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«La sociedad jordana es abierta y tolerante»
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Asturianos en la diáspora

«La sociedad jordana es abierta y tolerante»

«Necesitaría una tesis doctoral para hablar de todos los tabúes y mitos que existen respecto a los países árabes»

14.12.13 - 00:36 -
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Fermina Marino celebra el año próximo sus bodas de plata con Jordania. Ovetense con los sesenta recién cumplidos, estudió en la Gesta, en la Academia Llana y en el Instituto Femenino antes de ingresar en la Universidad y cursar Geológicas. Allí, «cuando Medicina estaba en la Facultad de Ciencias», conoció a su marido un buen día de 1973. Y cinco años después se dieron el sí quiero. Ahmad Faleh Tamimi hizo la especialidad de Neurocirugía en el Hospital General y durante esos años nacieron Faleh e Iskandar. En 1984 se fueron a las Palmas de Gran Canaria, donde nació Hakim, y seis años después llegaron a Jordania. «A mi marido le dieron un puesto de profesor en la Facultad de Medicina de la Universidad Jordana y adjunto al departamento de Neurocirugía del Hospital Clínico de la misma universidad», relata. Y en Ammán se quedaron y en Ammán nació su cuarto hijo, Karim y en Ammán su marido es ahora director general del Clínico y catedrático en la facultad.

La capital jordana es su hogar y un lugar que también le ha dado oportunidades profesionales. Fermina fue la primera española en ser admitida para cursar estudios superiores en una universidad jordana. En 1997 empezó allí un máster en medio ambiente. Estudió durante tres años, realizó una tesina y avanzó en el conocimiento del árabe y el inglés. «No llegué a trabajar en mi especialidad, pero en 2004 entré en la Facultad de Lenguas Modernas como profesora de español y trabajé allí durante seis años».

Fueron años «provechosos e interesantes» que le pusieron en contacto con la sociedad académica y le permitieron mejorar su árabe. Avanzó también en el conocimiento de una sociedad sobre la que existen en España un sinfín de tabúes. «Necesitaría una tesis doctoral para romperlos todos», bromea Fermina, que entra a fondo en la cuestión: «Jordania es un país musulmán, con una minoría cristiana del 5% muy respetada y considerada. En general, la sociedad es abierta y tolerante, eso no quiere decir que no puedan darse casos de cierta intolerancia, pero son excepcionales», afirma. Y va más allá, porque subraya que la relación entre religiones es ejemplar: «Aquí las iglesias y las mezquitas están unas al lado de las otras y las campanas y el muecín suenan a la vez y no pasa nada, nadie se rasga las vestiduras». Ella jamás se ha sentido rechazada y sí en cambio advierte los mitos sobre el mundo árabe fruto de la «ignorancia, la exclusión y el racismo».

Fermina tiene su vida en un país que también es hermoso, un destino turístico de primera con Petra, Wadi Rum o el Mar Muerto entre sus bellezas, con buenas infraestructuras, un notable nivel cultural y una seguridad envidiable... Un caramelo para turistas y emprendedores. «Las empresas españolas deberían ser más agresivas y salir más al exterior a buscar mercados», subraya. Hay ya presencia española en Jordania, pero advierte Fermina con hondo pesar una carencia: «¿Dónde están los zapateros españoles que no salen de casa? Aquí hay mercado, no sean tímidos».

A los sesenta años y con una vida asentada, Fermina no tiene en mente volver a Asturias, pero sí añora la fabada, el besugo, la merluza, los amigos y los paseos por Vetusta. Aunque casi no tiene tiempo para añoranzas: «Ahora tengo a los hijos repartidos por el mundo y estoy, como digo yo, en segunda llamada, que cuando alguno me necesita, cojo el avión y voy para allá», dice. Faleh es dentista y está en Montreal; Iskandar, médico, hace la residencia en Málaga y pronto emigrará para Canadá; Hakim estudió empresariales y regenta en Jordania una empresa de turismo de aventura (es también escalador y subió este verano el Naranjo de Bulnes), y Karim, el pequeño, estudia informática y es muy probable que también tome rumbo a Montreal.

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