«Los nuevos bárbaros adoran el dinero»

El escritor asturiano reflexiona en 'Parque de Ídolos' acerca de la Historia y sus mitos, en clave crítica y desde el presente Rubén Rodríguez Poeta

ALBERTO PIQUEROOVIEDO.
Rubén Rodríguez presenta un nuevo poemario. ::
                             JESÚS DÍAZ/
Rubén Rodríguez presenta un nuevo poemario. :: JESÚS DÍAZ

Poeta y profesor de Historia, que a veces cruzan el puente de un lado al otro sin perder en ningún momento la identidad de cada dominio; ex presidente de la Asociación de Escritores de Asturias, que durante su periodo de gestión adquirió nuevas proyecciones, Rubén Rodríguez (Oviedo, 1972) continúa su trayectoria literaria que comenzó con los poemarios 'Una llave en Salónica' y 'Anatomía perfecta', prosiguió mediante el ensayo 'Hacia el lugar del canto: Apuntes para una futura poética', y ahora recala en 'Parque de Ídolos' (Editorial Difácil, 2009), versos que exploran el mundo clásico en clave de presente de indicativo y nos trasladan asimismo a las orillas de algunos de los autores que más han influido en las propias creaciones de Rubén Rodríguez, de Constantin Cavafis a Homero o el reciente Premio Cervantes, el mexicano José Emilio Pacheco.

-La obra se divide en tres capítulos y un epílogo. ¿Cuáles fueron los motivos para elegir esa estructura?

-Es el modelo estructural que me pareció más indicado para abordar una narración poética en la que se anudan los mitos y la historia. Son capítulos diferenciados que, sin embargo, a pesar de esa diversidad, mantienen una coherencia de fondo.

-Vayamos con cada uno de esos capítulos. Para empezar, 'Habla Cavafis'...

-Es uno de los poetas que más admiro, con lo que ya quedaría justificado el homenaje que le rindo. Los poemas arrancan con versos suyos -de la traducción de José María Álvarez, en Hiperión-, y establezco un diálogo y un juego literario con los mismos, si bien no reelaboro el poema de origen, sino que sencillamente constituye la base de partida desde la cual se alienta la construcción del nuevo poema, que toma un curso personal e incluso puede distanciarse de los versos que lo inspiraron. Como es lógico, tratándose de Cavafis, está muy presente la época clásica.

-'Odiseo y Calipso'...

-En este caso, es evidente que la fuente en la que bebo es la de Homero. Aquí el estilo resulta más fragmentado, a modo de una caja dentro de otra caja. Y el espacio temático está ocupado por el amor y el desamor, representados respectivamente por las figuras de Odiseo y Calipso.

-'Parque de Ídolos', que da título al libro y configura su cuerpo central, parece asimismo el tránsito más complejo y variado, por momentos incluso algo hermético. ¿Lo considera usted así?

-Bueno, en principio he de decir que en este capítulo existe asimismo un homenaje encubierto a otro de mis autores de referencia, José Emilio Pacheco. 'Parque de Ídolos' es un verso suyo. Predominan los poemas históricos sobre los mitológicos, referidos a la Antigüedad decadente. Y, sí, es cierto que hay un cierto hermetismo, en el sentido de que no se explica todo y se deja al lector que complete las sugerencias. No obstante, el poder es un elemento primordial en estos poemas, como motivo de reflexión del pasado y el presente.

-El epílogo, 'Máscaras modernas', nos acerca a un tiempo histórico más próximo...

-Son tres poemas que se aproximan a tres episodios relativamente recientes, los Tercios españoles, la época del zar Nicolás II que preludia la inminente Revolución en Rusia y a modo de conclusión abierta, 'Budapest 2009', que es fruto de un viaje que hice en tren el pasado verano por Bulgaria, Rumanía y Hungría. En Budapest, hay una plaza que suele despertar el interés de todos los turistas por su magnificencia. Yo quise contemplarla desde otro prisma, desde ese lado de la Historia que no es una postal, sino que conlleva en su seno la sangre que derraman todos los pueblos en sus procesos históricos, más allá de los reyes y las arquitecturas solemnes que permanecen en el tiempo.

-'Parque de Ídolos' se abre con unos versos de Cavafis que dicen así: «Aunque hayan derribado sus estatuas/ y estén proscritos sus templos,/ los dioses siempre vuelven». ¿Una crítica al racionalismo extremo, que en el poema está encarnado por Arquímedes?

-Sí, a la manera del mito de Ícaro, en el que el sol (el conocimiento) derrite las alas del investigador científico. Arquímedes era un sabio, pero no pudo impedir la muerte que asoló a los habitantes de Siracusa. Esa es también nuestra actualidad, la omnipresencia de la muerte a pesar de todos nuestros avances científicos y tecnológicos.

-En el poema 'Esperando a los bárbaros', la barbarie de ayer y la de hoy se anudan. Pero, ¿quiénes son los nuevos bárbaros?

-Están reflejados en la prosa de cada día, en la adoración del dinero, en el consumo como formación de la identidad, en la contaminación... El poema desarrolla la metáfora del ruido ensordecedor, que nos impide escuchar y entender.

-Se dice que Asturias está atravesando una edad de plata poética. ¿Se suma a esa opinión?

-Pienso que las jóvenes generaciones, Jordi Doce, David González, Pelayo Fueyo, José Luis Piquero, Javier Almuzara, Marcos Canteli, Jaime Priede..., representan un amplio abanico de estilos de una manera muy notable.