Monólogo delirante y lúcido

Sergi López, mejor actor europeo en el año 2000, acreditó en el Palacio Valdés, con la obra 'Non solum', unas virtudes interpretativas llenas de talento salpicado de humor crítico

ALBERTO PIQUEROAVILÉS

Sorprendente y deslumbrante, podrían ser algunos de los adjetivos que calificaran el estreno en lengua castellana (en fechas anteriores subió al escenario acogiéndose al catalán) de 'Non solum', que ayer colmó el Teatro Palacio Valdés avilesino.

Un monólogo delirante y lúcido -las paradojas son parte esencial de la función-, que tiene como protagonista a Sergi López, quien asimismo es coautor, junto al director Jorge Picó, de la letra y el espíritu del espectáculo.

Siendo más precisos, Sergi López se dejó ir por los vericuetos de la improvisación en la construcción preliminar de 'Non solum', mientras Jorge Picó le daba forma a esa indagación psicodramática. Más difícil resulta encontrar el concepto que definiera el resultado, que a un tiempo es y no es un show individual, es y no es el portento de un sinfín de personajes en un solo actor, es y no es una elegía de la soledad que provoca premeditadamente las carcajadas del auditorio. El propio Sergi López ha catalogado la obra como «existencial, excéntrica y surrealista». Y así pudo contemplarse y gozarse durante la velada, a un compás vertiginoso en el que el intérprete llevó al público desde reflexiones sobre las rebeliones de las masas populares a los calambres de la iniciación al sexo, pasando por dibujos del paraíso o la evidencia de que nos invade el aburrimiento cuando no estamos metidos en problemas, sin olvidar la actualísima vinculación entre obras públicas y ganancias privadas. Pero, como decíamos, tanto caudal creativo no cabe en una simple rúbrica. Es teatro proteico, que le rompe las costuras al traje y se confecciona mediante una libertad sin prejuicios, en el sentido literal del término.

El que fue considerado mejor actor de Europa en el año 2000, recibió la ovación que le acredita y le mantiene en las alturas.