Arcelor garantiza su futuro en Asturias

Uno de los hornos altos de la factoría de Gijón./
Uno de los hornos altos de la factoría de Gijón.

Las inversiones realizadas este año y las previstas para el próximo superan los 250 millones

NOELIA A. ERAUSQUINGijón

Arcelor espera seguir produciendo acero en Asturias, al menos, durante cuatro décadas más y, prueba de ello, son las inversiones puestas en marcha en este 2016 en las plantas de la región y aquellas que se esperan para 2017. La multinacional ha ejecutado en este ejercicio obras claves de cara al futuro. La principal ha sido la reforma de la LDIII, la mayor desde que echó a andar en 1988. Los trabajos, que han supuesto unos 60 millones de euros, permitieron modificar una de las máquinas de colada continua para instalar un molde vertical, que le permite incrementar la calidad y la productividad; sustituir la vasija y el anillo de soporte del convertidor y cambiar las dieciséis vigas carrileras en las naves de carga y de acero.

La UE reacciona a medias contra China

Más tarde y de forma menos contundente que países como Estados Unidos, la Unión Europea reaccionó en este 2016 ante la competencia desleal del acero chino, que ha invadido el mercado internacional a precios, incluso, por debajo del coste de producción. Así, la Comisión impuso aranceles a las importaciones de distintos productos procedentes de China y también de Rusia, lo que ha permitido a la industria del viejo continente respirar.

Por otro lado, China defendía que debía ser reconocida de forma automática como economía de mercado a nivel internacional el 11 de diciembre, justo cuando se cumplían 15 años de su entrada en la Organización Mundial de Comercio, lo que implicaría un nuevo cálculo de las medidas antidumping.

La UE, sin embargo, ha propuesto modernizar sus instrumentos de defensa comercial para intentar cumplir con la OMC a la vez que defiende su industria. Pese a ello, los cambios no contentan a las compañías siderúrgicas, que los consideran benévolos con China.

En Gijón también hubo importantes inversiones. Desde principios de año se fueron aprovechando las paradas programadas para acometer mejoras, pero fue al final del verano cuando se realizó la principal: la colocación de tres cajas de laminación nuevas, universales y más modernas en el tren de carril.Esta obra le permitirá mejorar la calidad y abordar nuevos desarrollos.De hecho, la instalación llegará a fabricar productos de hasta 108 metros, aunque para ello habrá que esperar a la instalación del enfriadero, que se realizará el próximo verano. Además, aprovechando la ralentización de la producción en Avilés se procedió a cambiar los conductos de refrigeración de los hornos altos de Gijón.

Sin embargo, la gran obra que debía comenzar en 2016, la de la reforma de las baterías de cok de Gijón, no se ha podido iniciar. El Principado, que es quien debe dar la autorización medioambiental, echó para atrás el informe simplificado presentado por la multinacional sobre el impacto que tendrá la nueva instalación y ha exigido realizar un procedimiento completo que no permitirá comenzar los trabajos, que supondrán unos 150 millones de euros, hasta bien entrado 2017. Las nuevas baterías garantizarán la siderurgia integral en Asturias durante otros 40 años y vendrán a sustituir a las de Avilés, para las que la multinacional anunció el cese de la actividad en 2019.

Fin del sueldo variable

Pero más allá de las inversiones que garantizan el futuro, 2016 supuso también un punto de inflexión para la plantilla, que vio en un nuevo acuerdo marco recogidas gran parte de sus reivindicaciones y dar marcha atrás a algunas de las medidas que se tomaron en los peores años de la crisis. Así, la empresa aceptó la retirada del sueldo ligado a resultados, mejoras en la jornada irregular, incrementos salariales, la recuperación de la antigüedad, contratos relevo para unos 900 trabajadores, la contratación de, al menos, cien eventuales cada año en Asturias y que se recogieran por escrito las inversiones previstas en el Principado.

Y mientras en Asturias soplaban, aparentemente, buenos vientos con mejoras para la plantilla y récords de productividad, no sucedía lo mismo en el País Vasco. Allí Arcelor decidió cesar la actividad en sus plantas de Sestao donde posteriormente se retomó el trabajo, aunque solo los fines de semana y con menos trabajadores y Zumárraga, a cuyos empleados se les ofreció la recolocación en el Principado. De ellos solo aceptaron el traslado 85, aunque su llegada se está retrasando y solo algunos han pasado el reconocimiento médico para incorporarse a las plantas asturianas.

 

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