Luis Noval, el cabo que murió en Melilla

HOY SE CUMPLEN CIEN AÑOS de la muerte del cabo Luis Noval. Su fallecimiento cerca del campamento español de El Had, en Melilla, tras caer en manos enemigas, se convirtió en una heroica gesta que aún se recuerda. Cuentan las crónicas de entonces que el cabo, al que el ejército enemigo quería usar de cebo para invadir el campamento, gritó a sus compañeros: «Soy Noval, tirad fuerte y bien pues conmigo vienen muchos moros».

Primera página de EL COMERCIO donde hace cien años se relataba la historia del cabo Noval. / E. C./
Primera página de EL COMERCIO donde hace cien años se relataba la historia del cabo Noval. / E. C.

La madrugada del 28 de septiembre de 1909 caía fulminado en África el cabo Luis Noval. Hacía pocos meses que se había reactivado la campaña beligerante de los rifeños en el territorio de Melilla y el soldado asturiano fue una de las víctimas que alcanzarían, con el tiempo, mayor renombre en nuestra región, alimentado por los ribetes heroicos que se asignaron a su actuación.

Definido como «muchacho imberbe, tímido y apocado como un niño», al decir del periódico gijonés 'El Principado', Luis Noval Ferrao, el mayor de tres hermanos, había nacido en el número 10 de la ovetense calle de Santa Susana el 15 de noviembre de 1887 y tras cumplimentar sus estudios primarios se dedicó a labores de ebanista mientras asistía a clases nocturnas de Dibujo en la Escuela de Bellas Artes de la capital. Quinto de 1908, Noval ingresó en las filas del Regimiento del Príncipe número 3 en febrero de 1909 y desembarcó como combatiente de la tercera compañía del primer batallón dos semanas antes de su desgraciada y temprana muerte.

La situación del frente marroquí en aquellas cruciales jornadas, así como los pormenores de la acción desarrollada por el cabo asturiano, llegó muy pronto a divulgarse por la prensa provincial y nacional, acudiendo sus responsables a testimonios supuestamente de primera mano, si bien cediendo a una cierta y lógica, dadas las circunstancias, fabulación encomiástica. El coronel del mismo Regimiento del Príncipe Julio Molo, en carta dirigida al rector Fermín Canella del 10 de octubre de 1909, describe el emplazamiento bélico de este modo: «La Brigada Brualla había ocupado el día 23 el Zoco-el-Had, extensa meseta desprovista de vegetación que domina los valles de dicha kábila y Frajana. Al norte de esta posición emplazó su campamento el primer batallón, destacando la tercera compañía a un pequeño reducto de tierra, rodeado de una débil alambrada y situado al NE».

Cae en manos enemigas

Por su lado, el cronista desplazado a la zona de guerra por el diario 'España Nueva' nos trasladaba, bajo el encabezamiento 'La odisea de un cabo', un vehemente e hiperbólico memorando de los hechos en los términos siguientes: «Los moros, valiéndose de mil argucias, lograron apoderarse del cabo y después de desarmarle, se lo llevaron prisionero a uno de los aduares, donde se reunieron los jefes de la jarca para discutir la clase de muerte que habrían de aplicar al desventurado Noval; pero se conoce que uno de los jefes, pensándolo mejor, propuso a sus compañeros utilizar al cabo para intentar sorprender al campamento. Conducirían al cabo frente a las avanzadas del campamento, y allí, con amenazas de infligirle los más terribles tormentos, le obligarían a gritar a los españoles que no disparasen y les dejasen acercar. Lo propusieron al cabo; en el pecho de Noval se entabló una lucha horrible; de una parte, el instinto de conservación; de otra, la voz del patriotismo, que le imponía su martirio; pudo más la primera y Noval se mostró dispuesto a acompañar a los rifeños, quienes, tan pronto como la noche tendió su velo, se acercaron al campamento del Had precedidos por Noval. El centinela les dio la voz de alta; los moros que conducían a Noval le dijeron: '¡Grita lo que hemos convenido!'. El desventurado cabo estaba entre la vida y la muerte; volvió la vista atrás y vio que los rifeños, en número considerable, subían a gatas por las laderas, próximos a caer sobre los españoles mediante su traición; tuvo un momento de verdadera angustia; sintió que su pecho se ensanchaba más y más al impulso de un sentimiento para él desconocido; se adelantó dos pasos y con voz ardiente exclamó, dirigiéndose hacia los españoles: '¡Soy Noval; tirad fuerte y bien pues vienen conmigo muchos moros!'». Otros testimonios añaden a esta declaración vivas a España.

