El Comercio
Anuario 2016

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El nuevo Hospital Central. / Alex Piña

Los difíciles primeros pasos del HUCA

  • 2014 queda en la historia de la sanidad asturiana como el año de la apertura del hospital, que discurrió entre fallos informáticos, fugas de agua y problemas con los robots

Años de debate, de marchas y de contramarchas. De polémicas y también de propuestas arquitectónicas que acabaron en el cajón. Al nuevo HUCA le costó nacer. Ya la gestación fue complicada, mucho más que la de un elefante, porque duró décadas. Desde que se empezó a hablar de construir otro Hospital Central hasta que la idea se plasmó sobre terreno pasaron más de veinte años. En el camino quedó el megaproyecto de una consultoría alemana, descartado por culpa de la crisis del petróleo, allá por 1990. También la idea de reformar el viejo hospital de El Cristo o la opción de llevarlo a La Manjoya. Pero el 14 de junio de 2014, y tras dejar en ello cerca de 500 millones de euros en concepto de obras, equipos, viales y mobiliario, todo eso pasó a la historia y nacía el nuevo HUCA. Ese día, sábado, una jornada extrañamente veraniega en la región, La Cadellada abría sus quirófanos y comenzaba a ingresar en planta los primeros enfermos.

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Muchos, la mayoría, llegaron trasladados del viejo complejo sanitario que durante cuarenta años funcionó en el barrio de El Cristo. Cuatro días fueron necesarios para vaciar los ‘vintages’ edificios del Materno-Infantil, Silicosis (prácticamente ya fuera de servicio), el General, el Covadonga y Rehabilitación. El operativo de la macromudanza fue llevado a cabo por la empresa concesionaria de transporte sanitario Transinsa con precisión casi alemana. Fue necesario recorrer 6.770 kilómetros y transportar 228 pacientes, varios de ellos neonatos en incubadoras.

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Así fue el traslado. / M. Rojas

Pero si gestar el HUCA fue dificil, su alumbramiento no se quedó atrás. Los inicios del nuevo hospital fueron complicados y discurrieron entre fallos del programa ‘Millennium’, falta de cobertura en los móviles, retrasos en las urgencias por atascos informáticos y problemas en los robots que reparten las comidas por las plantas. Por haber, hubo hasta una inundación.

A finales de octubre, el complejo de La Cadellada vivió su primera ‘crisis asistencial’ al verse obligado a instalar camas de otros hospitales debido al colapso que sufría. Habían transcurrido apenas cinco meses de su apertura y sus nueve plantas ya se encontraban repletas de pacientes. Tanto, que fue necesario traer camas del Monte Naranco para reconvertir en dobles muchas de las habitaciones que aún se mantenían como individuales. Los sindicatos y los trabajadores ya habían advertido de que esto iba a ocurrir, puesto que se pasó de un hospital (el viejo), donde había 1.075 camas en servicio, a otro (La Cadellada), en el que el tope de ocupación está en 939 plazas, incluidas UVI y Reanimación.

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El Hospital de El Cristo, vacío tras el traslado. / Mario Rojas

Pero, poco a poco, el HUCA va cogiendo tono muscular y poniendo más ritmo a su actividad asistencial, paralizada casi en su totalidad durante el traslado. Tras Noa, la primera bebé que nació en La Cadellada ese tórrido sábado inaugural, a las 16.50 horas, otros 900 niños han llegado al mundo en sus paritorios. En este medio año de vida, los quirófanos del nuevo HUCA han practicado más de 7.000 intervenciones mientras que sus plantas han registrado 14.000 ingresos y sus consultas más de 210.000 citas, además de 52.000 urgencias.