AMOR FOU O UNA DE REBAJAS

JUICIOS SIN VALORROSA ISABEL IGLESIAS

Érase una vez una cabra que vivía en Afganistán. Concretamente pa' la parte de Kandahar. La vida de la cabra, a pesar de los rusos, los talibanes, la alianza del Norte y cualquier otra cosa, transcurría como viene transcurriendo la vida de una cabra. Sin más sobresaltos que los propios de la raza caprina. Pero hete ahí, que ella tenía unos pelos sensacionales que en Kandahar venían siendo puxarra, pero en el mundo occidental eran oro molido. Y ahí que a la cabra le peinan la melena, se la cortan y, por arte de birlibirloque y tras muchas vueltas, de las que da la vida de las cabras, esa lana se convierte en un cardigan. Que es lo que viene siendo una rebeca, pero tres cuartos. Y esta chaqueta, en color lila, aparece un día en una tienda de Gijón, de pa' la parte del centro.

Y quiso el altísimo, o quien fuera, que un buen día y tras un vermú largo, yo mismamente o el espíritu que me queda tras tres vinos, la viera, la tocara y me enamorara de ella. Pero ya se sabe que el amor a veces sale tan caro que es inasumible. Yo la visitaba de cuando en cuando y algunas noches pasaba por el exterior de la tienda en la confianza de verla. De que nadie la hubiera comprado. La deseaba en silencio unos días y otros, a grito pelado. Mi corazón decía 'sí', mi cartera 'no' y mi tarjeta tiritaba de lástima. Claro que el amor acaba por tener su momento cuando es verdadero. (Cuando no también, pero eso es otro artículo). Y siempre hay un día, siempre un momento, y la ocasión se pinta cuando calva cuando de cachemir.

Y llegó enero, el frío polar y el 70% y ella continuaba allí. Porque cuando algo es para ti, no te lo quita nadie, que así es el amor (o con eso me engañaron siempre, pero eso es otro artículo). Y pude acceder a ella, mi cartera dijo «veeeenga». Mi tarjeta dijo «ya te vale». Y en segundos estaba en una bolsa y recorría con su legítima propietaria las calles de pa' la parte del centro en dirección a su casa, que es la mía.

En mi armario está desde antes de ayer. Es suave, es bonita, las amigas de mi madre me dicen que es una inversión sensacional. Pero. no me gusta el lila, ni me favorece. Me da miedo estropearla, que coja olor de llagar, que me la quemen, que le salgan bolas, que sea de Al Qaeda. No se, a veces uno espera demasiado del amor y de las rebajas.

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