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«Prefiero estar feliz en el trabajo que apegarme a la tierrina»

Asturianos en la diáspora

«Prefiero estar feliz en el trabajo que apegarme a la tierrina»

09.11.13 - 00:19 -
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Tiene tres pasiones: el ajedrez, la enseñanza y las matemáticas. Y este avilesino de 33 años formado en el colegio Palacio Valdés y el instituto Carreño Miranda ha conseguido unirlas con éxito. Es matemático por la Universidad de Oviedo, ajedrecista federado desde los once años -en su currículo hay campeonatos de Asturias y España- y profesor en Budapest en un instituto en el que se habla español y se aprenden números con la ayuda de alfiles y peones.

Ni el frío y la falta de luz le quitan a Daniel Sánchez Repullo la infinita ilusión con la que trabaja en el instituto de Budapest en el que aterrizó en agosto. Este centro ofrece enseñanza bilingüe en húngaro y español y forma parte de un programa del Ministerio de Educación bautizado como Secciones Bilingües al que optó después de haber regentado en Avilés su propio centro de enseñanza y realizado un máster en la Universidad de La Rioja cuyo trabajo fin de carrera consistía en descubrir las bondades del ajedrez como herramienta pedagógica para las matemáticas. Como Hungría es un paraíso para este deporte, como allí el ajedrez se ha implantado ya en las escuelas primarias, el país era el destino perfecto. Y así fue. Después de competir con 2.200 personas para 135 plazas -5 de matemáticas-, enfocó hacia el Danubio.

Y allí está. Feliz desde el primer día. Hay muchas razones. Esta es una: «Lo primero que me sorprendió cuando llegué al instituto Károlyi Mihály fue la dificultad para distinguir quiénes éramos los profesores españoles, pues los docentes húngaros hablan un castellano impecable. Lo segundo, las formas. En mi primera clase no conseguía averiguar qué estaba haciendo mal. Mis alumnos estaban de pie y no parecía que fueran a sentarse. Hasta que pasados unos segundos me percaté: ¡estaban esperando a que les diera permiso para hacerlo! El respeto hacia la figura del profesor es enorme y facilita que la relación profesor-alumno sea más estrecha y natural».

Los chicos llegan a esta formación bilingüe tras una prueba de acceso. Si la Secundaria en Hungría dura cuatro años, en este caso son cinco, puesto que los alumnos no han tenido hasta entonces contacto con el español y necesitan un curso preparatorio. «En cinco años obtienen un nivel C1 en la lengua de Cervantes. El secreto: grupos reducidos, profesores excelentemente formados, nativos y mucho esfuerzo personal». Por parte de profesores y alumnos. Uno de sus chicos tiene 15 años y vive a hora y media de Budapest. Cuando Daniel le preguntó por qué razón eligió ese instituto, respondió sorprendido: «No se ría de mí. ¿Dónde más me podrían enseñar español gratis? Es mi futuro».

Está encantado. Por eso y porque allí ve más cerca ese sueño de que el ajedrez se instale en la escuela, porque está convencido de que «ayuda a estructurar el pensamiento» y que su utilidad es inmensa. Allí, a los pocos días de llegar, se encontró en un escaparate una escena insólita en España: «Estaba dividido en dos. A la izquierda, un balón de fútbol y la imagen de Puskas. Pero a la derecha había un tablero y un reloj de ajedrez y sobre ellos, una fotografía de Judit Polgár». Dos semanas después asistió a un congreso de pedagogía con las hermanas Polgár y con Garry Kasparov como invitado. Otro planeta.

Tiene pros y contras una «ciudad bellísima» cuya «industria turística aún está en pañales» y en la que no es difícil encontrar a gente durmiendo en las puertas de las tiendas. La economía -sostiene- es el punto débil. «Los salarios son extremadamente bajos, no existe clase media y la economía sumergida es importante». Sus colegas maestros saben bien lo que es tener que «completar sus ingresos con un segundo, un tercer y hasta un cuarto trabajo».

Daniel, nieto de asturiano emigrado a Cuba y cordobés emigrado a Asturias, no entiende como «un trauma» salir a trabajar fuera: «Prefiero estar feliz en mi trabajo que apegarme a la tierrina». Así que, de momento, su idea es quedarse y seguir peleando. Planea hacer un doctorado para evaluar los resultados de la introducción del ajedrez en las escuelas húngaras. Aunque siga añorando «algo tan intangible como el ritmo de vida».

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«Prefiero estar feliz en el trabajo que apegarme a la tierrina»

Daniel Sánchez Repullo con un grupo de sus alumnos húngaros.

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