Javier Fernández, el candidato socialista

MACARENA ARRESEIGOR | GIJÓN
Javier Fernández, en una imagen de archivo. / MARIO ROJAS/
Javier Fernández, en una imagen de archivo. / MARIO ROJAS

Javier Fernández se ha ofrecido para ser el candidato socialista a la Presidencia del Principado, tal y como se esperaba después de que Vicente Álvarez Areces anunciara que no optará a la reelección tras doce años como presidente del Principado.

Desde que Javier Fernández se inició en la política ha subido peldaños de forma continua dentro del partido socialista. En 2000 alcanzó la secretaría general de su partido y ahora, como candidato socialista, tendrá la oportunidad de optar a gobernar Asturias. Nacido en Mieres (1948) llegó a la primera línea de la actividad política después de cumplir cuarenta años. En 1991 accedió a la dirección general de Minas con Juan Luis Rodríguez-Vigil como presidente del Principado.

En 1996 fue elegido diputado por Asturias y ocupó un escaño durante una legislatura en el Congreso. Tras su paso por la Cámara, regresó con una amplia experiencia parlamentaria y una estrecha relación con el actual presidente de Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el que fuera ministro de Trabajo, Jesús Caldera, en el primer Gobierno de Zapatero, cuando compartían una oposición frente al Ejecutivo de José María Aznar. De aquellos tiempos viene también la absoluta confianza que deposita en él la dirección federal del partido.

Javier Fernández nació en el barrio mierense del Requejo y se licenció como ingeniero de Minas. Tiene plaza como funcionario del cuerpo Especial de Ingenieros de Minas de la Administración del Estado. La Federación Socialista Asturiana le designó para ocupar la secretaría de Economía del partido, cargo que abandonó en 1999, cuando Areces le nombró consejero de Industria.

Una fecha señalada en el calendario de Fernández, y que nunca olvidará es el 4 de noviembre de 2000, cuando la FSA le eligió secretario general tras un gran discurso que cautivó a los delegados indecisos. Su actitud convincente, centrado en el mensaje, con una oferta de pacificación y de crear 'un territorio común de unificación de las familias' le llevó a un éxito incuestionable.

Cabe mencionar que fue José Ángel Fernández Villa quien le apoyó en la candidatura para la secretaría general de Asturias. En cambio, Areces, líder del denominado 'sector renovador', apostó por Álvaro Álvarez, secretario general de Avilés. Fernández se impuso por escaso margen a Álvarez. Pero su mandato al frente del PSOE asturiano lo ha ejercido adoptando sus criterios. Consiguió sus propias lealtades, de tal manera, que en el año 2004 renovó el cargo con el 93 por ciento de los votos y dos retos: consolidar a la organización y ganar las elecciones: las municipales, las autonómicas y las generales. Retos que superó sin duda. Y en el 2008, volvió a ser reelegido con el 95% de los votos, afrontando así su tercer mandato consecutivo con un consolidado respaldo interno.

Acabar con la división interna de las familias fue una de las primeras obsesiones que Fernández confesó a sus colaboradores más cercanos nada más llegar a la secretaria general de los socialistas asturianos que en aquella época parecía imposible de cumplir. A día de hoy, su papel pacificador y dialogante de ha desembocado en la unión de las familias. Fernández encarna el final de las mismas. Todo ello ha llevado a atribuirle la virtud de abrir caminos de consenso.

El ingeniero de Mieres no sólo puede ser hermético y reservado, como reconocen sus allegados, sino que ha demostrado ser un buen conocedor de la táctica y del manejo de los plazos ya que sabe qué caminos tomar para mantener la incógnita hasta el último instante. El mejor ejemplo de ello ha sido el proceso que le ha llevado a ser candidato. Todo según los plazos, con los estatutos del partido como brújula.

A lo largo de estos años ha demostrado ser un hombre tenaz, inflexible, pero a su vez capaz de cambiar de registros cuando la ocasión lo merece. Dejó ver su mano dura cuando aceptó la dimisión del alcalde de Siero, Juan José Corrales, por dar positivo en las pruebas de alcoholemia tras el accidente que tuvo a principios de 2000 con el coche oficial del Ayuntamiento.

Quienes le conocen hablan de él como un hombre culto y amante de la lectura, retraído y discreto frente a los micrófonos, pero cordial y accesible cuando se apagan los focos. Ahora uno de sus grandes retos será alcanzar el grado de popularidad que le permita gobernar Asturias.

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