Edita, el milagro de una voz

RAMÓN AVELLO
Edita Gruberova en plena actuación con la orquesta Oviedo Filarmonía, dirigida por Haider. / JESÚS DÍAZ/
Edita Gruberova en plena actuación con la orquesta Oviedo Filarmonía, dirigida por Haider. / JESÚS DÍAZ

Se le presenta como «la gran diva del canto», y, sin embargo, dista de ser, en escena, una mujer endiosada. Con la orquesta y su director Haider, al igual que con Sandra López, José Ferrero y Michael Chioldi, próximos protagonistas de 'Tosca' en la función fuera de abono con los que compartió la página final de 'Roberto Devereux', adopta una actitud cómplice; con el público, cercana. Un público que conquistó hace tres años, con un repertorio similar y la misma orquesta, en la que presentó al barítono Iván Paley, y que fue, como el que hoy comentamos, uno de los grandes recitales del Auditorio. El domingo, Edita volvió a cantar, encantar y emocionar.

Apoteosis de una voz y una feliz inauguración del ciclo 'Conciertos del Auditorio'.

Entre las tipologías vocales de soprano, se considera a Gruberova como la más importante de las sopranos ligeras del mundo. La técnica colosal, casi sobrehumana, le permiten abordar las arias más difíciles con seguridad en los agudos -el agudo es su reinado- agilidad en las vocalizaciones, virtuosismo y brillo en los pasajes de coloratura, y algo difícil en las sopranos ligeras, potencia. Unido a la técnica, Gruberova es dueña de un sonido puro, muy cálido, exquisitamente matizado hacia las intensidades suaves, tratadas con una gran exquisitez. Pero, además de todo esto, Gruberova tiene 'chispa', lo que los flamencos llaman duende, que no es otra cosa que una comunicatividad contagiosa que transmite, con naturalidad, vida y alegría.

El resultado de todo ello ha sido un recital memorable que llegó, en el aria final de Roberto Devereux, acompañada por el elenco de la próxima 'Tosca', a la apoteosis.

Gruberova estuvo mórbida, entre otras cosas por el tiempo algo más lento que el habitual, en el aria de Constanza; brillante en Donizetti, con una muy feliz intervención de la flauta en la famosa 'aria de la locura', lírica y de un belcantismo de gran calidad en Bellini, y simpática y con desenvuelta picardía en Strauss. Diferentes facetas de una voz juvenil por la que no pasa el tiempo.

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