Pagan 18.000 euros por el perro 'Calé'

Los canes de su jauría no responden a un canon determinado y proceden del cruce entre perros de sangre grifón y sabueso El montero Santiago Sañudo cerró hace días la venta de cuatro perros de rastro en 41.000 euros

Santiago Sañudo Díaz, a la izquierda, con su amigo David González, acompañados por los perros 'Pinta', 'Haya' y 'Chori'. ::
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Santiago Sañudo Díaz, a la izquierda, con su amigo David González, acompañados por los perros 'Pinta', 'Haya' y 'Chori'. :: G. F. B.

El cántabro Santiago Sañudo Díaz, de 30 años, maderista y ganadero de profesión y cazador de solera, es un montero habitual en las cacerías que se celebran en diferentes espacios de la comarca oriental asturiana. Acompañado por sus perros resulta frecuente encontrarle en los montes de Onís, Cabrales, Llanes y Cangas de Onís y sus actuaciones terminan felizmente en el desalojo de las piaras de jabalí de sus encames.

Es vecino de la localidad de Coo, en el municipio de Los Corrales de Buelna, y con su perro 'Calé' se proclamaba en mayo de 2008 campeón de España de perros de rastro de jabalí, en una prueba que se celebró en la provincia de Burgos.

A partir de ahí, recibió interesantes ofertas de compra por el can y siempre se negó a venderlo. Hace unos días cambió de opinión e hizo caja. Y es que de una tacada vendía cuatro perros en 41.000 euros. Por 'Calé' le pagaron 18.000; a 'Pirata' lo vendía en 15.000, mientras que entregaba a 'Zola' y a 'Maya' por 5.000 y 3.000 euros, respectivamente.

Y ya está trabajando con otra excelente collera de la que forman parte 'Pinta', 'Haya' y 'Chori', este último descendiente de 'Calé'. Su jauría no está basada en perros que respondan al canon de una raza determinada, sino que «proceden de cruces entre grifón y sabueso español», explica Santiago. Lo esencial es que «conservo la misma línea de sangre desde hace 16 años y que todos los cachorros proceden de perros contrastados para la caza». Y también comenta que para tener un buen perro de rastro «resulta imprescindible pasar muchas horas y días en el monte».

¿Se puede vivir de la venta de perros de caza? Santiago opina que «sí, pero hay que tener mucha suerte». A él le siguen llamando casi todos los días desde diferentes lugares de España pero «en este momento no tengo perros para vender con garantía y los buenos los reservo para mí», comenta.

Casi todas las cuadrillas de la zona cuentan con jauría propia y en caso contrario tienen que contratar a un grupo reducido de monteros. Cada uno de esos expertos en descifrar el hilo invisible que une la pezuña del verraco con la trufa del perro, cobra entre 120 y 150 euros por batida. Santiago acude «gratis». Y dice que «es una de mis rarezas, no cazo por dinero, aunque otra cosa es que venda perros». Le satisface exclusivamente «cazar con amigos, donde soy bien recibido, y aunque en ocasiones me llegaron a ofrecer 300 euros diarios, me niego a aceptarlos».

A pesar de su juventud, a Santiago no le falta trabajo: es propietario de «un rebaño de cien vacas tudancas» y en su tierra se dedica «a la compra de madera en pie», que más tarde elabora y vende. Dentro del arte venatorio camina por las mismas huellas que los hombres del paleolítico, aquellos de hace 12.000 años convirtieron al lobo en perro y desde entonces existe entre ellos una de las amistades más antiguas y duraderas.

Hombre y lobo tenían la misma organización social y alguno de aquellos cánidos se sometió al hombre porque disponía de armas superiores para cazar: piedras, lazos y flechas. La colaboración se sustentó en razones venatorias, para poder matarse el hambre uno a otro.

En los últimos 120 siglos las cosas han cambiado muy poco. El pasado 1 de noviembre los perros de Santiago 'agarraban' a dos jabalíes, sin mas ayuda que sus patas, en el lote cántabro de Rodil y La Bacera.