«Primero nos cabreamos, después empezamos a reírnos sin parar»

Correos da por bueno un sello de juguete a una empresa asturiana a la que primero no le permitió retirar un documento

M. LL.OVIEDO
El resguardo. /J. D./
El resguardo. /J. D.

La indignación fue tal que pensó en denunciar. Cuando uno de los socios del estudio de arquitectura Armando Martínez-Guisasola de Oviedo fue a recoger una carta certificada, en Correos le dijeron que debía traer el resguardo sellado por su empresa. Él trató de conseguir su carta tal y como lo había hecho siempre, enseñando el DNI. Le fue imposible.

El funcionario que le atendió esgrimió que una normativa de la empresa exigía que los resguardos viniesen sellados. El socio del estudio volvió a intentarlo: «¡Traigo el acta de constitución de la empresa! ¡Los papeles del registro!». No sirvió de nada, sólo valía el sello. Sin su carta certificada volvió al estudio donde se lo comentó a sus compañeros. Alberto cuenta la experiencia: «Llegó muy cabreado y nos explicó lo que había pasado». Ellos tampoco se lo creían así que decidieron consultar con abogados. En efecto, no es obligatorio tener un sello de la empresa, así que pensaron que no se lo podían exigir. «Primero nos cabreamos, después empezamos a reírnos sin parar».

Entre bromas, los socios de este estudio de arquitectura, cambiaron la idea inicial de querellarse con Correos por la de bacilarles. Alberto recordó que a su hijo le había tocado en un 'Happy Meal' un sello infantil con la cara de Mucca, un dibujo animado. Así que se fue a su casa y lo llevó a la oficina. Estampó el sello con la cara de Mucca en el resguardo de correos y con rotulador rojo puso el nombre de su empresa. El sello era por duplicado y la verdad, no escrito a mano no le quedó ni parecido. «La señora que estaba en Correos no se enteraba», ni se percató de que el sello llevaba, claramente, la cara de un dibujo animado.

Al final Mucca, bromean, «podría convertirse en el sello de nuestra empresa», aunque aclaran; «No tenemos los derechos y era sólo una broma». Al parecer y según le contó un amigo a Alberto «esto ocurre en Angola, sólo se fían del sello». A él le parece que en esto de las cartas «estamos como en África».