Sueños que ayudan a curar

Un equipo del HUCA consigue descifrar claves de <strong>la actividad cerebral de los </strong><strong>humanos cuando duermen y explica por qué hay movimiento en los sueños</strong>

A. V.OVIEDO
Por la izquierda, Beatriz Lozano, Fernando Fernández, Elena Santamarta y Fernando Seijo. / MARIO ROJAS/
Por la izquierda, Beatriz Lozano, Fernando Fernández, Elena Santamarta y Fernando Seijo. / MARIO ROJAS

«¿Cómo se forjan los sueños?». Ésa es la incógnita que ha logrado descifrar un equipo multidisciplinar del Hospital Universitario Central de Asturias (HUCA) que ha conseguido desencriptar aspectos hasta ahora desconocidos de la actividad cerebral de los humanos cuando están dormidos.

Los resultados de la investigación, un hito mundial en este campo, acaban de ser publicados en la revista científica especializada norteamericana 'Sleep' y han conseguido un notable éxito entre los profesionales, convirtiéndose en el informe más leído y comentado según el seguimiento efectuado por la propia publicación.

Pero, ¿qué es exactamente lo que ha llamado la atención de los expertos?, ¿qué ha descubierto este equipo integrado por profesionales de los Servicios de Neurofisiología Clínica, Neurocirugía y Radiología del HUCA en colaboración con profesionales de los servicios de Psicología y Psiquiatría las Universidades Complutense y Autónoma de Madrid y auxiliados por varios profesores de la Universidad de California, con tecnología china y cubana.

La respuesta está en las ondas PGO (Ponto-Genicular-Occipitales). Traducido por el jefe del Servicio de Neurofisiología clínica del HUCA, Fernando Fernández: «El material con el que se forjan los sueños».

Este tipo de ondas, hasta ahora desconocidas en humanos aunque sí identificadas en felinos, precisó Fernández, «ayudan a forjar los sueños al recuperar escenas de la realidad propia de cada persona», porque «los sueños conscientes son una extraordinaria y fiel réplica de nuestra vida en vigilia».

Fernando Fernández resumió así su descubrimiento ayer en el HUCA rodeado de los investigadores Beatriz Lozano, del servicio de Neurofisiología Clínica, Fernando Seijo, de Neurología, y Elena Santamarta, de Radiología, un hallazgo que surgió del tratamiento quirúrgico del Parkinson.

Los trabajos de este equipo se desarrollaron desde 2003 a 2008 gracias a la implantación de electrodos en los hemisferios cerebrales de varios de esos pacientes con Parkinson para su estimulación eléctrica. En concreto, se estudiaron 98 implantados en el núcleo subtalámico y ocho más en el hipotálamo sublateral. Y, de esos enfermos, «que se caracterizan porque tienen esa zona del cerebro hiperactiva», se eligió a los doce óptimos.

«En ellos estudiamos la actividad cerebral profunda de estos pacientes en dos situaciones: cuando estaban despiertos y dormidos. En especial, durante la fase REM, aquella en la que soñamos».

Y así fue cómo demostraron que en sus cerebros estaban presentes las ondas PGO, descubiertas en gatos hace cinco décadas, «las que explican que en los sueños haya movimientos como correr o andar, tanto que están presente en el 88% de ellos, y no sólo imágenes», y las que demuestran que hay tres componentes a la hora de soñar: el visual, el emocional y el motor».

Los investigadores han determinado además que «están relacionadas con la consolidación de la memoria y del aprendizaje». Y como «los sueños son parte de la realidad porque en la fase REM no es inconsciente, sino subconsciente», el jefe del Servicio de Neurofisiología clínica del HUCA explicó que, «cuando se sueña, se puede aprender».

Pero es que además «uno puede inducirse sus propios sueños, un campo en el que han trabajado mucho los israelíes tras sus experiencias en campos de concentración, y, si sueña con ciertos movimientos, estos consolidarán el aprendizaje y el recuerdo de los patrones de conducta motora que se pretender enseñar o reforzar».

Esto «explica y establece las bases fisiológicas de la utilizad de los movimientos imaginarios en rehabilitación o en el deporte». Un ejemplo: un deportista o un paciente con dificultades motoras que sueñe con determinados movimientos, los realizará luego con mayor destreza.

El hallazgo, precisó Fernando Fernández, «también puede ser útil para la solución de algunas patologías psicológicas». Porque «hay una terapia del sueño al igual que hay una de la escritura. Funciona escribir lo que te pasa y funciona soñarlo».

Pero no todo ha sido fácil en el camino hacia este descubrimiento. Fernando Fernández destacó, por ejemplo, que es «poco común» una investigación tan larga y que en el HUCA la presión asistencial las hace casi imposibles.

«No tenemos tiempo para la investigación. Para eso necesitamos un nuevo hospital», remarcó el facultativo, que tenía otras malas noticias como que «se detectan emociones específicas en un porcentaje que oscila entre el 30% y el 35% de los sueños» y que, de entre ellas, «la ansiedad y el miedo son las más frecuentes». Además, «la relación entre emociones desagradables y placenteras es de dos a uno». Y aún más: «Las emociones eróticas sólo aparecen en un 1,3% de los sueños».

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