Masahiro Kobayashi muestra en 'Wakaranai' la cara oculta de Japón

"En Japón hay pobres, aunque los mismos japoneses se nieguen a verlos porque todo lo que es un problema les molesta"

EFE |GIJÓN
El director Kobayashi/EFE/
El director Kobayashi/EFE

El director Masahiro Kobayashi muestra la cara oculta de Japón en el largometraje "Wakaranai", un compendio de desigualdades sociales hecho carne en un adolescente, que compite en la sección oficial del Festival Internacional de Cine de Gijón.

El realizador nipón ha presentado hoy su película, que en un primer momento pensó como documental pero "a mitad de camino" se transformó en una obra de ficción enraizada en la realidad más cruda de un país al que todos ven como el paradigma de la modernidad.

"En Japón hay pobres, aunque los mismos japoneses se nieguen a verlos porque todo lo que es un problema les molesta", ha afirmado Kobayashi.

El filme, que se estrenó en el Festival de Locarno, muestra a un niño, casi adolescente, que cada día tiene que conseguir un poco de comida en las calles y sobrevive como puede al desamparo de un hogar desestructurado con una madre enferma y un padre inexistente.

El director ha dicho que en su país es una historia "muy normal" porque no existe una cobertura asistencial para este tipo de problemas sociales, aunque el gobierno actual "esta empezando a pensar en alguna solución".

Kobayashi ha atribuido esta situación a que Japón es extremadamente dependiente de los Estados Unidos de América, algo que comenzó inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial y que continua a pesar del desarrollo económico alcanzado.

El realizador ha negado tener la intención de ser "la voz de la conciencia" de una nación en la que la mayoría de sus habitantes "no quieren ver la realidad aunque la tienen al lado de sus casas", y ha asegurado que ha filmado esta historia por una cuestión personal.

Interpretado por el actor Yubo Kobayashi, que no es el hijo del director, un niño de 17 años deambula a su suerte por la ciudad y su vida es captada por una cámara inquieta que le sigue en todo momento.

Kobayashi muestra un paisaje social desolador en el que el protagonista aparece mucho tiempo de espaldas en un encuadre intencional en el que se busca distanciar al espectador para no hipersensibilizarlo con la circunstancia de que la víctima del drama "es casi un niño".