó una temporadina venderlo», resalta. Pasado un tiempo decidió buscar algo para ella sola y adquirió un apartamento de una habitación con garaje y trastero en la Carretera Vizcaína. Hace un mes y medio le entregaron las llaves de una vivienda en la que se instaló hace quince días y que pagó al contado: «Me quedó la cartilla en blanco, pero no tengo deudas». Su hija le ayudó con la decoración de los 37,5 metros cuadrados en los que está dividido el espacio y en poco tiempo consiguió poner todo a su gusto.

Pisos a precio de garajes

La vivienda nueva, como la de María Marcos, tiene una historia bien distinta a la usada. La construcción se ha desplomado y los promotores se han quedado sin margen para seguir adelante con las caídas de precios. El año pasado el Ayuntamiento solo dio 5 licencias -en 2010 concedió 54- y con ellas se levantaron 305 pisos -en 2011 fueron 536-. Los bancos, en cambio, han embargado muchas viviendas a estrenar y pueden permitirse, en su caso, nuevas bajadas de precios.

Lo cierto es que, estadísticas en mano, ya nadie paga lo que se pagaba en 2008. «Hoy se venden en Gijón viviendas por 50.000 euros, que es lo que podía llegar a costar hace cinco años una plaza de garaje en el centro», apuntan desde la inmobiliaria Álvarez. Quien da vida al mercado, explican, son los que buscan una vivienda mejor o de mayor tamaño, quienes se independizan, personas que dejan atrás una etapa en alquiler y demandantes de segunda vivienda, «que aún existen».

Los cambios con respecto a los primeros años de este siglo son, por lo tanto, insignificantes. La diferencia principal, aseguran, es que ahora el presupuesto manda y ha logrado relegar el resto de factores a un segundo plano. La opción más barata tiene muchas más papeletas que antes -casi todas- para ser la escogida. Apuntan, asimismo, que los periodos de decisión son más largos y que apenas se realizan operaciones «compulsivas». Lo más demandado en la ciudad, de hecho, son los pisos de tres habitaciones, un reflejo de que la mayoría de las operaciones se realizan en busca de una vivienda habitual para compartir con la familia.

El piso que Jorge Alonso tardó dos años en vender cumplía todas las características para albergar a una pareja con hijos y, aún así, tardó dos años en venderlo. La propiedad era de su madre, él ejercía de negociador y tenía clara la estrategia a seguir: «Nos dimos cuenta de que con la crisis y teniendo en cuenta las cantidades que se pedían en la zona, lo más atractivo era el precio. Cuando alguien venía a ver la vivienda yo le decía: 'Bueno, ¿tú cuanto me ofreces?'». Desde los 180.000 euros de 2010 bajó a los 130.000 en que finalmente se cerró el traspaso de la propiedad, situada en la calle Marqués de San Esteban. La firma supuso «un alivio para la familia», aunque Jorge Alonso tuvo que dejar la casa que ocupaba temporalmente tras ejercer como arquitecto en medio mundo. Cuando llegó a Gijón procedente de México tenía ya tres hijos y se había quedado en paro. «Nací en Gijón y nunca había vivido aquí porque me fui muy pronto. Tenía ganas de volver», comenta. Aún no había conseguido deshacerse del piso cuando su mujer se quedó embarazada de un cuarto niño. Su mejor opción pasaba por alejarse de su familia y de su pareja, residentes en España, y aceptar un empleo en China. Pero, incluso antes de nacer, el bebé enseñó ya el «pan que traía bajo del brazo». Le ofrecieron empleo en Madrid, consiguió vender el piso y su situación mejoró notablemente. Ahora vive a caballo entre la capital, donde tiene su trabajo, y Gijón, donde ha alquilado un piso para compartir con su familia.

Helena Aitana realizó un viaje más corto para establecerse en Gijón. Tiene dos hijos y que se mudó cuando la empresa para la que trabaja su marido le trasladó a su sucursal asturiana. Eran inquilinos aquí y arrendadores en Salamanca, donde tenían un piso que vendieron. Con las ganancias financiaron la compra y no tuvieron que firmar una hipoteca: «Aquí los precios son más bajos». «Tuvimos mucha suerte», destaca. Y recalca que no se lanzaron a firmar «hasta que no conseguimos vender nuestro piso».

Problemas para vender

Las dificultades que, como Jorge Alonso, viven muchos vendedores han servido para agudizar el ingenio. Empiezan a darse novedosos casos de financiación como el que narra Paloma Vázquez, de la Agencia Sabugo. Cuenta cómo un propietario decidió combatir la sequía de crédito con sus propios medios y financió él mismo la venta de su piso. Firmó un contrato que establece un pago a plazos y que, como seguro, incluye una cláusula que establece que si no se abona por completo el inmueble, este no llega a cambiar de manos.

Iniciativas como ésta son, de todos modos, insuficientes para levantar un mercado hundido. En el primer trimestre de este año las ventas de viviendas cayeron en Asturias un 38,3% con respecto al mismo periodo de 2012 y las expectativas no son muy esperanzadoras. «Hay zonas como el Muro en las que siempre hay demanda», expone Antonio Vega, presidente del Colegio de Agentes de la Propiedad Inmobiliaria, quien hace hincapié, por contra, en que la situación no despegará «hasta que los bancos recuperen la confianza en los compradores y se estabilice el empleo».

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