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El faro de Avilés cumple 150 años

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El faro de Avilés cumple 150 años

15.08.13 - 01:08 -
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Desde 150 años guía a marineros, barcos y buques desde la punta del Castillo, primero con destellos rojos y ahora con una luz blanca con un sector rojo. Es el faro de Avilés, que el próximo 31 de agosto celebra su 150 aniversario. Ubicado en la punta del Castillo de la península de Nieva, comenzó a construirse en 1861 y lanzó su primer destello, rojo, aquel 31 de agosto de 1863. Tenía un alcance de 10 millas y la lampara original era de aceite, aunque posteriormente fue sustituida por otros sistemas más modernos hasta llegar a la actualidad. Ahora funciona de forma automática y se controla a distancia, al igual que los otros faros de la costa occidental asturiana que también dependen de la Autoridad Portuaria de Avilés.

La construcción del faro fue avalada por la Reina Isabel II cuando visitó la mina de Arnao, el 24 de agosto de 1858, y la persona que impulsó las obras fue el diputado a Cortes, y avilesino, Estanislao Suárez Inclán.

El faro de Avilés está a 40 metros de altura sobre el nivel del mar y a 15 sobre tierra. Estaba previsto instalarlo en la punta de La Forcada, pero al tratarse de una zona que trabajaba la mar, finalmente se optó por la punta del Castillo. Su ubicación exacta es de 43º 35,45' Norte y 05º 56,45' Oeste. La lámpara original fue sustituida por otra de parafina en 1882, y así funcionó hasta que fue electrificado en 1940, después de la guerra. En 1944 pasó a contar con una sirena electromagnética y en 1957 se instaló una lintera aeromarítima con potencia para 17 millas. El alcance actual está en esas mismas millas, y el destello es blanco con un sector en rojo, con periodos de luz de 3,5 segundos y 1,5 de oscuridad. Cuenta con una tecnología desarrollada específicamente para este tipo de sistema, que petmite que la luz sea unidireccional y se vea a determinadas millas de distancia.

Desde la entrada en vigor de la ley de Puertos de 1992 son las autoridades portuarias las que se encargan de los faros. En Asturias hay 15, y el de Peñas es el que marca la línea divisoria de las costas: la occidental la supervisa la Autoridad Portuaria de Avilés y la oriental queda para Gijón. Desde Avilés se controlan siete faros: San Juan de Nieva, Cudillero, Vidío, Busto, Luarca, San Agustín (en Ortiguera) y el de Tapia. Desde que entraron en funcionamiento en el siglo XIX nunca han pasado un día sin luz, ni siquiera durante la guerra.

Los faros son controlados y supervisados por Orlando García Sánchez y José Ramón Menéndez Fernández, dos técnicos en señalización marítima que gracias a la tecnología pueden saber si hay alguna incidencia en ellos. Desde la cúpula del de Avilés se puede ver Cabo Vidío en los días de invierno sin bruma, la entrada de la ría y el fondeadero que usan muchos barcos antes de llegar a puerto. La parte superior de su cúpula también es acristalada, porque también se utilizaba para la navegación aérea.

El presidente del Puerto de Avilés, Santiago Rodríguez Vega, explica que la labor de la Autoridad Portuaria «se centra estrictamente en las cuestiones relacionadas con la señal marítima y el mantenimiento del edificio». El anterior presidente, Raimundo Abando, planteó darle un uso hostelero y de actividad recreativa, y aunque llegó a convocarse un concurso de ideas, finalmente fue desechado por su sustituto, Santiago Rodríguez Vega. «Por el momento no hay ningún uso previsto», señaló. Aún así, Vega confirma que Puertos del Estado «tiene un grupo de trabajo para buscar una utilización de tipo complementaria, puesto que son instalaciones que también pueden tener interés cultural», aunque por el momento únicamente se han dado los primeros pasos.

Varias ofertas sin concretar

El faro de Avilés «sí recibió varias ofertas para usos diversos de restauración, pero finalmente parece que no se han dado las condiciones factibles para seguir adelante con la idea», indica Rodríguez Vega. «Cualquier iniciativa requiere algún tipo de inversión, y no es fácil conseguir la viabilidad», más en este momento. Aunque los empresarios y emprendedores no se olvidan de la costa ni del potencial que tienen estas históricas piezas, y otros de la 'red' que supervisa Avilés también han llamado su atención. «Sí me han preguntado, pero nada en firme», indica el presidente del Puerto. «Si llegase una oferta interesante se podría incluso estudiar la concesión durante un número de años para que se explotase y tener actividad, pero no hay por el momento ningún plan, y también tenemos claro que la Autoridad Portuaria no puede hacerse cargo, como si fuese un inversor más, de ese tipo de propuestas». Rodríguez Vega no oculta que «las ofertas, en caso de ser viables, serían muy interesantes incluso porque supondría una ayuda para mantener el propio edificio», que poco a poco se van abandonando, más desde que el sistema está automatizado y no hace falta, como sí ocurría antes, desplazarse a diario hasta el edificio.

Por eso la actividad se centra casi de forma exclusiva en «el mantenimiento y la conservación de los faros de Avilés hasta Ribadeo», en los más de cien kilómetros de costa cantábrica. Esa ley de 1992, ratificada dos años más tarde, rompio el binomio faro-farero, y muchas familias vinculadas históricamente a estas construcciones, y que también las habitaban en muchos casos, dejaron de hacerlo.

No así José Ramón Menéndez, uno de los dos encargados. Cuando entró en vigor la nueva legislación decidió seguir con la profesión y la supervisión de los faros de la costa occidental, algo impensable hace 30 años, ahora factible gracias a la tecnología. Hace tres años, LA VOZ visitó el faro y el propio Menéndez recalcaba que «aunque haya GPS, un sistema muy preciso, no parece que haya nadie que haya renunciado a los faros porque siguen siendo muy útiles en casos de emergencia». Y no sólo entonces, puesto que las pequeñas embarcaciones que carecen de GPS siguen guiándose por la luz, que además de señalar el camino a la costa también permite que sepan en qué ciudad están en todo momento. «Cada faro es diferente, tienen distintos alcances y frecuencias que los identifican, y en los libros que llevan los barcos se especifican las características de cada uno», para que los marineros sepan incluso a muchas millas de la costa hacia dónde se dirigen.

La sala de máquinas de la instalación tiene «verdaderas joyas», y cada vez que los responsables tienen que ir a la instalación deben controlar que todo está en correcto funcionamiento.

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