«Me da pena Mariano: tanto esperar y los mercados le quitarán la Presidencia de una hostia»

La Semana Negra convirtió a Gijón en una ciudad cosmopolita. Si la pierde será una villa provinciana más»

CHELO TUYA | GIJÓN
«Me da pena Mariano: tanto esperar y los mercados le quitarán la Presidencia de una hostia»

Es el nombre por excelencia de El País, diario para el que ha realizado realizado los reportajes más controvertidos y firmado las columnas más seguidas. También es autora de libros tan pop como ¡Oh, es el!, melancólicos como Esperadme en el cielo y biográficos como Mujer en guerra. Con el último, Fácil de matar, lleva ya vendidos más de 40.000 ejemplares. Además de periodista y escritora, Maruja Torres es Comadre de Oro. Lo era ya desde 1994, pero no fue hasta ayer cuando recogió el galardón de manos de la última comadre galardonada, la exalcaldesa de Gijón, Paz Fernández Felgueroso.

Comadre de Oro

Y soltera. (Se ríe) Es muy difícil ser comadre y soltera. No, hablando en serio, estoy muy agradecida de este galardón que debería haber recogido hace ya tanto tiempo. Pero venir a Gijón es siempre un placer. Es dejarte acariciar, querer...venir a Gijón te rearma y ahora es tiempo de rearmarse.

Prevé una legislatura dura.

Preveo una etapa triste, aburrida. Ha vuelto la derecha más gris. La del loden. No tengo nada en contra de los registradores de la propiedad, pero Mariano Rajoy, por mucha gimnasia que haga, tiene aspecto de registrador. Me duele que vaya a registrar el país.

¿Es posible que la crisis económica impida al PP llevar a cabo su propia política?

Eso es seguro. En cierto modo, me da pena Mariano: tanto esperar y puede que los mercados le quiten la Presidencia de una hostia. Como han hecho con Italia, que han puesto a ese presidente Mario Monti que es como ver a la socialdemocracia personificada, frotándose las manos. Porque los mercados han convertido a Europa en su solar. Primero lo hicieron con Latinoamérica y ahora le ha tocado el turno a Europa. Lo que no entiendo es cómo no nos damos cuenta de que hemos vuelto a la cueva, al nido de la serpiente. Todos a la derecha.

¿La hipoteca ha acabado con las ideologías?

Los pueblos tienen mala memoria. Es verdad que hay mucho paro, pero no estamos como en Egipto, que viven con dos dólares al día. Acabo de volver de ese país, donde tengo tantos amigos, y lo que he visto es tristísimo. El golpe de Estado que derribó a Mubarack no ha cambiado nada. Los militares siguen en el poder y la gente sale a la calle para defender la comida de sus hijos. Es muy duro, pero aquí no estamos así. Zapatero se equivocó en su optimismo, pero ha pagado muy caro su error.

¿En España la izquierda si no vota al PSOE, no vota?

La izquierda española ha sido así toda su vida. Cainita, dividida, peleada. Y, además, España es así. Venimos de 40 años de dictadura, aquí no hubo siglo de las luces, aunque tengo que reconocer que a Francia de poco le ha servido tanta luz. Yo reconozco que, en el último momento, le puse los cuernos a la opción que defendí, incluso públicamente, Equo, porque me entró miedo. Todas mis amigas en Barcelona decidimos que había que votar a Rubalcaba. En defensa propia.

Sin embargo, su tierra han vuelto a ganar los nacionalistas. Y eso que los recortes habían empezado ya antes del 20-N.

No lo acabo de entender. El voto, digo. Porque lo de los recortes...es el complejo de inferioridad que tiene Artur Mas. Llevar veinte años a la sombra de Jordi Pujol genera este tipo de sentimientos. Debe haber sido muy duro y ahora quiere hacerse notar. Pero en Barcelona volvió a ganar el PSOE. Aunque no sirvió de nada.

En Asturias, región de izquierdas, también ha ganado la derecha. Primero Foro y ahora el PP.

Conozco bien a Asturias. Estuve aquí en las primeras huelgas mineras. En las primeras protestas. En una de ellas, cuando empezaban a plantearse la idea de que las mujeres bajaran a la mina, estaba ante el comité de empresa que me decía que sí, que muy bien las mujeres, pero que arriba. Que abajo en la mina no. Mientras hablaban me saqué el sujetador y me lo puse en la cabeza y así seguí toda la entrevista. Pero eso es otra historia. Decía que me resulta extraño que esa Asturias, la minera, vote a la derecha.

Pero lo ha hecho. Y con ella han llegado las polémicas. La posible desaparición de la Semana Negra. El cierre del Niemeyer.

Bestial. Lo de la Semana Negra es una prueba de qué entiende la derecha por la educación: la que entra como la purga. No la que divierte, la que entretiene. La Semana Negra convirtió a Gijón en una ciudad cosmopolita. Si la pierde, tienen que tener claro los gijoneses que será una ciudad de provincias más. Y lo del Niemeyer, fruto de la envidia. El acabar con lo que han hecho otros porque no se les ocurrió a ellos.

No la llamo bruja, pero...se atreve a predecir el futuro.

No veo futuro.

¡Hombre!

No, quiero decir que no veo qué futuro tendremos. Futuro habrá, seguro, porque no estamos tan mal. Pero está claro que no somos Islandia, donde son cuatro y pudieron meter a sus banqueros en la cárcel porque los conocían del bar. Aquí, vete a buscar a Botín. Lo único que me alegra de la posible caída es que nos caeremos con Alemania, agarraditos a la falda de Merkel.

¿Se recuperará el PSOE?

Debe recuperarse. El futuro pasa por Rubalcaba...

¿A pesar de haber sufrido la mayor derrota de su partido?

Sí, porque es un gran político. En esta campaña no tenía nada que hacer. Si no es Rubalcaba, lo único que les salvará que saquen un o una joven limpia, y no me vale Carme Chacón.

¿La Monarquía superará el caso Urdangarín?

¿El caso Urdangarín o el portazo? Veo muy desmejorado al rey. (Se ríe) No sé lo que pasará, pero lo que me parece extraño es que la justicia haya tardado tanto, cuando a Urdangarín todos le conocíamos en Barcelona y en Mallorca como el comisionista.