Vengados por las voces

Cálida acogida al estreno de un'Don Giovanni' con gran coherencia musical en el tercer título de la Temporada de Ópera de Oviedo

RAMÓN AVELLOOVIEDO
El 'Don Giovanni' que ayer se estrenó en el Campoamor presenta una estética conceptual. / FOTOS CEDIDAS POR LA ÓPERA DE OVIEDO/
El 'Don Giovanni' que ayer se estrenó en el Campoamor presenta una estética conceptual. / FOTOS CEDIDAS POR LA ÓPERA DE OVIEDO

Poco antes de empezar la representación la megafonía anunció que Felipe Bou, el Comendador, estaba aquejado por molestias vocales, pero que iba a actuar por respeto al público. Un público que se tomó la noticia con resignado humor. En realida, quizá la afección mayor no la haya tenido el Comendador, seguro en su papel, sino el protagonista Bo Skovhus como Don Giovanni. El intérprete danés es un gran actor y un gran cantante, con muchos «Giovannis» a sus espaldas, pero vocalmente le faltó en la representación de ayer algo de potencia para igualar la actuación de los otros personajes siempre a gran altura vocal. Se puede decir que han sido vengados por la voz.

Hay aspectos de intemporalidad en esta recreación del 'Don Giovanni' de Mozart coproducida por la Ópera de Oviedo y el Teatro de Magdeburgo, que propone el escenógrafo Alfred Kirchner. Un Don Juan de tintes oníricos ya presentes en el telón que da la bienvenida al acto, y una temporalidad difuminada, pero de una gran fuerza y coherencia musical.

Una de las grandes dificultades de 'Don Giovanni' es el de reflejar las diversas situaciones de la obra que se dan en los dos actos y diez cuadros diferentes. Una labor de extrema complejidad realizada de una manera modélica, por ejemplo, en la película 'Don Giovanni', de Losey. El teatro tiene sus limitaciones, por lo que todo este entramado de situaciones se debe resolver, cuando se resuelve, con otros recursos. Y sin duda alguna, la propuesta de Alfred Kirchner, de una clara tendencia conceptual, consigue dar unidad a la obra.

El escenario, diseñado por Kirchner y Ulrick Schulz, esta compuesto de varios paralelepípedos móviles, que recuerdan las formas geométricas de la pintura metafísica de Chirico. Estos paralelepípedos se van agrupando en diferentes formas, acotando espacios sobre los que recae una iluminación peculiar que individualiza las escenas, manteniendo la unidad de conjunto. Todo ello sobre un fondo abovedado de tonalidades e iluminaciones variadas, que da profundidad al teatro.

La dirección de los personajes en escena ha sido muy dinámica, movida y siempre correcta. Con rasgos ingeniosos, como la escena de la reconciliación de Masseto y Zerlina en el que Masseto pendía de una cuerda con un gancho que Zerlina movía a su voluntad, o escenas complejas resueltas con efectismo, como el de la cena final y la caída de Don Giovanni a los infiernos.

El vestuario diseñado por María Elena Amos subraya esa temporalidad difuminada de 'Don Giovanni'. Vestuario dieciochesco para la pareja formada por Donna Anna y Don Ottavio. Concepción romántica en el vestuario de Don Giovanni y de su cridado Leporello y cierta modernidad, con algún anacronismo e indefinición en Zerlina y Doña Elvira.

Es la primera vez que Pablo González Bernardo dirige en la temporada de Ópera. Sin embargo, es bien conocido y querido por la Orquesta del Principado de Asturias. (¡Qué oportunidad perdida para que hubiese sido el sucesor de Valdés). Una dirección fantástica, muy dinámica con unos contrastes muy bien subrayados y, lo que es fundamental, protectora de los cantantes a su tiempo justo. De un estilismo mozartiano muy bien conseguido. Correctos los coros en su breve actuación en la escena de la boda de Zerlina.

Respecto a los cantantes no se puede hablar de corrección sino de auténtica vocalidad mozartiana, especialmente, en las voces de Antonio Lozano, como Don Ottavio y de Ainhoa Garmendia, en el papel de Zerlina. Ésta cantó sus dos arias, 'Batti, batti il buon Masseto'» y muy especilamente 'Vedrai carino' con una picardía y delicadeza memorable. Tiene por delante una gran carrera, igual que el tenor Antonio Lozano, una voz lírica delicada, pero con potencia, belleza en el timbre y una soberbia elegancia. 'Il mio tesoro' cosechó numerosos bravos.

Lioba Braun no hizo una Donna Elvira especialmente apropiada su voz es más apropiada a otros repertorios. Cantó a Mozart con correcta afinación, se movió bien en el escenario, pero le sobró desgarro y le faltó lirismo, especialmente el en aria 'Mi tradi'.

Simon Orfila en Leporello fue otro de los triunfadores del estreno. Su actuación del aria del catálogo provocó los primeros aplausos, muy cálidos, de la noche, en una velada generalmente muy aplaudida en casi todas las escenas. Bastante mejor que Lioba fue la actuiación de Cinzia Forte, con un papel a su medida, destacando su aria del segundo acto. TAmbien calurosamente aplaudido. Simpático, Mazetto, como barítono bufo, quizá le falte un poco de potencia.

A pesar de su anunciada indisposición, Felipe Bou hizo un Comendador bastante digno sobre todo en la escena final en la que como estatua tiene su principal protagonismo.

Bo Skovhus, Don Giovanni, tiene muchísimas tablas, una predominancia escénica arrebatadora, pero, como decíamos vocalmente le faltó anoche potencia y un poco de elegancia y claridad. La interpretación de la Serenata estuvo pálida con una impostación en el sotto vocce algo artificial. Sin duda, para él no fue su noche. Por eso se fue al infierno.

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