Hemos mejorado pero seguimos estando muy mal

DAVID DÍAZGRUPO MAVEA

Tratándose de hablar sobre el medio ambiente de la comarca de Avilés, creo que es oportuno empezar haciendo una reflexión sobre el ecologismo y el medio ambiente. Para muchas personas, los ecologistas, aunque «si no los hubiera, habría que inventarlos», son más bien una pejiguera, ese pesado ronroneo de la voz de nuestra conciencia. Aún mucha gente piensa que la ecología es la defensa de plantas y animales, y que el respeto por el medio ambiente es el cuidado de la naturaleza como algo ajeno a nuestra rutina diaria. Y nada más lejos de la realidad, porque hablar de medio ambiente es hablar del entorno en el que vivimos, y en el que no está solo el ser humano. Los principios del ecologismo defienden una organización social y económica que aportan alta calidad de vida mediante una relación respetuosa y equilibrada con el entono, muy diferente a lo que tenemos en la sociedad actual.

Nuestra comarca paga muy caros los problemas derivados de su elevada industrialización, siendo el problema número 1 el de la salubridad del aire, del agua y del suelo. No hace falta insistir mucho en algunos datos básicos para entender este problema: la región más contaminada de España según reconoció hace poco el Ministerio de Medio Ambiente, la región número 1 de Europa en varios tipos de cáncer según las autoridades sanitarias, la mayor incidencia de España en enfermedades respiratorias, que son la primera causa de bajas laborales (más del 20%), la región con una de las esperanzas de vida más bajas de toda Europa según las estadísticas oficiales la tercera más baja de España.

No es de extrañar, por tanto, que el 92% de las personas encuestadas digan que las empresas deben invertir más en mejoras medioambientales y que el 87,5% sean partidarios de endurecer las sanciones. Hemos mejorado en algunos aspectos, pero seguimos estando muy mal en cuanto a salubridad de nuestro entorno.

Además, mientras la población envejece y enferma, una empresa como AZSA presentó en 2010, 2011 y 2012 más de 100 millones de euros anuales de beneficios después de impuestos (datos de la auditora ERNST&YOUNG) y se desentiende de los problemas de salud provocados a los trabajadores. También podríamos hablar de la incidencia del cáncer en la empresa del aluminio, o la falta de peso en los fetos nacidos en el San Agustín, o del Parkinson y o de otros muchos casos.

Resulta indignante el reiterado incumplimiento de la legislación medioambiental, que se aprobó con el fin de preservar la salud de las personas. Pero en esta Asturias nuestra, el control y la exigencia en el cumplimiento de la legislación brilla por su ausencia por la permisividad de nuestros dirigentes. Y los escasos ejemplos positivos resultan muchas veces ser más bien maquillaje para el político de turno que un cambio de actitud. El recientemente presentado Plan de Calidad del Aire es un claro ejemplo de esto: se aprueba un plan que dice que se van a llevar a cabo una serie de medidas, que resulta que ya se habían aprobado varios años antes, pero que no se cumplían. ¿Ahora sí se van a cumplir?

La contaminación de las aguas también es importante. El saneamiento integral de la ría debería estar solucionado, según los cálculos iniciales, antes de acabar el siglo XX; pero 20 años después del inicio de las obras, aún no está acabado. La posibilidad, por ejemplo, de tener actividad de piscicultura sigue siendo utópica, porque a la desaparición de más del 95% de la extensión del estuario hay que sumar la mala calidad de las aguas.

El siguiente problema, a mi entender, es el de la presión sobre el suelo, especialmente en el diminuto municipio de Avilés. El problema de fondo es el mismo que el de la contaminación: la especulación y los egoístas intereses de los económicamente más pudientes, junto con la permisividad de las autoridades, que se han centrado sobre todo en mantener una industria obsoleta y contaminante, a la par de una exagerada actividad en el sector de la construcción. La consecuencia ha sido una presión especulativa enorme sobre el suelo y la pérdida de valiosos espacios de nuestro patrimonio natural.

Esta presión sobre el suelo nos ha llevado: a la desaparición de las marismas de nuestro estuario, a dejar maltrechos los importantes espacios dunares de LEspartal y San Balandrán, a perder casi todos los bosques (los eucaliptos son plantaciones, no bosques), a tener muchos ríos metidos por tubos bajo tierra o canalizados. Deberíamos decir que Avilés (y comarca) no ha crecido con su ría, sino que en realidad ha crecido encima de la ría, haciéndola desaparecer. Los proyectos urbanísticos y especulativos siguen vigentes, en LEspartal, en Maqua, la Isla de la Innovación, la ampliación portuaria, la proliferación de polígonos industriales casi vacíos, etcétera. Son algunos de los ejemplos más claros y que afectan además a los cuatro concejos. Todo ello es el reflejo de que se sigue ahondando en el mismo error que nos traído hasta aquí.

Una parte, pequeña pero significativa, de los problemas de la contaminación del aire, de los ruidos y de la mala salud, se debe a uso excesivo de los vehículos privados, ya que la mayoría de la población no usa el transporte público y solo el 2% usan la bicicleta de forma habitual. Las políticas en este sentido han sido de lavado de cara: se prestan bicis gratis, pero no hay carriles para bicicletas, ni aparcamientos en la estación, ni en la Casa de Cultura, ni en el Servicio de Atención al Ciudadano, ni en tantos otros sitios.

Hay otros problemas ambientales, importantes pero menores al lado de los anteriores, y que simplemente mencionaré:

Las plantas invasoras: el Plumero de la pampa (Cortaderia selloane) está proliferando de forma exponencial, sin que las autoridades hagan nada por impedir algo que en breve será un problema muy serio.

El olvido de la debida protección de los espacios de la Red Natura 2000 (LIC y ZEPA Cabo Busto-Luanco)

Contaminación electromagnética: por la falta de control de las antenas móviles o la intensidad de las WIFI caseras, por la presencia de muchas redes de alta tensión, subestaciones y centros de transformación. Hay muchos estudios que alertan de los problemas para la salud que pueden tener, pero el avance es imparable y un tanto incauto.

Fuera de los grandes parques, los árboles se tienen como meros elementos decorativos y además no existen bosques viejos en toda la comarca y casi han desaparecido los bosques de ribera.

Los programas de educación ambiental están casi desaparecidos y los programas de la Agenda21, ni están ni se les espera.

Con todo lo dicho hasta aquí, seguramente sea pertinente una rectificación sobre lo dicho al principio: el problema ambiental más serio de la comarca quizá sean los políticos que nos han gobernado (a todos los niveles), por la patente falta de eficacia y de sensibilidad sobre estos temas, con poca voluntad real de arreglar las cosas y de buscar e incentivar alternativas, demasiado ocupados muchas veces en hacer cábalas y cálculos con sus intereses electoralistas.

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