Los cuatro mil rostros de Jonathan

Desde hace once años un joven artista norteamericano cuelga su imagen día a día en Internet. Lo hará hasta su muerte. Es su gran obra maestra.

ESTER REQUENA
Los cuatro mil rostros de Jonathan

Si una imagen vale más que mil palabras, Jonathan Keller ya tiene el Quijote escrito en su página web. Lo único es que en lugar de una novela, su libro es una extensa autobiografía... pero de sólo once años de su vida. Más de 3.800 fotografías son fieles testigos de la evolución diaria que ha experimentado este joven artista norteamericano desde el 1 de octubre de 1998, fecha en la que nació en Internet 'The adaption to my generation (a daily photo project)', su particular legado para la posteridad y con el que quiere dejar constancia de su mundanal existencia.

Misma pose, fotografía tipo carné sin la más mínima expresión en la cara y fondo blanco. Los autorretratos que sube a su web apenas presentan diferencias. A simple vista sólo cambia el color de la camiseta y si lleva o no gafas. Y así día tras día durante más de una década. ¿Es una broma? «Nada de eso, aunque la verdad es que puede parecer divertido», se apresura a contestar el padre de la 'criatura' desde Nueva York, donde lo localizó V. Detrás de tan magno experimento no está la candidatura a un récord Guinness. Tampoco es por narcisismo o egocentrismo. Keller lo considera una obra de arte y como tal la tiene incluida en su catálogo de proyectos artísticos. Hasta ha creado un vídeo en el que a cámara rápida avanza por estos años en menos de dos minutos. Ahí sí se nota que el tiempo no pasa en balde. Los cambios estéticos son los que llaman la atención. Flequillo, bigote, gafas, pelo rapado, melenas, barba... se alternan sin cesar para mostrar los diferentes 'looks' que ha tenido este veinteañero ahora ya en los 33.

La culpa la tuvo una novia

Todo empezó por «despecho». Su novia le recriminó que se hubiera comprado una cámara de fotos digital bastante cara y él le contestó que la inversión era necesaria porque pensaba utilizarla todos los días. Dicho y hecho. Así nació www.c71123.com/daily_photo. Su ritual es bien sencillo. Antes de irse a trabajar a su estudio posa delante del objetivo. Cuando lleva 10 ó 12 fotografías las cuelga en la web. «Muchos me preguntan si lo hago porque estoy aburrido. No se dan cuenta de que el tiempo que requiere es mínimo. Un minuto al día para hacerse la foto y media hora cada dos semanas para editarlas y subirlas», asegura. Sin embargo, las cuentas no salen. Once años por 365 días dan 4.015 fotografías, doscientas menos de las que atesora el artista. Y es que entre el 29 de septiembre de 1999 y el 25 de mayo de 2000 tuvo aparcado el proyecto a causa de sus obligaciones laborales. «Estaba en la Antártida y no sabía los medios técnicos con los que me iba a encontrar, por lo que decidí pausarlo», se excusa Keller, a la vez que promete que esto no volverá a suceder. El proyecto es sagrado. «Muchas personas me han dicho que estoy obsesionado; quizás tengan razón», argumenta.

Seguidores no le faltan. Hasta le han escrito diciéndole que se parece a Richard Gere, Dustin Hoffman o Amanda Plummer. También le han pedido que cambie más a menudo de camiseta, «pero es que tengo varias del mismo color y por eso parece que siempre voy igual», recuerda entre carcajadas.

Pero la pregunta estrella es por qué nunca sonríe. Él siempre da la misma respuesta: «Quiero que mis fotos sean 'sutilmente' objetivas y que de ellas se pueda extraer un sentimiento. Hay días en los que se puede ver mucho en la forma en la que los músculos están situados». Su visión del arte ha creado escuela y muchos lo han tomado como ejemplo para poner en marcha sus particulares 'proyectos fotográficos obsesivos', como los denomina Keller.

El trazo final de su gran obra queda todavía lejos. O eso espera. «Lo dejaré cuando me muera, sólo así estará terminado», desvela el artista. Es la herencia que legará a las próximas generaciones. De hecho, permitirá que todo el mundo pueda hacer uso libremente de su vida en imágenes. Sólo entonces tendrá sentido su gran obra maestra.

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