Las redes inteligentes permiten ahorrar el 30% en el consumo de electricidad

La inversión mundial en estas tecnologías superará los 33.000 millones de dólares en el año 2014

MARÍA JOSÉ ALEGREMADRID.
Vista de Klettwitz, Alemania, una de las áreas de Europa con más generadores de energía eólica. ::
                             AP/
Vista de Klettwitz, Alemania, una de las áreas de Europa con más generadores de energía eólica. :: AP

Los consumidores «tendrán que pagar más y consumir menos» energía. Este enunciado del presidente de Iberdrola, Ignacio Galán, en una reciente entrevista, resume el sentir del sector eléctrico español. Sus dirigentes desfilaron la pasada semana, a puerta cerrada, por la subcomisión de Industria del Congreso, y la mayoría trasladaron después en público estas o parecidas ideas. La planificación energética de los próximos años requiere fuertes inversiones empresariales para garantizar el suministro si al mismo tiempo se quieren recortar las emisiones contaminantes.

¿Se puede pedir que pague más al usuario doméstico español, al que la factura de la luz le subirá en torno al 2,7% el próximo 1 de enero y, con seguridad, tendrá que soportar otro encarecimiento el 1 de julio? ¿soportará la industria, duramente sacudida por la crisis, alzas bastante más elevadas en uno de los factores básicos para su producción?

La cumbre de Copenhague ha quedado atrás, pero conseguir los cambios demandados por los políticos implica para el sector enormes inversiones -incluyendo la generación baja en carbono- en instalaciones de renovables y, en su caso, energía nuclear, así como en equipos que mejoren la eficiencia energética. Y, según Galán, sólo si las empresas esperan obtener rentabilidad conseguirán la necesaria financiación de los bancos.

Renovables al margen, queda mucho por hacer en materia de eficiencia energética. Además de rebajar el consumo por unidad de producto, se puede potenciar el despliegue de redes inteligentes para conseguir el máximo aprovechamiento. Existen tecnologías de la información que, aplicadas a los sistemas eléctricos, permiten reducir hasta un 30% el consumo de electricidad y limitar de forma drástica la necesidad de construir nuevas centrales eléctricas y de explotar fuentes de generación nocivas para el medio ambiente. Si bien la energía más barata y la que menos contamina es la que no se consume, aprovecharla al máximo permite ahorrar sin perder calidad de vida.

Mayor eficiencia

En el horizonte de 2020, la electricidad cubrirá un porcentaje cada vez mayor de la demanda energética global. La eficiencia media de las redes actuales es del 33%, mientras las basadas en tecnologías más recientes alcanzan un aprovechamiento del 60% de la producción.

Jesús Navarro y Peter Bommel, consultores de Deloitte especializados en industrias y recursos de la energía, explican que, en términos generales, los proveedores de redes inteligentes «añaden control informático y conexiones de red a lo que, de otro modo, sólo sería un laberinto de cables interconectados».

Soportes de una red inteligente son los gestores y usuarios. Los primeros 'administran' la demanda realizando ajustes en la carga de la red. Ese funcionamiento, que en España corre a cargo de Red Eléctrica, permite a las empresas de generación utilizar fuentes de energía menos contaminantes, como la hidroeléctrica o la nuclear, las 24 horas del día. La producción con renovables se maximiza, al tiempo que se reduce la necesidad de uso de las instalaciones que emiten más CO2 a la atmósfera.

En general, las redes inteligentes aumentan la eficacia del proceso de generación de electricidad a partir de combustibles convencionales, conectan las fuentes de energía sostenibles a la red existente y reducen las pérdidas de energía en la transmisión y distribución, unas fugas que hoy rondan el 7%.

Los clientes finales, incluidos los domésticos, tienen un papel muy activo. Al disponer de un contador inteligente pueden programar determinados consumos en las horas más baratas. La antigua «tarifa nocturna» y la actual discriminación horaria ya se han aplicado en España, pero ahora se trata de ir más allá.

Evitar sobrecargas

Con una información más completa, los hogares pueden ajustar automáticamente - sin estar pendientes del reloj- su consumo y ayudar a evitar sobrecargas en la red durante los picos de demanda. La tecnología disponible permite, por ejemplo, instalar un climatizador programado para elevar -o bajar- la temperatura unos pocos grados cuando el precio de la energía, que se basa en la demanda de la red, alcance un nivel determinado.

Para los usuarios, el contador inteligente es la pieza clave para ahorrar en el consumo y en el recibo de la luz. Los consultores de Deloitte estiman que ya en 2009 se alcanzará una cifra mundial de pedidos de 73 millones de unidades, frente a 49 millones dos años atrás.

En España se impuso la obligación de instalar contadores inteligentes a partir del 1 de julio de 2007, y existe un plan de sustitución de viejos contadores, pero se ha avanzado poco en el uso de sus capacidades. Las empresas no disponen de un marco retributivo adecuado ni se ha definido el modelo de prestación de servicios.

Pero el desarrollo de redes inteligentes supone inversiones cuantiosas. El gasto mundial en estas actuaciones ascendió a 12.000 millones de dólares en 2008 y casi triplicará esa cifra en 2014, cuando supondrá 33.000 millones. Los consumidores percibirán incrementos en su tarifa, al repercutir las empresas eléctricas esa inversión en la factura del cliente final.

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