Los Noriega, en lucha por su torre

Nace un movimiento para salvar el símbolo patrimonial del pueblo ribadedenseEl Ayuntamiento de Ribadedeva intenta desde hace años adquirir la fortaleza que cada vez presenta un estado más deteriorado

COLOMBRES.
Una imagen reciente de la torre de Noriega, que los vecinos quieren recuperar. ::
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Una imagen reciente de la torre de Noriega, que los vecinos quieren recuperar. :: ACEBAL

Orgullosa se erige la vetusta torre de Noriega en el pueblo de su mismo nombre. Imponente, flanquea aún el Oriente de Asturias luchando contra el paso del tiempo y la dejadez de quien no es capaz o no puede apreciar y salvaguardar su preciada historia. La fortaleza que los árabes levantaron en el siglo VIII está, sin embargo, dejando de parecer un monumento infranqueable. El pueblo de Noriega está a punto de ver cómo la hiedra esconde bajo su color verde las piedras irrompibles de la historia. El concejo de Ribadedeva no puede hacer nada por evitar que las ruinas sustituyan a los grandes muros que un día dieron cobijo al monumento medieval, el Ayuntamiento lleva años urgiendo su adquisición -ahora en propiedad privada- para poder recuperar lo que está recogido como «monumento de primer orden en la comarca e inventariado como patrimonio arquitectónico de Asturias».

El tiempo ha ido pasando y la burocracia es demasiado lenta, ajena al paso de los días, semanas, meses y años que van dañando gravemente el aspecto de la joya medieval ribadedense. Pero el daño no es sólo físico. El sufrimiento no es sólo para el conjunto artístico. Las heridas les duelen también a los vecinos que, impotentes, ven cómo, otra vez el tiempo, pasa sin poder hacer nada. Es por eso que, ahora, ha nacido un movimiento popular hecho público por una de sus mayores promotoras, Isabel Gutiérrez de Quevedo, y que, si llega a buen puerto, no tendrá precedentes en la historia de la comarca oriental y, tal vez, tampoco en la regional. La Torre de Noriega nació para permanecer en la historia y la idea del levantamiento popular pasa porque todos los que lleven el apellido, el Noriega, aporten su grano de arena a mantener en pie la vetusta torre.

Según los datos recogidos en el Instituto Nacional de Estadística existen en España un total de 9.331 personas que lo lucen en su DNI. Si cada una de ellas aportara «diez euros a la causa», la cantidad serviría para afrontar la compra del monumento patrimonial. La cantidad, no obstante, sería un punto de partida porque la cifra que resulta de la suma total no daría, a buen seguro, para adquirir el conjunto artístico. «Hay que aunar voluntades. Sólo entre muchos se pueden fraguar proyectos sólidos y eficaces. Siempre se han movido mejor los cambios desde la base» y he aquí la idea de esta vecina de Vilde que, entusiasta, pretende enarbolar la bandera de la protección y que, además, «todos los Noriega se sientan orgullosos de ayudar a recuperar este patrimonio tan antiguo».

No basa sólo sus razones en algo puramente sentimental. La lucha por la permanencia de la infraestructura árabe se asienta en la riqueza de cada una de sus piedras, en la historia que se esconde tras su imponente construcción. Citando así la enciclopedia 'Asturias' la ribadedense comienza de este modo su exposición: «En el centro del concejo se encuentra Noriega, a quien da renombre especial su vetusta fortaleza. Allí estuvo la casa solar origen de la nobilísima familia Noriega, de la que son ramas muchas tituladas como Vega del Sella, Peñaflorida, Deleitosa o Hermosilla», subraya. «La tosca torre que queda es construcción de la Reconquista y está dominando la bella y umbrosa explanada. No hace mucho que se quitó el puente levadizo y se cegó el foso, pero a pesar de esas reformas, el torreón demuestra en su conjunto su indiscutible antigüedad. Desde el vetusto pavimento donde arranca el almenaje, abarca el espectador grandioso panorama», describe.

A nadie pasa imperceptible la Torre, símbolo de un pueblo y de un municipio entero. Pero tampoco lo hace el estado en el que se encuentra. Han visto como su reliquia con un valor incalculable va pasando poco a poco a ser una ruina.

La torre ha escrito miles de historias. Sus paredes, guardan secretos y capítulos de vidas. La torre, cuentan, sirvió de guarida a la hermana de Don Pelayo, Adosinda, casada con el gobernador musulmán Muruza y cuya historia de amor marcó el rumbo de los acontecimientos de la Reconquista. O al menos eso dicen los vecinos. Han pasado más de dos décadas desde que los lugareños vieran cómo la destrucción de su tesoro comenzaba a vislumbrarse. Antaño podían los mismos vecinos admirar desde la parte más alta del torreón los paisajes entre las montañas del Valle Oscuro y la majestuosidad del Cantábrico en San Vicente de la Barquera. Ahora no serían capaces de subir porque el tiempo ha cortado cualquier acceso. La mala gestión de los herederos, la falta de atención hacia la maravillosa creación y la dejadez absoluta para mantenerla viva han hecho que la Torre de Noriega se entorne ante su historia.

Y con todo ello, para recuperar la memoria de los vecinos y para honrar el patrimonio arquitectónico surge este movimiento, este llamamiento a todos los Noriega y, en especial, a todos aquellos que con el mismo sobrenombre, por casta, hayan llegado o sigan siendo todavía personas de gran poder, intelectual y adquisitivo. Ahora toca moverse y adherirse a una idea sin ningún doble fondo. Aunar voluntades, como dice la promotora, para lograr recuperar la historia que se escribió en el interior del torreón.