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«La medicina de familia tiene aquí un estatus social y académico alto»

Asturianos en la diáspora

«La medicina de familia tiene aquí un estatus social y académico alto»

05.10.13 - 00:19 -
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Luis Alguero, gijonés de 56 años, ha llegado ya a ese punto en el que su tierra es Asturias pero su hogar es Escocia. Veintitrés años son media vida, de modo que no se esconde: «Soy español y lo seguiré siendo siempre, pero me siento en parte escocés». Se siente parte de ese pequeño planeta particular con cinco millones de habitantes que es verde y hermoso y que le dio la oportunidad de formarse, trabajar y formar una familia.

Luis dejó Gijón en el año 1991. Quería hacer la especialidad de medicina de familia y aquí era casi imposible. «Me lié la manta a la cabeza y me vine sabiendo que iba a encontrar trabajo». El plan era hacer la especialidad y volver tres o cuatro años después. Pero la vida tiene vida propia y puso en el camino a Tania, la escocesa que hoy es su mujer y madre de su hija Eva, de nueve años, y de Charlotte, fruto de una relación anterior. Ellas tres son su familia en Glasgow, la ciudad en la que fijó su residencia en 1997 después de vivir en Dundee y Perth y batallar duro sus primeros años con el inglés. «Fue muy estresante, lo más difícil fue aprender inglés a un nivel que me permitiera hacer el trabajo».

En Glasgow tiene su propia consulta, que atiende a 2.500 pacientes y emplea a siete personas. El sistema es distinto al español. «Aquí no somos empleados de la seguridad social, sino que tenemos la consulta y la seguridad social nos paga», indica, y elogia las ventajas de esta manera de trabajar, que da a los médicos más independencia. «No eres simplemente un empleado, tienes una responsabilidad mayor», añade. Así las cosas, el gremio tiene más fuerza y sobre todo un mayor respeto por parte de la sociedad que en España. Y muy particularmente en lo que a medicina de familia se refiere: «Tiene un estatus social y académico alto».

Advierte más diferencias entre el sistema sanitario británico y el español y se queda, sin dudarlo, con el suyo. «Hay una gran tradición de medicina basada en el paciente, no se tratan enfermedades, se tratan enfermos». Y hay más: «Aquí la gente está más concentrada en el trabajo y se dispersa menos con otras cosas», apunta.

El caso es que a Luis ni se le pasa por la cabeza regresar a España. No se ve capaz de adaptarse al sistema y su vida es otra. Y eso que hay añoranzas siempre presentes. «Echo de menos el tiempo, Asturias y Escocia son verdes y en eso se parecen, pero en pocas cosas más. Estamos muy al Norte y los días de invierno, a las tres y media o las cuatro ya oscurece, hay mucha lluvia, pocas horas de sol...». Eso marca un carácter, una forma de vivir distinta. «Echo de menos lo que tiene la vida del Sur de Europa, la vida en la calle, el salir de trabajar, dar un paseo y tomar un café». El paseo no existe y los espacios públicos son peligrosos cuando oscurece. Compartir esos lugares y disfrutarlos es otra de sus pérdidas, con permiso de la comida. «Mi mujer cuando va a Gijón está encantada con las pescaderías». Y es que el pescado escocés se va directo para España, porque allí no hay cultura y tradición de cocinarlo. «Por supuesto que echo de menos la comida, pero le digo una cosa, después de dos o tres semanas en Asturias ya me pide el cuerpo volver».

Vive, pues, en esa doble nacionalidad cultural que impone la costumbre y la cotidianidad. «Yo cuando estoy aquí defiendo a España y cuando estoy allí, a Gran Bretaña», afirma. Eso sí, lamenta que la imagen de España en las islas sea la de un país poco serio: «Se asocia a vacaciones, pero no se considera un lugar con ideas avanzadas».

Desde la distancia se observa con preocupación la crisis española y desde la cercanía que da el conocimiento mira hacia el referéndum escocés de independencia con un convencimiento: «Los nacionalismos arrastran mucha pasión, pero al final la gente se acaba preguntando qué pasará con mi pensión, con mi subsidio, con la universidad». Está convencido de que se votará con la economía como única bandera. Y ganará el 'no'.

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Luis Alguero, en su consulta de Glasgow. :: DÍAZ Y CUERVO.

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