Las Pelayas, como estrellas del rock

Se convirtieron en cabeza de cartel sin saberlo. Ayer, el Monasterio de San Pelayo, en la calle de San Vicente de Oviedo, estaba rodeado por una gran cola de cientos de personas, que mucho antes de la hora prevista, 22.45, aguardaban a que las monjas hicieran una pequeña pausa en el ‘ora et labora’ para abrirles las puertas y compartir las Completas

EVA MAYORDOMOOVIEDO
Las Pelayas, como estrellas del rock

Se convirtieron en cabeza de cartel sin saberlo. Ayer, el Monasterio de San Pelayo, en la calle de San Vicente de Oviedo, estaba rodeado por una gran cola de cientos de personas, que mucho antes de la hora prevista, 22.45, aguardaban a que las monjas hicieran una pequeña pausa en el ora et labora para abrirles las puertas y compartir las Completas (última oración del día), así como salmos, una audición de cítara y el canto gregoriano de la Salve Regina. Todo ello en el Coro del Monasterio. Un programa a priori atractivo, pero que en ningún caso hizo sospechar el interés despertado. Con ayuda de voluntarias, a las hermanas benedictinas no les quedó más remedio que restringir la entrada a muchas personas, una vez el aforo estuvo más que lleno, rebosante. El calor se hizo agobiante por momentos, y hubo quien se perdió la oración pese a la espera. A muchas de las integrantes de la orden no les quedaban manos que llevarse a la cabeza y se reconocían desbordadas, pero finalmente, imperó la paz y dieron comienzo los cantos, para delicia de los pocos cientos de afortunados que abarrotaban el Coro, la Iglesia y el Claustrillo, así como los espacios anexos, que no ofrecían visión pero sí sonido. Las Completas no defraudaron, con su armoniosidad en las voces femeninas reverberando en los muros románicos. Tanto fue así que se ganaron un largo aplauso final de su público y, también, la obligación de repetir. Sois como estrellas del rock, no sabéis la de gente que tenéis fuera esperando, le decía el alcalde Agustín Iglesias Caunedo a una de las emocionadas hermanas. Y en boca de todos estaba la idea de volver a abrir las puertas de San Pelayo para este fin. No nos esperábamos esta respuesta, confirmó la abadesa, Sor Rosario del Camino Fernánez-Miranda, en su alocución. En ella, también aludió a las bondades de la noche como concepto, ya que para ella no destruye sino que hace posible la luz.

Eso debieron de pensar los ovetenses anoche, ya que por toda la ciudad se bamboleaban los globos blancos con un peculiar resplandor que, a medianoche, serían soltados al unísono por todos sus portadores en la plaza de la Catedral. Quizás porque era sábado, quizás porque el tiempo acompañó regalando una noche agradable y con la lluvia ausente, o porque había hambre de descubrir nuevos espacios y actividades, el caso es que las calles capitalinas bullían en trasiego. Y se dice bien descubrir, ya que en el caso de la Fábrica de Gas, cuya titularidad corresponde a EDP (HC Energía), las cámaras de los móviles estaban enfocando las propias instalaciones más a menudo incluso que la exposición Soñando el Mar de Baragaño, dentro de unos contenedores industriales. Y es que, salvo para empleados de la empresa de energía, no es posible para el ovetense de a pie apreciar la estructura industrial, que en su día ya protagonizó una campaña ciudadana para su recuperación como espacio de cultura.

Pero no solo los espacios menos accesibles protagonizaron la primera Noche Blanca ovetense. La Universidad de Oviedo o el Museo de Bellas Artes se sumaron a la iniciativa abriendo sus puertas y ofreciendo charlas o música. Que tampoco faltó en Trascorrales, un espacio al que le restó poco para llenarse de asistentes escuchando melodías de los años 30 y 40, reinterpretadas por After Visiónica.

La ciudad de Oviedo fue ayer más europea que nunca. Y si se dudaba de ello, con asomarse al Campo San Francisco y ver una estampa típicamente berlinesa bastaba para convencerse. Un numeroso grupo, sobre todo de gente joven, asistió a los conciertos de Fee Reega y Pablo Und Destruktion en el Estanque de los Patos. De repente, un espacio habitualmente de paso para la noche de un sábado, se convirtió en una parada obligatoria para disfrutar de la velada de música post folk aderezada con las bebidas de un chiringuito haciendo horas extra y rozando el desabastecimiento.

La ocasión lo merecía: la alemana Fee se metió al público en el bolsillo con su guitarra, su acento arrastrando la erres por encima de letras en español que hablan de obsesiones , situaciones y problemas de lo más variopinto (como, pongamos, el canibalismo) y su humor lacerante entre canción y canción. Todo el mundo piensa que tocar aquí es bonito y romántico- comentó. Lo cierto es que la estampa era bucólica, con las farolas forradas de celofán rojo, una bola de discoteca repartiendo destellos colgada en un árbol y varios adornos visuales más, aparte del innegable valor añadido de los patos de fondo. Pero en realidad, es una mierda porque no veo nada y esto está sucio. Quizás si les hubiera dicho que tenía alergia a los patos habría funcionado, apostilló, ganándose las risas del respetable, que la observaba desde la valla de madera donde normalmente se lanzan migas de pan y barquillo. Detalle éste que no le pasó desapercibido a Reega. Me siento como en un zoo, corroboró.

A pocos metros, en la calle Uría, renacía un símbolo ovetense gracias al arte. En su ubicación original, andamios mediante, el carbayón genuino, que hoy solo recuerda una placa, se hizo más corpóreo (de dos dimensiones, algo es algo) gracias a la luz proyectada sobre unas telas. Y es que tal vez la abadesa estaba en lo cierto: la noche no es mala, sino necesaria para crear cosas.