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La fama, el olvido y la gloria

Cultura

La fama, el olvido y la gloria

23.03.14 - 01:36 -
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Conservando toda su esencia, 'Por los ojos de Raquel Meller' pasó de ser una oferta del circuito alternativo en la madrileña sala Tribueñe, a esta producción de gran musical de época que ayer disfrutaron y aplaudieron los algo más de 800 espectadores que ocuparon localidad en el Niemeyer. Juanjo Seoane estuvo atento a las tarimas de menos campanillas, ensanchando los recursos de la propuesta, dotándola de mayores soportes técnicos, sin perder la letra ni el espíritu. Ni el magnífico elenco.

En cierto modo, es la propia historia de Raquel Meller que se relata y canta, la que puede ofrecer un paralelismo. De modesta modistilla a estrella rutilante, capaz de ensombrecer durante su temporada parisina a los mismísimos Carlos Gardel y Maurice Chevalier. Así era su tamaño artístico. Y su carácter. Y así se dejó ver en escena en la piel de Maribel Per, que hizo una interpretación seductora, magnética y capaz de combinar picardía con energía.

'Por los ojos de Raquel Meller' se remonta a la Barcelona de principios de siglo XX con sus manifestaciones anarquistas, a donde había llegado la futura cupletista tras haber sido tutelada durante un tiempo en Francia por una tía, religiosa clarisa.

El cuplé era lo que se llamaba un género ínfimo, sin duda a la espera de que una figura tan resplandeciente como la de aquella humilde costurera -a la que arropó e impulsó la cantante Marta Oliver-, le sacara el brillo y lo convirtiera en dignísimo arte popular de enorme propagación. A ese amplio horizonte se asomó Hugo Pérez, partiendo de la idea de rescatar del olvido a quien fue dueña de la atención del gran público, caída en esa amnesia tan española que sólo rinde pleitesía al presente perecedero. Y el dibujo que se plasmó en el Niemeyer fue un retrato poético y esplendoroso aliñado con un vestuario exquisito y una escenografía colorista e impresionista.

'La violetera' y 'Flor de te' y otros temas vinieron a confirmar que si la fama es efímera, también el olvido puede ser circunstancial, cuando el arte se hace glorioso. Pero la gloria también puede revivir en otras pieles. Eso sucedió ayer. «Mi ambición artística es que el público crea que lo que canto me ocurre de verdad. A veces hasta yo me lo creo», dice en escena la Meller. Ayer lo consiguió concreces. Y los aplausos del público fueron el premio.

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