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«Hay secuestros por 3.000 euros»

Asturianos en la diáspora

«Hay secuestros por 3.000 euros»

31.08.13 - 00:24 -
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Uno de los «caprichos» que su compañía le ha «concedido» a Bernardo García es transportar su moto hasta México, aunque este ingeniero gijonés que ha cambiado su casa de Deva por una urbanización con cámaras, seguridad y vallas electrificadas no podrá cabalgarla todo lo que quisiera, porque las cosas, en el país azteca, «están como están. Entre lo que te cuentan y lo que ves, todo es mucho menos relajado que en España», dice.

A lomos de su BMW K 1300 S de 175 caballos y 228 kilos, este amante del motor ya participó en una expedición motociclista que cruzó China de Oeste a Este, siguiendo la Ruta de la Seda, pero, en este caso, se tendrá que conformar con lucir máquina por Polanco, el distrito financiero del DF, «la zona noble» de la capital, donde vive desde enero y donde acaban de aterrizar su mujer, Paz, y su hijo de seis años recién cumplidos (también de nombre Bernardo García) para reunirse con él.

Así que, con un reencuentro tan reciente, este ingeniero de Fluor (una de las tres ingenierías más grandes del mundo, asentada en el Parque Científico y Tecnológico) que ocupa un puesto directivo en la compañía reconoce que todavía están en periodo de adaptación: «Hay que tener en cuenta que venimos de un sitio idílico como Asturias y, concretamente, de Gijón, donde la calidad de vida es difícilmente igualable».

Sí ha tenido tiempo, por ejemplo, a notar que, a pesar de que «México es una potencia que tiene una capacidad de negocio impresionante, incluso por encima de Brasil», también «tiene muchos hábitos que en Europa están superados», como que todavía «haya mucho trabajo manual» o «el hecho de que sea una sociedad totalmente jerarquizada».

Sin ir más lejos, «no se entiende que hagas ciertas cosas si tienes una posición media» en la escala social, cuenta. Como, por ejemplo, aparcar tu propio coche cuando sales a comer fuera y, por eso, «hasta la cantina más humilde tiene aparcacoches». O no poder ir a ninguna parte sin que alguien se refiera a ti como «señor ingeniero, arquitecto o licenciado. Una titulitis total».

Sólo una anécdota en la que pasó «vergüenza»: «Una vez iba a subirme a un ascensor y me di cuenta de que nadie se metía primero que yo a pesar de que había varias personas esperando. Luego me dijeron que primero subía el ingeniero y, después, el resto».

Eso lo ha sabido después de que, con una contrastada experiencia como consultor, Fluor le hiciese «una oferta bastante interesante» tras realizar una serie de auditorías en la delegación mexicana de la empresa. Tanto, que no pudo rechazarla a pesar de que «el precio era estar a 10.000 kilómetros de casa», la distancia de los suyos: «Lo que más me preocupa, es la familia, mis padres, que ya empiezan a tener sus años. Y eso que mi mujer y yo somos conscientes de que nosotros somos prescindibles y de que lo que más les importa es el nieto», bromea.

La otra gran inquietud es precisamente Bernardo, su hijo, para el que siempre han buscado «una educación internacional». Aunque, en ese punto, la cuestión está resuelta, porque su puesto de trabajo le garantiza poder matricularlo en «un colegio privado en el que los alumnos de seis años ya son completamente bilingües».

También su mujer, abogada, aprovechará para reforzar su inglés mientras que él cumple con su tarea en tierras aztecas, que pasa por mejorar la gestión interna de la empresa, una misión «agresiva» que «afecta a mucha gente» y que no tiene un horizonte temporal cerrado: «A mí me pidieron un compromiso de un año y medio o dos años, y luego ya se verá, porque, en una multinacional, las cosas no dependen de ti».

Lo único que les ha pedido, a cambio, a sus jefes, es «que respeten los periodos escolares del niño» y que le cambien el vehículo de empresa por otro menos llamativo pero también blindado. Y eso que «la empresa tiene una división de seguridad» que está en posesión de su agenda y que «te pide que seas discreto, que hagas la menor ostentación posible»: «Van siguiéndote y saben en todo momento en qué coche estás o quién te ha ido a recoger». Precauciones necesarias en «algunos sitios conflictivos» en los que «están secuestrando a gente por 50.000 pesos, unos 3.000 euros al cambio».

De los mexicanos se queda con que «son muy trabajadores, muy disciplinados. Y, si alguien da una orden, la intentan cumplir a toda costa, un valor que es lo que les está haciendo crecer, aunque les faltan dotes de dirección. Por eso hay pocos directivos entre los nativos».

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