Murió de cinco balazos

Lo que ocurrió tras la descarga de fusilería subsiguiente al grito que haría famoso al joven oficial, el cual pereció de cinco balazos máuser según las crónicas de la época, nos lo relata el propio Molo: «Hecha la descubierta al amanecer, se encontró el cadáver del heroico Noval abrazado a su fusil con la bayoneta calada teñida en sangre y próximo al mismo un moro muerto, que, entre otras heridas de arma de fuego, tenía atravesado el pecho de un bayonetazo». La gesta o sacrificio del cabo Noval insufló de esperanza a muchos sectores políticos ya que se evaluó como el episodio más valeroso de la campaña de Melilla hasta entonces. El diputado tradicionalista Joaquín Lloréns Fernández de Córdova, por ejemplo, manifestó en un artículo de 'El Correo Español' que «el hecho llevado a cabo por Luis Noval tiene relieve tan alto, que no es fácil se realice otro que le quite la supremacía».

Los homenajes

La fogosa movilización de la ciudadanía se verificó en una serie de gestiones inmediatas al conocimiento de lo acaecido en Benisicar, tales como erigirle un monumento en uno de los lugares céntricos de Oviedo, concederle una pensión vitalicia a sus padres, colocar una lápida en su casa natal y poner en marcha diversos actos que testimoniaran, se leía en 'El Principado', «el orgullo que sus paisanos sienten por el malogrado Luis y perpetúen su memoria», llegando a solicitarse para él la cruz laureada de San Fernando, dado que, apuntaba EL COMERCIO al conocer la valerosa proeza, la figura del asturiano era «modelo grandioso que imitar» y el pueblo raso constataría «con orgullo que uno de los suyos ha merecido los honores de vivir eternamente en la gratitud de sus patriotas». La penuria económica de la familia, por lo demás, se vio aliviada por suscripciones populares como las llevadas a cabo por particulares, militares y alumnos de la Facultad de Derecho ovetense.

La infortunada muerte de Noval, cuyo arrojo rápidamente se equiparó con la hazaña del héroe de Cascorro en la guerra de Cuba de una década atrás, desató riadas de tributos espontáneos, como el conocido poema en bable de Pepín Quevedo a él dedicado o el pasodoble titulado 'El cabo Noval', que a principios de octubre de 1909 estaba componiendo el director de la Banda de Música de Gijón para estrenarlo el domingo 10 de dicho mes.

Entre las producciones literarias que tomaron la figura de Luis Noval como prototipo de soldado digno de emular en sus virtudes castrenses merecerían destacarse tres: el 'Poema de guerra', que León Castillo publicó en 1910 en Gijón en la Tipografía de Lino V. Sangenís con prólogo de Luis Huerta; y dos obras teatrales: 'El cabo Noval (Episodio trágico de la guerra de Melilla)', drama en dos actos y en verso de Francisco Jiménez, aparecido en Madrid en 1911 en la imprenta de Gabriel López del Horno, y la pieza dramática, en un prólogo y un acto dividido en dos cuadros, de Tomás Perrín titulada 'El cabo Noval (Episodio histórico)', que subió al escenario del teatro Principal de México el 25 de febrero de 1910, el mismo año en que lo editó la casa azteca de Eusebio Gómez de la Puente. Esta repercusión literaria habla bien a las claras de la trascendencia que alcanzó el luctuoso hecho protagonizado, hace ya un siglo, por el cabo Luis Noval.

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