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Los 17 lobos del Cuera

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Los 17 lobos del Cuera

Entre 1995 y 2005, el cánido causó mil bajas en cabras y ovejas de los cinco concejos de la sierra prelitoral

02.06.13 - 01:44 -
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Desde 1995, hace ahora 18 años, el lobo ha vuelto a causar alarma entre los ganaderos de la comarca oriental en fechas recientes. Para entonces, hacía milenios que el hombre había convertido al lobo en perro, pero al domesticar el ganado entró en conflicto con unos pocos cánidos que no pudo someter. En España, el lobo fue un animal perseguido con saña hasta la entrada en vigor de la Ley de Caza de 1970, que lo trasladó de la condición de alimaña a la de especie no cinegética. Por esas fechas, la presencia del lobo era testimonial hasta que a partir de 1995 volvió a imponer su ley en territorios al Norte del río Duero. Y es que el lobo siempre regresa.
Desde hace unos meses, los ganaderos con rebaños de caprino y ovino en los montes de Ribadesella y Onís están sufriendo inesperados y terribles ataques del lobo en sus cabañas, y hasta terneros y novillas han vuelto a caer bajo las fauces del cánido. Son episodios de daños masivos que se consideraban superados desde que el 13 de febrero de 2007 se abatiera el último lobo en la sierra del Cuera.

En las sierras de Ibéu y Cuana, parajes prelitorales que acogen las fronteras naturales entre los concejos de Llanes, Ribadesella, Onís y Cangas de Onís, se realizaron en fechas recientes dos batidas contra el cánido sin resultados positivos y está previsto por parte del Principado volver a operar en la sierra del Cuera, donde hace seis años se abatieron 17 lobos. En el Cuera, entre 1995 y 2005, los lobos causaron cerca de mil bajas en rebaños pertenecientes a los concejos de Cabrales, Peñamellera Alta, Peñamellera Baja, Ribadedeva y Llanes.

Históricamente, el lobo apenas había producido daños de consideración en los rebaños de la comarca durante los últimos 50 años del siglo XX. Hacia 1995 se detectaron los primeros ataques al ganado menor en la parroquia llanisca de Caldueño. En 1999, en una batida controlada por Miguel Ángel Pidal, guarda de Socoa, se abatieron dos lobos hembra en las canales de Llabres, cerca de El Mazucu, y los ganaderos sospecharon que se trataba de «animales soltados intencionadamente, previa selección del sexo».

Los daños en cabras bermeyas y ovejas aumentaban en el Cuera pero el Principado, por medio de Cristino Ruano, director general de Recursos Naturales, argumentaba que eran perros asilvestrados los causantes de los ataques. Los zagales se aglutinaron en la Asociación de Pastores y Ganaderos del Oriente de Asturias (Apgoa) y plantaron cara a la Administración. El 16 de noviembre de 2005, las consejerías de Medio Ambiente y Medio Rural aprobaban las batidas en el Cuera con un dispositivo del que formaban parte cuatro guardas y ocho tiradores contratados con un sueldo de 810 euros mensuales y una prima de 300 euros para cada uno de ellos por lobo abatido.

Aquello no funcionó y los pastores solicitaron acudir como batidores. El domingo 5 de febrero de 2006 caía el primer lobo, una hembra de 30 kilos, abatida en parajes de Pedrubalde con la participación de 15 pastores como ojeadores. Nueve días más tarde mataban el segundo lobo, en El Traviesu.

En el mes de marzo de 2006, Vicente Álvarez Areces, presidente del Principado, visitó Porrúa para inaugurar una carretera y los pastores del Cuera le recibieron con silbidos, abucheos y música de cencerros. Quince ganaderos acabaron denunciados en el Juzgado de Llanes por desobediencia y alteración del orden público.

Unos días antes de que se celebrara el juicio, cuatro pastores del Cuera y los Picos de Europa: Alejandro González, Alberto Valle, Francisco Soberón y Benedicto Rojo, fueron recibidos en la Junta del Principado. Allí expusieron que se habían gastado miles de euros en batidas «sin grandes resultados»; que la oveja xalda y la cabra bermeya estaban «en peligro de extinción» y que las sierras prelitorales estaban consideradas en el Plan de Gestión del Lobo como «espacios libres de lobos».

El juicio contra los quince pastores se celebró el 22 de junio de 2006 y cerca de 200 ganaderos se presentaron en Llanes para apoyar a sus colegas a la puerta del Juzgado. La Delegación del Gobierno en Asturias envió 22 agentes de la Unidad de Seguridad Ciudadana de la Guardia Civil (Usecid) para controlar posible incidentes y la fiscal no formuló denuncia alguna contra los pastores, que también habían recibido un decidido apoyo por parte de Ignacio Quintana Pedrós, primer director del Parque de la Montaña de Covadonga. A la salida del Juzgado, el ganadero porruano Eloy Rozada comentó que «a mesa y mantel, en el restaurante que forman nuestros rebaños, los lobos están comiendo cada día 80 kilos de carne en el Cuera».

El 24 de junio, dos días después del juicio, los ganaderos de Cabrales advertían de la «muerte y desaparición» de 114 cabezas de ganado menor y denunciaban «la suelta voluntaria de lobos por la mano del hombre, unido a la posibilidad de que nuevas camadas hayan decidido colonizar espacios cercanos».

Al mes siguiente, la Sociedad de Cazadores del Oriente de Asturias (Socoa), se ofrecía a montar un dispositivo contra el lobo en el Cuera con la aportación de cuatro guardas y 50 tiradores y la esperanza de que colaboraran 30 pastores en la función de monteros y ojeadores. Los cazadores llaniscos argumentaban que la guardería había localizado en el monte los esqueletos de 60 corzos y jabalíes engullidos por el lobo. Y eso suponía «una pérdida de expectativas para los cazadores locales y una merma en los ingresos» porque cada rececho de corzo se vendía en 900 euros.

El tiempo iba pasando, los daños continuaban, y en octubre de 2006 se preparó el «asalto definitivo» contra el cánido en el Cuera. El 25 de octubre, en Brañasola y Becerrera, caían dos lobos y otros tres escapaban tras ser tiroteados. El último lobo del Cuera, el número 17 en la lista de cánidos abatidos, entregaba el pellejo el 13 de febrero de 2007. Era un macho de increíbles proporciones, posiblemente el guía y progenitor de varias camadas.

Los pastores habían demostrado frente al Principado que estaban en lo cierto y el triunfo de sus tesis llegó gracias a haberse defendido en el contexto de una asociación creada al efecto: Apgoa. Los sindicatos ganaderos nunca asumieron el papel que les correspondía. Y cuando parecía que el cuento se había acabado, en el primer trimestre de 2007, los ganaderos del Cuera recibieron un comunicado de 700 colegas franceses, aglutinados en la Federación Ovina de los Altos Alpes, y en la misiva les comentaban que habían seguido «con interés, a través de la edición digital de EL COMERCIO, las evoluciones del lobo y los pastores en la sierra del Cuera». El escrito venía firmado por Joseph Jouffrey, presidente del colectivo de pastores galos, y por Pierre-Yves Motte, presidente de la Cámara de Agricultura de los Alpes. Los franceses operaban sobre un territorio de 237.000 hectáreas, donde pastaban 287.000 ovejas en rebaños de 300 a 3.000 cabezas. Invitaron a sus colegas del Cuera a ir a visitarlos y a exponer sus experiencias porque ellos habían sufrido en 2006 «113 ataques de lobos, provenientes de Italia».

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