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De toros y ética

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De toros y ética

Las corridas de toros deberían de ser suprimidas, pero no abogo por la prohibición, ni abolir las cosas por decreto ley, como hacen estos falsos progres.

17.08.10 - 03:05 -
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Terminó la feria taurina de Begoña y parece ser que ha sido todo un éxito de público. Los aficionados han sido del todo ajenos al acalorado debate que se está produciendo, a partir de la prohibición de las corridas de toros en Cataluña. Como veo que se mezclan y confunden varios tipos de argumentos en una glosa de interpretaciones sin fin, voy a intentar, en estas líneas, analizar el problema desde una óptica ética. Dado que la mayoría de los argumentos, a favor o en contra, están fundados, bien en razones políticas; donde se arguye que lo que ha hecho el parlamento catalán va en la línea de eliminar 'la fiesta nacional', para diferenciarse del resto de España; bien en la defensa de las corridas de toros por ser parte de nuestra tradición cultural, porque su origen se remonta a la 'noche de los tiempos'; o bien se discute que mucho de los antitaurinos comen carne y no les preocupa lo más mínimo la suerte de otros animales, como los cerdos, que viven hacinados entre sus propios excrementos o la delicatessen obtenida hinchando el hígado de las aves, para obtener paté. Todos ellos son argumentos, desde mi punto de vista, basados en ideologías que se dirigen a un problema distinto del que hay que resolver.
Pues bien, la cuestión estriba en ver la noción que tenemos de nosotros mismos. Es decir, podemos considerarnos seres superiores a todos los demás seres vivos. Estos argumentos se basan fundamentalmente en la creencia de un supuesto origen divino del ser humano. De tal manera, que todos los demás seres están ahí para satisfacer nuestras necesidades o nuestras apetencias, y podemos hacer con ellos lo que nos plazca. El otro argumento, en la misma línea, se basa en que nosotros tenemos esencias que nos diferencian de las otras criaturas, por ejemplo: en la tradición Aristotélica, el hombre se distingue del animal porque es racional; en las tradiciones dualistas, como la religión cristiana, el hombre tiene alma, el animal no; o en el mecanicismo cartesiano del siglo XVII, los animales son máquinas y consiguientemente podemos degradarles a puros objetos.
Pero también podemos vernos a nosotros mismos, siguiendo la teoría de la evolución de Darwin del siglo XIX (teoría científica y una de las ideas claves en la ciencia actual, la de 'evolución'), como que la diferencia entre el hombre y el animal no es de esencia sino de grado. No somos más que primates evolucionados y por consiguiente, asumir que los animales son seres como nosotros, ya que nuestras capacidades se encuentran germinalmente en la condición animal, con capacidad para sentir y sufrir.
Sentadas las bases de las diferentes concepciones que tenemos de nosotros mismos, creo que una ética a la altura de nuestro tiempo no puede olvidar la responsabilidad que tenemos con los animales. Cualquier persona sensible sentirá indignación moral por el inmenso sufrimiento infligido a los animales, sean toros, cerdos, focas, pollos etc.
Debemos acabar con las formas de tortura de todos los seres que tienen capacidad de sufrimiento, en concreto, con todos los espectáculos que tienen como base la tortura de un animal. Las corridas de toros no tienen justificación moral alguna y deberían de ser suprimidas, pero no abogo por la prohibición, ni abolir las cosas por decreto ley, como hacen estos falsos progres, que parece que quieren prohibirlo todo, desde los toros hasta el tabaco, sino que creo que a las personas hay que concienciarlas, mentalizarlas y educarlas. Todo lo que prohibamos lo haremos más atractivo, sean las corridas de toros, las drogas o el sexo. Cuando los seres humanos seamos capaces de «ponernos en la piel del otro», principio fundamental de la ética, sentiremos empatía por el que sufre y dejaremos de asistir voluntariamente a este tipo de espectáculos, que se extinguirán por ser un puro anacronismo.
Es verdad que las corridas de toros pertenecen a nuestra tradición cultural, que han inspirado la obra de grandes pintores como Picasso, Goya etcétera; también en el mundo de la música, sin los toros, no tendríamos los pasodobles: 'España Cañí', 'El gato montés' o 'el gallito'; temas preciosos, pero cualquiera, que no sea un fanático de los toros, no puede negar que es una de nuestras tradiciones más crueles y sangrientas. En las sociedades 'civilizadas', la crueldad debería tener menos adeptos y más proscrita debería de estar cualquier actividad que sea indiferente hacia el sufrimiento de los 'otros', sean personas o animales. Ahora bien, se me objetará, si es realmente distinto matar un animal por diversión o para comerlo; ya que en ambos casos acabamos con la vida del animal. Pues bien, creo que es muy distinto, como señalaba Jesús Mosterín, en su magnífico libro, 'Vivan los animales', que: «la comida de unos animales por otros es un rasgo de las cadenas tróficas de la naturaleza, que como tal no tiene nada de moral ni inmoral». En la naturaleza el pez grande se come al chico, pero los animales no torturan a otros animales, ni cazan, ni pescan por diversión, sino por necesidades biológicas. Los seres humanos, sin embargo, hemos convertido a los animales en puros objetos con los que comerciamos y diría aún más, nuestra civilización -como comenta Priscilla Cohn, en un artículo titulado: «Una Concepción inherentista de los Animales»- depende del dolor y del sufrimiento de los animales. Los usamos como comida, para vestirnos utilizamos desde la piel animal hasta los capullos de seda de los gusanos. También nos proporcionan compañía (que se lo digan a la gente que tiene perros o gatos, a los que se trata, en algunas ocasiones, con gran humanidad); diversión en forma de carreras, circos , zoos y acuarios. Los usamos como cobayas de laboratorio para estudiar el efecto de fármacos, radiaciones y productos comerciales, etcétera.
Así son las cosas, pero la ética no trata de cómo son las cosas, sino cómo deberían ser para que fueran mejores. Sé que es difícil cambiar nuestras viejas costumbres, sobre todo cuando hay mucho dinero en juego, porque la conducta humana es muy compleja; por eso, sólo nos queda deliberar, y proponer, no prohibir, ciertas formas de cambio, inculcando éticas no especieístas, para que las generaciones siguientes, respeten a nuestros compañeros de viaje -los animales- en la vida sobre la nave 'Tierra'.
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