Nombres comerciales

FELIPE BENÍTEZ REYES

Igual que existe en los ayuntamientos un negociado que revisa los proyectos de los comercios que tramitan su apertura, creo que debería existir también un negociado que inspeccionara el nomenclátor de tales comercios, para evitar en lo posible los bautismos anodinos, ya que, a fin de cuentas, todos los comercios inciden en lo que ahora se llama el paisaje urbano: a lo mejor no entramos en nuestra vida en la Mercería Merchi, pero igual tenemos que pasar veinte veces al día por delante del letrero que la anuncia. Pues bien, y a eso iba: si existiera ese negociado, Merchi, titular de la 'Mercería Merchi', recibiría un escrito municipal en estos términos: «Señora Merchi, una vez revisado su expediente, le proponemos que su comercio pase a llamarse 'El Botón Diligente' o, en su defecto, 'La Hebilla Versallesca'. Contra esta resolución cabe recurso en el plazo de quince días hábiles».

La abundancia de franquicias ha uniformado una buena proporción del comercio, de modo que no hay cosa que se parezca más a una calle comercial de Cádiz que una calle comercial de Londres. Y, dado que cualquier síntoma de globalización resulta alarmante para los partidarios de los hechos diferenciales, deberíamos extremar el celo, ya digo, en la singularización nominal del pequeño comercio.

Podríamos empezar por las funerarias, que tienden por rutina al simbolismo lúgubre en su denominación. Se le ocurren a uno marcas diversas para estos negocios que tienen la particularidad exclusiva de que sus clientes sean difuntos: Funeraria la Sorpresa Póstuma, o incluso, si se es partidario de las acuñaciones humorísticas, Funeraria el Hasta Luego, Lucas. Podríamos seguir por las panaderías, ya que no es lo mismo una Panadería Martínez que una Panadería la Levadura Hechizada, no es lo mismo una Panadería Santa Catalina que una Panadería la Blancura Etérea. Y con las confiterías lo mismo: algo que sugiera lujuria y dulzura, capricho y pecado venial. No sé: Confitería el Cuello de Azúcar, o bien Pastelería la Perla Secreta.

Las pescaderías son de los negocios que menos se preocupan por la búsqueda de una marca, y casi todos los pescaderos recurren a su apellido, como si los peces fuesen parte de la familia. No sé por qué, ya que hay bastante campo: Pescadería el Escualo Sigiloso, Pescadería el Caracol Meditabundo, Pescadería la Gamba en Fuga. Las fruterías tampoco van mucho más allá, y es una lástima, porque toda fruta tiene algo de producto venido directamente del Jardín del Edén antes de que las cosas se torcieran allí por una simple manzana. Y, aparte de estas tonterías, qué frío.

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