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Hadamar: las víctimas olvidadas de la medicina nazi

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Hadamar: las víctimas olvidadas de la medicina nazi

27.01.10 - 03:40 -
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Antes de que el nacionalsocialismo decidiera la «solución final a la cuestión judía», se realizó en la Alemania nazi el programa de eutanasia. El odio a los judíos sólo era comparable con el odio a los enfermos mentales incurables que se hacinaban en los manicomios de la época. Su exterminio formaba parte de la política de purificación racial que el régimen de Hitler había comenzado nada más llegar al poder en 1933 con la ley de esterilización forzosa. Cuatrocientos mil alemanas y alemanes fueron obligados a entrar en el quirófano para mutilarles su derecho a la maternidad y paternidad. Junto a esta eugenesia negativa promovieron planes de ayuda a los niños nacidos de padres arios, eugenesia positiva, mediante la red de casas conocida como el 'Lebensborn' y los premios a la maternidad aria.
Con el inicio de la Segunda Guerra Mundial, se puso en marcha el programa de eutanasia, la matanza sistemática de los enfermos ingresados en los manicomios. Para ello se creó una organización burocrática, con el nombre encubierto de 'Aktion T4', encargada de gestionarla. Si Auschwitz simboliza el intento del nacionalsocialismo por exterminar a los judíos europeos, el manicomio de Hadamar, una pequeña ciudad de Hessen, representa la utilización criminal de la medicina y de los médicos para aniquilar a los enfermos sin posibilidades de curación.
Las cámaras de gas y los hornos crematorios en la Alemania nazi se diseñaron primero para el exterminio de los enfermos incurables y, más tarde, se emplearon para el Holocausto. Este trágico episodio del nazismo ha permanecido, sin embargo, oculto durante mucho tiempo, a pesar del inmenso número de sus víctimas: unos doscientos mil en Alemania, más otros cien mil en los países ocupados, sobre todo en Polonia y en Rusia.
¿Por qué el olvido del exterminio de los ciudadanos alemanes más indefensos? Las razones que se pueden esgrimir son muchas. Me limitaré a mencionar las más importantes. La primera es que las víctimas formaban parte del pueblo de los verdugos. La segunda, que la magnitud de la eutanasia, con sus trecientas mil víctimas, no tiene parangón con el holocausto de los pueblos judío y gitano, con cerca de seis millones de víctimas. La tercera, porque mientras que los supervivientes del holocausto comenzaron a contar lo sucedido inmediatamente después de ser liberados (Primo Levi, Jean Ámery y otros muchos), los enfermos no pudieron relatar el infierno al que estuvieron sometidos.
Todavía hoy siguen sin existir relatos o testimonios de las víctimas de la eutanasia nazi. Los verdugos, los psiquiatras que seleccionaban a los pacientes incurables y los médicos encargados de abrir la llave del gas mortífero, guardaron silencio y el resto de la medicina alemana de posguerra no quiso ahondar en estos crímenes en aras de restablecer la relación de confianza entre médico y paciente. Sólo a partir de los años ochenta del pasado siglo y, sobre todo con la reunificación alemana que han aparecido muchas de las historias clínicas de las víctimas, es cuando se ha empezado a investigar el lado más oscuro de la historia de la medicina.
La trilogía compuesta por 'Hadamar primero, Auschwitz después' (Valencia 2000), 'Potsdamer Platz' (Berlín), 'Plaza de los Naranjos' (Marbella) (Valencia, 2004) y 'La «eutanasia» en la Alemania nazi y su debate en la actualidad' (Valencia, 2009) se presenta el viernes, 29, en un acto organizado por el Ateneo Obrero de Gijón en la Biblioteca Pública Jovellanos. Estos tres libros representan un intento por rescatar la memoria de las víctimas más olvidadas del nacionalsocialismo.
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