Diez años sobre una vía rápida

Los alcaldes reconocen el impulso económico que supuso la puesta en marcha de la autovía Hace una década que se abrió parcialmente el tramo Llanes-Llovio. Su ejecución ha transformado la comarca

En obras. Imagen de 2001 durante la construcción del viaducto de Llovio sobre el río Sella, en el tramo Llovio-Caravia, que fue inaugurado en noviembre de 2002. ::
                             NEL ACEBAL/
En obras. Imagen de 2001 durante la construcción del viaducto de Llovio sobre el río Sella, en el tramo Llovio-Caravia, que fue inaugurado en noviembre de 2002. :: NEL ACEBAL

El Ministerio de Fomento abrió al tráfico de forma parcial el trazado entre Llanes y Llovio de la autovía del Cantábrico hace exactamente diez años. Su inauguración y la progresiva construcción de otros tramos fueron claves para el crecimiento económico de la comarca. Hoy, una década más tarde, sigue pendiente el tramo Unquera-Llanes que comenzó a ejecutarse en 2008, pero del que ya nadie se atreve a fijar una fecha para su puesta en marcha.

La apertura parcial de aquel primer tramo tuvo lugar quince meses más tarde de lo previsto y fue austera. De hecho, tendrían que pasar casi dos años, en el verano de 2001, para que la misma empresa abriera tres de los cuatro carriles de aquel recorrido y apareciera en escena el entonces ministro de Fomento. Hizo la foto de rigor y dio por acabado definitivamente el Llanes-Llovio, cuyo coste final superó los doce mil millones de las entonces pesetas, y que desde entonces ha sido utilizado por millones de conductores para evitar buena parte de las peligrosas curvas de la vieja N-634 que, poco a poco, ha ido perdiendo adeptos reduciéndose el tránsito masivo por los núcleos de población.

Tras aquella foto de julio de 2001, las visitas del ministro Francisco Álvarez-Cascos fueron numerosas. Apenas unos días más tarde, el político asturiano volvería a la zona para abrir el trazado de la A-8 entre Colunga y Caravia, algo más de siete kilómetros y más de siete mil millones de pesetas de inversión, aunque tuvo que escuchar críticas por el retraso que acumulaban el resto de los tramos. Luego, con la apertura del nuevo vial entre Caravia y Llovio, en noviembre de 2002, -11,6 kilómetros en los que se invirtieron 157 millones de euros- se completaba la construcción de la carretera que permitiría circular desde Villaviciosa hasta Llanes por doble carril, y el responsable de Fomento vino entonces más relajado a hacerse la foto. En parte, se superaba el retraso viario del Oriente. Sólo quedaba pendiente el Unquera-Llanes, sometido entonces a la investigación judicial en la Audiencia Nacional y motivo de disputa entre las principales fuerzas políticas. Hoy, una década más tarde, sigue sin ser una realidad aunque por fin está en obras.

Pero aquel escollo de 23 kilómetros no impidió que Cascos se extendiera más de lo habitual en su discurso, vaticinando el éxito de la infraestructura y el progreso que traería allá por donde ésta pasase. Eso sí, advirtió de que la posibilidad de recorrer Asturias en dos hora del Occidente al Oriente «no es una garantía, sino una oferta más» para el desarrollo de la sociedad asturiana, por lo que emplazó a los alcaldes a no desaprovechar esta oportunidad. «La conclusión de todo el trazado de la autovía del Cantábrico supondrá un cambio estructural en las relaciones entre los asturianos y la apuesta por un nuevo marco de encuentro inimaginable hace unos años», alentó.

De ello dan fe hoy los alcaldes de los municipios de la costa oriental que, con la progresiva apertura de los diferentes tramos de la autovía, han sido testigos del notable crecimiento económico y urbanístico que han vivido sus pueblos, aunque en su opinión no de forma saturada.

La entrada en funcionamiento del tramo Llanes-Llovio supuso, a juicio de la alcaldesa de Llanes, «un cambio de ritmo general en la actividad, que ha repercutido en la mayoría de los sectores económicos» porque, resume, la autovía «es sinónimo de desarrollo». Además, añade, la progresiva apertura de los tramos de la autovía ha supuesto una importante «mejora en las comunicaciones del municipio» con la zona central de la región y un «aumento evidente de la seguridad en los desplazamientos por carretera».

Coincide con ella el alcalde de Ribadesella, el socialista Ramón Canal, quien entiende que la autovía ha mejorado tanto la comunicación del concejo, que son muchos los vecinos del centro de la región quienes visitan cada fin de semana el municipio «para pasar el día», dejando importantes ingresos en la hostelería de la zona. Otra de las consecuencias de la construcción del eje del Cantábrico y de la expansión inmobiliaria ha sido, dice, «el acercamiento de la sociedad vasca, que ha visto en la zona el lugar perfecto para comprar su segunda vivienda». Pero lo que más valora Ramón Canal es la «comodidad» que la autovía ha ofrecido a sus paisanos para acceder al centro de la región, aunque considera que no es suficiente, por lo que pide mejorar la comunicación a través de trenes de cercanía.

La reducción del tiempo del viaje entre el centro de la región y la comarca la han disfrutado principalmente los municipios de Colunga y Caravia que, no sólo han visto crecer sus pueblos, sino que han comprobado cómo muchos de sus vecinos optaban por asentarse en sus municipios pese a tener en el centro de la región su lugar de trabajo. «La autovía ha supuesto un cambio radical en el concejo porque ha abierto la posibilidad de vivir en Caravia y trabajar fuera. Antes el viaje era una tortura, pero ahora estamos a un paso», valora el alcalde de Caravia, Pablo García. Por si fuera poco, la vía rápida les ha permitido crear un polígono industrial con atractivo para empresas de fuera del concejo.

Más expresivo fue el alcalde de Colunga, Rogelio Pando, quien entiende que esta carretera «permitió poner al concejo de Colunga en el mapa». En su opinión, fue muy importante el impulso que supuso la entrada en funcionamiento de esta infraestructura para el sector turístico, aunque siempre aderezada con otros recursos propios como el Museo Jurásico de Asturias, las playas o las montañas, claves para que esta carretera surgiera el efecto esperado.

Otro de los municipios beneficiados por la construcción de la autovía del Cantábrico fue Ribadedeva aunque, a falta de abrir el Unquera-Llanes, en este municipio se sacó mucho más rendimiento al enlace con Cantabria. «Está claro que una infraestructura como ésta genera movimiento económico e intercambio de personas. En definitiva, progreso. Aunque en nuestro caso nos acercó a Madrid, a Valladolid, a Cantabria, al País Vasco....», enumera el alcalde del municipio, Alejandro Reimóndez. Y, aunque no todo lo que les gustaría, a los ribadedenses también les han acortado los plazos para viajar al centro de la región y confían en notar de lleno el cambio cuando se construyan los 23 kilómetros pendientes. «Lo que está claro es que todos los territorios por los que pasa la autovía se dinamizan automáticamente, primero por la creación de puestos de trabajo durante la obra, y luego porque favorece el progreso». Pero ojo, Reimóndez advierte de que la autovía es un arma de doble filo y es necesario que los territorios ofrezcan otros recursos «para que la gente no pase de largo».