«La profesión de titiritero siempre ha estado devaluada en este país»

Nieto del escenógrafo de Falla, sigue sus pasos en 'El retablo de Maese Pedro' que el viernes llegará a Oviedo Enrique Lanz. Director de escena

ALBERTO PIQUEROOVIEDO.
Autor. En su estudio, en pleno montaje de la obra que se representará esta misma semana en Oviedo. ::
                             IGOR CORTADELLAS/
Autor. En su estudio, en pleno montaje de la obra que se representará esta misma semana en Oviedo. :: IGOR CORTADELLAS

Nieto de Hermenegildo Lanz, quien fue mucho más que un escénografo y colaborador de Manuel de Falla, Enrique Lanz (Granada, 1964) ha continuado de algún modo la trayectoria artística de su antecesor, bien que humildemente establezca distancias a favor de su abuelo. Galardonado por la crítica operística de Barcelona como el mejor director de escena, el próximo viernes estará al frente de la obra 'El retablo de Maese Pedro', que se representará en el Auditorio de Oviedo, con la Compañía Etcétera. En 1923, Falla y Hermenegildo Lanz, la estrenaron en Sevilla y París.

-'El retablo de Maese Pedro' fue un encargo que le hizo a Falla la princesa de Polignac. ¿En qué circunstancias se produjo esa solicitud?

-La princesa de Polignac era un personaje del París de la época, que ya había hecho otros encargos a Erik Satie o a Ravel. Era una mecenas, a cuyos palacios acudían personas como Picasso. Y Falla estaba en ese momento en París. Le requirió la obra en 1918 y no la terminó hasta 1923, porque lo que empezó siendo en apariencia una obra sencilla, se convirtió en un gran proyecto.

-¿Por qué elige Falla a modo de inspiración los capítulos de El Quijote en los que se basa la obra?

-Se puede intuir, porque desde pequeño fue muy aficionado a la lectura de El Quijote. En sus archivos, hay hasta siete versiones diferentes de la novela cervantina.

-¿Y cuáles son sus virtudes específicamente musicales?

-Podría hablar con mayor propiedad del apartado escenográfico, pero es evidente que se trata de un compendio de la música española, buscando sus raíces y con una mirada que va desde el barroco a la Edad Media, incorporando la vanguardia de aquellos años veinte. Su enorme valor es el de un caleidoscopio musical, al que otorga la frescura de lo nuevo. Mantiene un gran vigencia.

-¿Qué vínculos unieron a Falla con su abuelo Hermenegildo?

-Mi abuelo llegó a Granada en 1917. Falla, en 1919. Y su amistad fue muy fructífera, no sólo en 'El retablo de Maese Pedro'. Compartieron múltiples actividades culturales en Granada, recuperando el cante hondo, realizando homenajes a escritores y desarrollando mucho trabajo teatral. Vivían cerca y se veían casi a diario.

-¿Es cierto que Falla le salvó la vida durante la guerra civil?

-Es muy probable que lo hubieran fusilado sin su intervención. Si en el caso de García Lorca, desgraciadamente, Falla llegó tarde, con mi abuelo llegó a tiempo.

-Yendo a la versión actual de la obra de Falla, usted ha construido unos títeres gigantescos, de nueve metros de altura. ¿Qué dificultades técnicas y mecánicas ha tenido que resolver?

-Es investigación y ensayo. Aunque en la Compañía Etcétera ya teníamos la experiencia del dinosaurio que construimos en 'Soñando el carnaval de los animales'. Los mecanismos se sostienen sobre poleas y contrapesos que fabrican una gran máquina escénica. Ha sido una tarea de tres años.

-¿De qué materiales están hechos?

-Son muy variados. Pero, fundamentalmente, de resina acrílica mezclada con fibra de vidrio, posteriormente tallada o modelada. Y las estructuras, de aluminio.

-¿Le enseñó su abuelo secretos del oficio?

-Mi abuelo era un artista polifacético, catedrático de Dibujo y escenógrafo. Con los títeres sólo trabajó para 'El retablo de Maese Pedro', y antes, en casa de García Lorca, junto a Falla, con los títeres de cachiporra. Le hubiera gustado seguir explorando ese camino, trasladar las obras clásicas al teatro de títeres para niños, pero ese deseo no cuajó. Yo no lo conocí personalmente; sin embargo, siempre fue una presencia mítica en mi casa y es seguro que me contagió la admiración por la creatividad.

-Usted reivindica la función profesional de los titiriteros, que algunas opiniones y opinantes minimizan o devalúan...

- Yo soy un titiritero, por más que mis creaciones suban a los grandes teatros. Y esta es una profesión que siempre ha estado devaluada. 'El retablo de Maese Pedro' fue precisamente un intento de dotar de importancia a los títeres, algo que no sólo ocurría en España, sino que también lo planteaban las vanguardias en toda Europa. Yo creo que el público no es consciente de la relación de los títeres con el arte. El personaje más famoso de la historia del cine reciente es un títere, E. T., aunque se crea que es un extraterrestre...

-Su versión escenográfica viene precedida, tras el estreno en el Liceo, de notables expectativas, por lo que tiene de sorprendente. ¿Puede adelantarnos alguna de las sorpresas, sin desvelarlas del todo'

-Es mi visión plástica y escénica de la lectura de El Quijote y de la obra de Falla, en la que se mezclan realidades e irrealidades en un juego de capas. Las sorpresas, si acaso, vendrían porque el tamaño gigantesco de los títeres, acaba pareciéndole normal al espectador. Y no sé si los miembros de la orquesta, por comparación, se antojan los títeres verdaderos.

-La coproducción de la obra ha reunido a la Ópera de Oviedo, el Liceo, el Teatro Real, el de la Maestranza, el Calderón y a su compañía, Etcétera. ¿Cómo se logra conjuntar tantas voluntades?

-Hacía tiempo que el Teatro Real quería trabajar con nosotros. Yo les sugerí la idea de la obra. Y el resto, se fue sumando de modo natural. Es una buena noticia que colaboremos en este país.

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