Luarca, el refugio de las camelias

El jardín Fonte Baixa, propiedad de uno de los fundadores de Panrico, alberga más de 2.000 de estos árboles

BORJA OLAIZOLA
Luarca, el refugio de las camelias

Son escasas las plantas que regalan exuberancia en invierno. En ese escogido grupo está la camelia, que desde diciembre empieza a poblarse de capullos y estalla ahora en una floración que deja aturdido de júbilo y belleza a cualquier paseante que sepa mirar a su alrededor. La camelia suscita veneración. Hay miles de aficionados que se agrupan en asociaciones que organizan exposiciones, talleres y visitas a jardines y que tendrán su punto de reunión en Luarca este fin de semana, a donde acudirán 40 coleccionistas y productores.

La camelia, que antes se conocía como la flor del té, vive en febrero su época de esplendor y por eso se multiplican las exposiciones y los concursos que reúnen a productores y aficionados. La distribución de la planta se circunscribe por razones climáticas al norte peninsular, pero donde mayor arraigo tiene es en Galicia y la zona occidental de Asturias. Es allí donde se congregan los mejores ejemplares, algunos con cientos de años a sus espaldas, y también donde se agrupan los viveristas. España exporta todos los años más de dos millones de plantas de árboles de camelia, lo que nos sitúa a la cabeza de la producción mundial, un activo que suele ser ignorado más allá del área de distribución de la especie.

Atracción turística

La cita de Luarca es una oportunidad para conocer uno de los más hermosos jardines atlánticos de España, el de Fonte Baixa, propiedad de uno de los fundadores de la empresa Panrico, José Javier Rivera. Es un jardín abierto al público de unas 40 hectáreas que se despliega en una vaguada que mira al Cantábrico y en el que pueden contemplarse unos 2.000 camelios. Lo diseñó el paisajista Rafael Ovalle, que es a su vez el único viverista de camelia en Asturias. "No está bien que lo diga, pero el emplazamiento frente al mar hace de Fonte Baixa uno de los más hermosos jardines de Europa", reivindica sin falsas modestias.

Rivera conoció Luarca porque la familia de su mujer era de allí. Le gustó el sitio y compró un pequeño terreno donde se construyó una casa. Luego la propiedad se amplió poco a poco hasta llegar a las 40 hectáreas actuales. El empresario fue aficionándose a las plantas y, bajo la batuta del paisajista, se convirtió en salvador de multitud de joyas botánicas condenadas a la desaparición. Tienen camelios centenarios extraídos de viejos jardines de indianos arrasados por la especulación y un majestuoso castaño de cinco siglos que lograron salvar de la ampliación de una carretera. "Es un jardín que se acabó hace ocho años, pero como tiene tantos ejemplares talludos parece de finales del siglo XIX", observa su creador.

Pero para talludos, los camelios que crecen en el Pazo de Santa Cruz de Ribadulla, probablemente el más valioso jardín de Galicia desde una óptica botánica. La propiedad pertenece a la familia del general Alfonso Armada, que tras ser expulsado del Ejército por su participación en el 23-F se dedicó en cuerpo y alma al cultivo de camelias. A su empeño se debe que Ribadulla se convirtiese en uno de los principales productores de planta del país. Armada, que heredó la propiedad de su familia, observó que los camelios que habían plantado sus ancestros prosperaban en su finca como en ningún otro sitio y orientó la hacienda hacia su cultivo. Debía tener más ojo para la tierra que para la política, ya que Ribadulla se ha consolidado como uno de los principales productores de plantas gracias a su suelo ácido y su clima húmedo. El jardín se puede visitar y forma parte de la Ruta de la Camelia, una iniciativa turística de la Xunta de Galicia.

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