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«Aquí sí hay trabajo y futuro»

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«Aquí sí hay trabajo y futuro»

20.07.13 - 01:47 -
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A Marielo Suárez Roza, gijonesa afincada en Villaciosa de 53 años, la emigración le llegó tarde. Fue a finales de 2009 cuando a su marido, Corsino Sariego, que trabajaba en una empresa de montajes de Avilés, le anunciaron un futuro empleo en Antofagasta, en Chile, y a principios de enero de 2010 ya estaban allí. Fueron por nueve meses, para la puesta en marcha de una central eléctrica, y allí siguen trabajando ahora para una agencia de proveedores de esa misma instalación. Y eso que los principios no fueron fáciles: «Yo pensaba 'no es posible, no puede ser verdad, no puedo estar tan lejos'». Por eso rechazó el pisco sour de bienvenida que le ofrecieron en el hotel de la ciudad chilena y reclamó un Jack Daniels para pasar el trago. «Venía muy mentalizada, pero es impresionante llegar a Antofagasta, no se parece a nada, no tiene nada que ver con nada».

Esa ciudad de 250.000 habitantes se ha convertido poco a poco en su casa, pero no en su hogar definitivo. Y pese a que estar permanentemente pendiente de los terremotos no es plato de gusto, tiene su aquel: «El azul del cielo es impresionante», afirma, y explica después cómo sus fronteras vitales son ahora el océano Pacífico y un cerro capaz de enganchar «por su quietud». Hay más ingredientes que justifican el viaje: «Puede que no sea un sitio perfecto, pero aquí sí hay trabajo, aquí sí hay futuro». Bien lo sabe ella, que llegó como acompañante de su marido y casi sin darse cuenta se vio encargándose de la gestión de los recursos humanos de su empresa. «Al principio era para llevar a doce personas y de la noche a la mañana me encontré con 87, así que he llorado, he gritado, he blasfemado y he aprendido a tener paciencia». Y es que hay tanto trabajo en Chile como burocracia. «Las leyes son una para cada día», afirma.

Hoy dependen de ella medio centenar de personas y, a corto plazo, no tiene planes de regresar a España. Eso sí, su idea es volver. No solo porque añora «la sidra, la gaita, la familia y los amigos», sino porque piensa que el fin de esta etapa está cerca. «Creo que ya necesito volver, estoy harta de sismos, de alertas de tsunami...», afirma Marielo, quien relata que nunca ha llegado a acostumbrarse a tanta inestabilidad en el sentido más estricto y literal de la palabra. «Al principio lo pasas fatal, yo recuerdo que uno de los primeros terremotos que sentí, cuando mi marido llegó a casa me encontró de pie con las maletas hechas». La costumbre hace que todo se centre, pero la calma chicha no existe. «Hace poco me decía un chileno 'usted no puede irse de aquí sin conocer un terremoto grande para poder contarlo' y le contesté 'yo no tengo ninguna necesidad de contar semejante cosa'», rememora.

Claro que las ganas de volver a Asturias no tienen tanto que ver con el movimiento de tierras como con el convencimiento de que le quedan cosas por hacer en España. Y es que además con 53 años y una hija de 32 en Asturias, la situación no es la misma que la de personas veinte años más jóvenes a las que anima a emigrar sin pensárselo dos veces. «Aquí hay muchas posibilidades, de hecho está llegando mucha gente de España».

En el desierto de Atacama el tiempo pasa muy deprisa, las semanas vuelan y Asturias se ve con preocupación infinita. «Te encuentras conocidos y todos te cuentan una historia tétrica», dice Marielo, para quien la situación empeora en cada uno de sus viajes de vuelta a casa. También es cierto que esa misma distancia sirve para valorar lo que se queda atrás, como el sistema sanitario español. «Aquí la salud es cara y la atención más bien mala», asegura, y acude a continuación al ejemplo de las pensiones, de las que se encargan «empresas privadas que juegan con tu dinero».

No lleva bien «la impuntualidad y la falta de palabra» de los chilenos, pero mucho peor aún le sienta la llegada masiva de empresas españolas a la zona que parecen querer repetir los errores del pasado colonial. «Llegan con mucha prepotencia, saltándose las leyes, tratando a la gente de aquí como si llevaran taparrabos, he pasado vergüenza muchas veces por personas venidas de España». Ese trato -sostiene- es injusto en un lugar donde abunda «la buena gente, trabajadora y profesional».

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Marielo Suárez con Corsino Sariego, su marido, en Chile, donde viven desde hace tres años. :: E. C.

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