Yago Lamela, adiós a un icono del deporte

Yago Lamela, un nombre historia con mayúsculas del atletismo español./
Yago Lamela, un nombre historia con mayúsculas del atletismo español.

El mejor saltador español de todos los tiempos irrumpió en la elite en el Mundial de Maebashi de 1999 con un salto de 8,56 metros

IVÁN ÁLVAREZgijón

Una irrupción fulgurante hacia la gloria truncada por unas lesiones que desembocaron en retirada prematura. Yago Lamela Tobío (Avilés 1977-Avilés 2014) vivió el atletismo en sus dos vertientes, saboreó siendo casi un imberbe las mieles del éxito y sufrió la impotencia del deportista al que alejan de los escenarios competitivos antes de tiempo. Auge y caída de un estandarte del deporte asturiano al que la alta competición dejó marcado de por vida. Una vida que, con solo 36 años, se apagó para siempre, de forma repentina, el 8 de mayo de 2014.

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Lamela se presentó ante el mundo del atletismo como los predestinados. Más que llamar a la puerta, la destrozó. Amenazó el reinado de Iván Pedroso en la localidad japonesa de Maebashi, en los Mundiales de pista cubierta en los que registró su salto de 8,56 metros que dejó boquiabierto a público y prensa especializada. Y lo hizo con apenas 21 años, protagonizando la primera batalla encarnizada por el oro con el saltador cubano, que se adjudicó el derecho de subirse a lo más alto del podio en el último intento. Por edad y condiciones físicas del avilesino, se presumían muchos pulsos entre ambos.

Su hazaña en territorio nipón colocaba a Yago en los libros de historia del atletismo español y auguraba una longeva trayectoria que los problemas físicos iban a llevarse por delante. Después de volar en Japón, volvió a rozar el oro ese mismo año en los Mundiales al aire libre en Sevilla, pero, otra vez, el último salto de Pedroso le impidió hacerse con el cetro de mejor saltador de longitud del planeta. Antes de ese 1999 a las puertas del triunfo, Lamela había dado muestras de su talento al proclamarse campeón en los Juegos Iberoamericanos de Lisboa al superar por primera vez los ocho metros.

Forjado en la cantera de la Atlética Avilesina, sus primeros pasos fueron supervisados por 'Pepete' y Carlos Alonso, entrenadores del club de la Villa del Adelantado, recordados con cariño en muchas entrevistas del atleta por su influencia en la etapa formativa. Nombres destacados en su formación a los que se unió el de Juan José Azpeitia, que le animó a cambiar del triple salto (disciplina en la que fue campeón de España juvenil en 1994) al salto de longitud. Se fue a Estados Unidos a continuar con su formación y regresó a España, donde se recuperó de una lesión producida en el continente americano para iniciar su ascenso hacia la cumbre del atletismo. De la mano de Azpeitia, el último que quiso apurar una carrera arruinada por los infortunios físicos, Lamela voló. Dejó para la historia esa marca de 8,56, récord nacional y europeo hasta que el alemán Sebastien Bayer se lo arrebató en 2009, el mismo año que la enésima lesión en una sesión de entrenamiento veraniega en Madrid supuso la gota que colmó el vaso de la paciencia del avilesino.

Tres veces subcampeón del Mundo y un tercer lugar en los Mundiales y una plata y un bronce en campeonatos de Europa, a Lamela solamente le faltó una medalla de oro para terminar de engalanar su palmarés y únicamente la espina de no haber tenido fortuna en los Juegos Olímpicos. El avilesino terminó 2003 con la mejor marca mundial del año y Atenas en el horizonte, pero las lesiones se cebaron con él a medida que se acercaba la cita. En la capital griega compitió mermado por los dolores y finalizó undécimo posición, con un salto por debajo de los once metros.

Los quirófanos fueron el triste epílogo de una etapa en la alta competición más efímera de lo esperado. Alejado de las pistas, Lamela entró en el túnel de la depresión que intentó superar refugiado en otras actividades como el pilotaje de helicópteros. Continuó haciendo deportes e incluso solicitó información para hacer un curso de entrenador de atletismo. El pasado 8 de mayo, la llama de su vida, al igual que la de su trayectoria deportiva, se apagó antes de tiempo.

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